13 Nov 2014 - 4:05 p. m.

Lo que dejó al descubierto el incendio en Fontibón

Bien sea por falta de control de las autoridades o por desinterés de los productores frente al cumplimiento de la norma, las llantas usadas encuentran lugar en calles, quebradas, ríos o en cualquier recodo de la ciudad.

Javier Gonzalez Penagos

El incendio que consumió más de medio millón de llantas en un depósito de neumáticos en el occidente de Bogotá –el cual contaminó el aire de seis localidades de la ciudad– prendió las alarmas sobre el destino de productos que cumplen su vida útil, pero que después se convierten en residuos peligrosos que atentan contra la salud de las personas, si no se les da un manejo adecuado.

Lo anterior, implica todo un programa logístico y de gestión que involucra a los fabricantes e importadores de diferentes productos –como llantas, electrodomésticos, pilas, baterías o bombillas– que por sus componentes, exigen un trato diferente para minimizar su impacto ambiental tras la terminación de su vida útil, por lo que no pueden ser arrojados a rellenos sanitarios ni recogidos por operadores de aseo. (Lea: Alerta por contaminación) 

A través del Decreto 4741 de 2005, el Ministerio de Ambiente reguló y dispuso diferentes mecanismos para el manejo de residuos o desechos peligrosos, y mediante la Resolución 1457 de 2010, dicha cartera estableció los sistemas de recolección selectiva y gestión ambiental específicamente en materia de llantas –como puntos de recolección, centros de acopio y aprovechamiento de sus derivados– cuyos programas deben ser ideados y coordinados por los productores de llantas. (Lea: El lío de las llantas usadas) 

Solo en el tema de neumáticos, se estima que anualmente en Colombia se comercializan alrededor de cinco millones de llantas y en Bogotá, las cifras superan el millón y medio de unidades, con un promedio de vida útil de 18 meses.

Sin embargo, la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi) –gremio que congrega entre otras, a diferentes compañías dedicadas a la distribución y comercialización de llantas, y que asiste a las empresas en la formulación, implementación y cumplimiento de la norma– estima que anualmente son procesadas cerca de 1’700.000 llantas: alrededor del 34% de las unidades que se producen en el país. ¿Qué pasa con el 66%?

Se presume que esas llantas van a parar a talleres, montallantas, patios de casas, diferentes centros de acopio, algunas veces clandestinos o espacios públicos (bien sean calles, parques e incluso, ríos), aumentando el riesgo de emergencias como la del depósito de Fontibón y provocando serios daños en términos ambientales, económicos y sanitarios. (Lea: Advierten la peor crisis ambiental de los últimos años en Bogotá) 

Adicionalmente –asegura el Ministerio de Ambiente– las llantas usadas se convierten en espacios estratégicos para roedores y mosquitos, que transmiten enfermedades como el dengue. Por otro lado, las llantas usadas son empleadas también como combustible de forma inadecuada y algunas personas, las queman a cielo abierto para extraer su acero, lo que deriva en problemas de contaminación atmosférica.

A pesar de la reglamentación, la disposición de organizaciones como la Andi para facilitar iniciativas de manejo ambiental y el compromiso de algunos productores, lo cierto es que el incendio del pasado martes puso en evidencia las dificultades para el adecuado tratamiento y almacenamiento de llantas usadas, sumado a la ausencia de controles por parte de las autoridades para vigilar el cumplimiento de la norma. (Lea: Afectación por inhalación de humo en Bogotá se podría extender hasta la próxima semana) 

De acuerdo con la Andi, el acuerdo suscrito con la empresa Greener Group –propietaria del depósito de llantas en el que ocurrió la conflagración– se realizó en diciembre de 2011 y tuvo que ser cancelado en octubre de 2013 debido a incumplimientos reiterados. (Lea: Fiscalía abrió investigación por contaminación ambiental tras incendio en Fontibón) 

No obstante, la compañía siguió captando todo tipo de llantas que incluso, no comprendían el programa de la Andi, como las de bicicleta o motocicletas, sin que ninguna autoridad –como el Ministerio de Ambiente, la Secretaría de Ambiente de Bogotá o incluso, la misma Andi en su papel facilitador– emprendieran medidas eficaces para controlar la situación.

En este contexto, Élmer Cardozo, director del programa Rueda Verde de la Andi (el cual promueve sistemas de recolección selectiva y gestión ambiental de llantas usadas), manifiesta que el trabajo del gremio se reduce a acompañar y facilitar la operación de los productores en el cumplimiento de la norma; sin embargo, le corresponde al Estado vigilar y sancionar a quienes infrinjan la ley, como Greener Group, que no solo se negó a entregar las llantas luego de que la Andi diera por terminado el acuerdo, sino que almacenaba los neumáticos en espacios a cielo abierto. (Lea: Por deuda habrían provocado incendio en Fontibón: Fiscalía) 

“Actualmente, hay más de 80 compañías involucradas en el programa Rueda Verde, quienes disponen presupuestos por el orden de los $2.000 millones anuales para el cumplimiento de la norma y que van a fondo perdido. Pero qué pasa con las más de 200 empresas que importan, que no están vinculadas al programa y que no están cumpliendo ¿siguen vendiendo sin cumplir con la norma?”, señala Cardozo.

Al respecto, el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Gabriel Vallejo López, asegura que se adelantan las investigaciones para ‘revisar al detalle’ los problemas presentados con el depósito de llantas en Fontibón y establecer responsabilidades por los daños ambientales causados.

“Es responsabilidad de los productores diseñar mecanismos para que una vez terminado el uso normal de las llantas, se asuman procesos de gestión ambiental, ya sea de reciclaje o de reutilización”, reitera el ministro, quien indica que su cartera busca soluciones para evitar el almacenamiento irregular de llantas.

A propósito, el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, manifestó recientemente que se estudia la posibilidad de que sea el Distrito el que asuma la recolección de las llantas usadas, con el propósito de intervenir directamente en su disposición final. (Lea: Petro pedirá cuentas a la Andi por caso de incendio en Fontibón) 

El papel de los gestores

Por ley, la recolección, acopio y tratamiento de las llantas les corresponde a los productores, quienes a través de la Andi, contratan a gestores para que adelanten el proceso. No obstante, dichos gestores deben asumir la inversión y los costos de maquinaría para el tratamiento industrial de las llantas, y su única contraprestación económica es la comercialización de los subproductos (como caucho, acero y fibras textiles) que se derivan del reciclaje de las llantas.

Para Élmer Cardozo, ahí se origina una de las causas de la problemática, ya que la actividad de los gestores demanda cuantiosas inversiones, que generalmente no se reflejan en la venta de subproductos, debido a que no tienen la demanda debida en el mercado.

“La demanda de los subproductos que salen del aprovechamiento de las llantas es básicamente caucho y acero, y no es muy amplia. La oferta que hay en el país es muy reducida porque es una actividad nueva –el gestor más antiguo podrá tener siete años– y es reducida por los costos de inversión. De igual modo, no está definida la corriente de recuperación de la inversión que hacen los gestores frente a los productos que salen”, admite el director del programa Rueda Verde de la Andi. (Lea: Secretaria de Ambiente de Bogotá exige investigación en incendio de bodega) 

Para solventar dicha situación, en 2011 la Secretaría Distrital de Movilidad emitió la Resolución 6981 de 2011, la cual estableció que una porción del caucho de las llantas desechadas se debía usar en asfalto para las obras viales del Distrito. “Sin embargo, eso no se ha cumplido. Recogemos las llantas y se quedan guardadas. El primer operador de planta trituradora, que estaba con nosotros y que hacían esos procesos industriales, tuvo que cerrar”, agrega Cardozo. 

Se estima que el granulo de caucho (cerca del 80% del subproducto de las llantas) puede ser empleado en mezclas asfálticas, ya que mejora la calidad de las vías, implica menos costos de mantenimiento y favorece un mejor comportamiento de la carretera en términos de duración, frenado, fricción.

Asimismo, el acero puede ser utilizado en siderúrgicas y con las fibras textiles, manifiesta la Andi, actualmente se están haciendo proyectos para insonorización, aislamientos térmicos y para la elaboración de productos como tapetes. 

 

jgonzalez@elespectador.com 

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