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6 Aug 2021 - 3:11 p. m.

Cumpleaños 483 de Bogotá: Las tres fundaciones de la capital

Ni se fundó el 6 de agosto de 1538 ni las doce chozas se hicieron en honor de los apóstoles. Las azarosas fundaciones de Bogotá.

Bernardo Vasco

Aunque hoy se celebra el oficlalmente el cumpleaños, realmente hay otras dos fechas relacionadas con su fundación.
Aunque hoy se celebra el oficlalmente el cumpleaños, realmente hay otras dos fechas relacionadas con su fundación.
Foto: Alcaldía de Bogotá

Aunque se acepta oficialmente que la fundación de Bogotá fue el 6 de agosto de 1538, lo cierto es que la verdadera fundación, la jurídica, fue el domingo 27 de abril de 1539, cuando Quesada, Belalcázar y Federmann se reunieron junto a sus tropas en la planicie que dio origen a la plaza Mayor –y que ahora se denomina de Bolívar- para un ritual en el que se nombraron regidores y alcaldes; se señalaron las manzanas o cuadras y las calles principales, y se escogieron los terrenos para edificar la primera iglesia y los solares para las casas.

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Pero más importante aún, se plantó el “rollo de la justicia”, un tronco que representaba la justicia y el castigo, y que se montaba en los pueblos de Castilla que tenían alcalde y jurisdicción para castigar y condenar a muerte. Servía, además, para castigar y pagar las penas menores de los delincuentes comunes, que tras ser azotados, eran expuestos a la vergüenza pública.

En un arrebato de conquistador y usurpando funciones que no le competían, Quesada estableció en realidad un simple asentamiento el 6 de agosto de 1538, en el lugar que hoy ocupa el parque de Santander, conocido también como plaza de las Yerbas en los tiempos coloniales. Aquel día, dicen los cronistas, desenvainó la espada, dio cuchilladas sobre la tierra, desafió al que se le opusiera y estableció el asiento militar de la futura ciudad.

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Pero no hubo fundación, porque era necesario el nombramiento de alcaldes, regidores y funcionarios que le dieran fisonomía jurídica a la ciudad, acto que se hizo en 1539, con la llegada de Sebastián de Belalcázar, que sí tenía autorización para fundar ciudades. De hecho, fue él quien le propuso a Quesada que formalizara la fundación y buscara nuevo sitio.

De acuerdo con la versión del historiador Eduardo Posada, en su libro Narraciones, de 1906, “Quesada no pensó entonces en levantar una ciudad que llegase a ser populosa, sino levantar una especie de aduar (pequeñas tiendas de campaña, al estilo beduino), para pasar las horas de la conquista y, sobre todo, a fin de dejarles sus casas libres a los pobres indios allá en Bacatá, y poner en sitio aparte su vivac (campamento militar o refugio improvisado).

El mismo Posada asegura que la idea de crear una ciudad española fue de Belalcázar, quien venía del Perú dejando un reguero de pueblos en su camino.

Ahora bien, si se mira desde otra perspectiva, podría decirse que Bogotá no fue fundada una sino tres veces: la primera hacia finales de 1537, cuando las tropas españolas establecieron un campamento militar en lo que hoy es la carrera 2 con calle 13, cerca del Chorro de Quevedo; un sitio que también se conoció como Villorrio y Pueblo Viejo. La segunda, el 6 de agosto de 1538, cuando Quesada escogió los solares para domicilio de sus soldados, alrededor de la que se conoció como plaza de las Yerbas y donde se ofició la “primera misa”.

Y la tercera, la definitiva, en abril de 1539, cuando se formalizó la fundación de la ciudad con los protocolos jurídicos que exigía la Corona Española, y en presencia de tres fundadores: el propio Gonzalo y los recién llegados a la sabana, Sebastián de Belalcázar y el alemán Nicolás de Federmann, que llegaba de Venezuela.

Tampoco hay certeza de si las doce chozas se construyeron en honor de los doce apóstoles, porque al decir del historiador Juan Friede, fue en honor de las doce tribus de Israel, puesto que el Adelantado Jiménez de Quesada era de origen converso, es decir, judío. Inclusive, el poeta Juan de Castellanos corroboró en su momento esta versión, puesto que fue amigo de los fundadores.

Sea como haya sido, la fundación jurídica se hizo con toda la pompa y el boato. En el centro de la aldea, que los españoles comenzaron a llamar ciudad, en un espacio cuadrado de 80 metros por lado, (la que sería la futura plaza de Bolívar) se formaron los tres ejércitos: al sur el de Federman, vestido de pieles; al occidente, el de Belalcázar, adornado de sedas y vistosos penachos, y al norte, el de Quesada, cubierto de mantas y sombreros de paja. Tal como rememora Posada, cada uno tenía 160 hombres, y al frente estaban sus jefes y capitanes.

Bogotá, Facatá o incluso Mueketá –que significarían algo así como fin del valle, remate de sierra o extremidad del campo– era un poblado indígena ubicado en un lugar entre Funza y Cota, como se aprecia en el antiguo mapa que dibujó el cacique Diego de Torres, hacia 1538. El nombre de Santafé fue dado por la Corona española el 27 de julio de 1540, según petición que hizo Sebastián Rodríguez en nombre del Consejo del pueblo de los primeros españoles asentados aquí.

A fines del siglo XVII se le empezó a agregar el sobrenombre de Bogotá, para no confundirla con Santafé de Antioquia. Tras la independencia se resolvió suprimir a la capital el nombre de Santafé y dejarle tan solo el apellido de Bogotá, tal como se acordó en el Congreso reunido en Angostura, en 1819.

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