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María Paz: la mutación de un barrio que acogió desplazados y nació a la sombra de Corabastos

Durante décadas fue sinónimo de desorden y criminalidad. Hoy sus habitantes insisten en contar otra historia: la de una comunidad que, a pesar de haber nacido a la sombra de la principal central de abastos del país, intenta dejar atrás el estigma y hacer honor al nombre que lleva.

Juan Camilo Parra

02 de agosto de 2026 - 09:00 a. m.
María Paz, 2026.
Foto: Laura Salomon
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Don Raúl Leal tiene 87 años y llegó a comienzos de los 90 desplazado de Venecia, Cundinamarca. Es uno de los cofundadores del barrio María Paz. Bajo el sol ardiente del sur de Bogotá permanece de pie frente a la bodega de reciclaje que compró hace tres décadas, observando el movimiento a las puertas de Corabastos. Porta una gorra negra, que le proyecta sombra sobre los ojos y, en las piernas una especie de falda hecha con una bolsa reciclada de la marca “¡Wuau!” que lo hace parecer, como dicen los vecinos, un rey vestido de plástico.

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María Paz, 2026.
Foto: Laura Salomon

Estamos en un barrio cuya mención evoca muchas imágenes: reciclaje, ventas callejeras, basuras, desorden e, incluso, Tren de Aragua y delincuencia. Todo, menos a lo que hace alusión su nombre: María Paz. Pero don Raúl lo ve distinto.

A la pregunta “¿Hay paz en el María Paz?”, él piensa la respuesta y dice: “¡Mano! Es el barrio que me lo ha dado todo”.

El origen del María Paz

Quizá quien no viva allí pueda resumir el barrio en cuatro palabras: Corabastos, reciclaje, criminalidad, desorden. ¿Es así? Don Raúl afirma que no siempre lo fue, pero hoy la historia tiene matices. Hubo un tiempo, cuando Corabastos nació en los años 70, que la zona era sinónimo de oportunidades y prosperidad, antes de ser la caótica mayorista que es hoy.

María Paz, 2026.
Foto: Laura Salomón Prieto

Recuerda que para los años 90, cuando él llegó a Bogotá, corría el rumor de que allí había empleo a raudales. Todo el que quisiera trabajar solo debía contar con la salud suficiente para cargar costales o estar dispuesto a comerciar productos que sobraban en la central. “Aquí uno engrosa la sociedad de Bogotá y nos da oportunidades de construir algo. Depende de las metas de cada quién”.

De los que llegaron, muchos compraron lotes alrededor de la central. Otros, sencillamente fueron víctimas de inescrupulosos que les vendieron ilegalmente terrenos que eran de Corabastos. La situación generó un lío que a través del tiempo se ha resuelto a cuentagotas.

“En esa época había que cuidar dónde nos hacíamos. Compré esta bodega y me dediqué al reciclaje, actividad que se popularizó hasta ser la segunda economía informal más rentable de la zona. Ser vecinos de la central nos facilita el negocio”, añade.

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Al sector llegaba gente de todas partes, huyendo de la violencia, para encontrar donde sembrar nueva vida. Con el tiempo se fue constituyendo una comunidad, hasta que a finales de los años 80, con el ánimo de formalizar los asentamientos sobre los terrenos de Corabastos, se inició un arduo proceso por oficializarse como barrio.

“Los líderes nos reuníamos para organizar el barrio y gestionar la legalización de terrenos. ¿Por qué ‘Maria Paz’? Porque en esa época el presidente César Gaviria tuvo una hija que llamó así y decidimos nombrar el barrio en su honor”.

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“Pero, en realidad, era para que nos ayudara, porque todo el sector se fue degradando”. El 20 de agosto de 1998 se legalizó el barrio, pero solo hasta 2018 fue que cerca de 1.500 familias recibieron los títulos de propiedad de sus viviendas.

María Paz, 2026.
Foto: Laura Salomón Prieto

Algo más que plástico

Si Corabastos es reconocido por recibir alimentos de todo el país, a María Paz llega reciclaje de toda Bogotá. Bodegas como la de Raúl les compran el material a recicladores y, tal vez por el desorden que esa actividad genera, es que muchos en su imaginario asocian la zona con una imagen “degradante”, sin reconcer lo valioso de dicha labor.

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Pero detrás de ese caos hay orden. Los recicladores tienen su propia organización. “Nosotros, por ejemplo, pertenecemos a la Asociación de Recicladores de Bogotá (ARB), un referente mundial, porque gracias a su trabajo, ya no solo en el país sino en muchos lugares nos pagan por la labor”.

Don Rául Leal.
Foto: Laura Salomón Prieto

Los jóvenes incluso ven en este oficio una opción de vida, como lo hace Luis Andrés*, de 21 años, a quien consideran un líder barrial. “Reciclo desde muy joven, porque mi mamá llegó a Bogotá y nos levantó de la basura. El reciclaje acá es muy importante: es lo que mueve nuestro bolsillo”, añade.

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Esta actividad, mas la que concentra Corabastos, hace que a los 1,2 millones habitantes de Kennedy se sumen casi 600.000 de población flotante. “Depende si es día de mercado o de coroteros, que son los martes y jueves”, explica Juan Camilo Montilla, comandante de la estación de Policía de la localidad.

Don Raúl es consciente que lo que ocurre en María Paz con el reciclaje es un modelo de subsistencia para otros sectores en marginalidad. “Nuestra gente no tiene más sustento que el comerciar con objetos reciclados. Conocemos, a grosso modo, otros sectores donde es lo mismo. Compañeros que escasamente viven con lo que reciclan a diario en periferias de Bogotá”.

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Luis, por su parte, dice que va más allá: “la gente piensa: ‘Ese man recicla porque quiere dinero’. No, también por sentido común y una ética. Buscamos generar conciencia, para que la gente recicle y llegue menos residuo al relleno Doña Juana”.

María paz, 2026.
Foto: Laura Salomon

¿Sin paz?

Con el tiempo el barrio María Paz también se convirtió en una de las zonas más intervenidas por la Policía. De un lugar que acogió a miles de desplazados pasó a ser considerada otra “olla” como San Bernardo. Sus calles las atraviesan toda clase de relatos victimizantes, al punto de ser considerado uno de los más o el más inseguro barrio de la capital. Mucho es verdad.

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“Hemos visto situaciones apremiantes por la seguridad. Para vivir acá se requiere de mucha tolerancia”, reconoce Raúl. Si bien, al comienzo fue un sector de “gente echada pa’ lante”, llegó un tiempo en el que se deterioró por falta de presencia pública y se degradó la convivencia. Aunque siempre fue carnada para la criminalidad, a Corabastos llegaron en los últimos años nuevas bandas, como el Tren de Aragua, a desatar una batalla territorial que dejó extorsión y homicidios.

Se incautaron más de 200 armas cortopunzantes incautadas y de mil dosis de estupefacientes.
Foto: Secretaría de Seguridad

En los últimos años, las autoridades han señalado la presencia de organizaciones multicrimen que se consolidaron, en parte, desde adentro de Abastos. Por ejemplo, este año cayó un excorotero que se convirtió en la cara visible de la organización: alias “Misón”, capturado en Ecuador, quien pasó de comerciar a traficar alcohol a abrir pagadiarios, que se convirtieron en centrales de horror y crimen. En 2026 capturaron en María Paz a dos presuntos integrantes de esas organizaciones cuando cobraban una extorsión, y recientemente a otros seis.

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Luis Orlando Osorio Arévalo, alias Mison o El Viejo.
Foto: Policía de Bogotá

José Silva, comerciante de jugos a las afueras de la central mayorista, acumula cinco años viviendo en la zona y dice que “es un sitio movido, donde uno se defiende y consigue las cosas que necesita. Llegué primero a vivir a Patio Bonito. Desde allí conocí esta zona y me vine a trabajar para acá. Había un muchacho al que yo le predicaba y un día lo mataron, en la esquina. Ese es un recuerdo que no es grato, pero aquí estamos, ¿Qué vamos a hacer?”, añadió.

José, vendedor de jugos y de arroz chino.
Foto: Laura Salomón Prieto

El coronel Montilla explica el contexto de seguridad:

“Que sea uno de los barrios más inseguros, yo podría decir que puede ser más un estigma que una realidad”, afirma el coronel, quien aclara que “el movimiento de tantas personas flotantes alrededor de María Paz también es de interés de muchos grupos delincuenciales”, situación que, según la Policía, tienen identificada.

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Sobre los resultados operativos destacó que “en 2025 se dio un golpe fuerte al Tren de Aragua, dejando a disposición a unos de sus integrantes”. Agrega que también “se han capturado personas dedicadas al sicariato”, acciones con las que buscan fortalecer la convivencia y la seguridad en el barrio.

María Paz, 2026.
Foto: Laura Salomon

“Hay muchos jóvenes por estos lados y, seguro, a nosotros nos duele, como padres de familia, que se contaminen de muchas cosas, como los vicios y malos hábitos” dice Raúl.

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Luis complementa: “vivir en el barrio es un poquito tensionante. Pero la gente trata de concentrarse en trabajar y en lo suyo. Lo difícil es hacerles entender a estas bandas que lo que hacen no nos interesa. Tenemos que mantenerlos al margen, así nos amenacen”, agrega el joven, quien resalta que su abuelo José Luis, conocido como “El Paisa”, fue quien hizo posible que la gente pudiera sentarse a vender corotos. “Es un líder social y ha estado bajo amenazas”, afirma.

Mantilla añade que periódicamente se deben hacer “megatomas” y actividades de registro y control en establecimientos públicos, pagadiarios, etcétera. Todo para mantener el mínimo control sobre este sector. “Podemos decir que nuestro despliegue es más fuerte que en otros sectores, teniendo en cuenta la población flotante, el espacio público y las diferentes dinámicas que se puedan manejar ahí. Son más de 20 uniformados en María Paz”.

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“En este tiempo estoy viendo que el miedo se ha alejado un poco. Las bandas ya no hacen tanta presencia como antes. Ahora está más calmado. Nosotros tenemos la mente puesta en trabajar y hacer las cosas bien. No de las cosas malas. Así estemos en el valle de sombras, ahí está Dios con nosotros”, dice José Silva, antes de irse a su otro trabajo: “¡Me les voy! Tengo un negocito allá adelante de arroz chino. Voy a atender el otro puesto”.

María paz, 2026.
Foto: Laura Salomon

Espacio público: la calle como tensión

Robinson Valdés llegó de La Baja, Bolívar. Sus morenas y gruesas manos acomodan tomates, legumbres, frutas y paquetes de papa o cualquier otro tubérculo que vende a las afueras de Abastos. “Tengo aquí en Bogotá nueve años. Llegué con las manos abajo, buscando trabajar. Me ubiqué con poquitas cosas. Hasta los compañeros me ayudaron y así fui saliendo adelante, poco a poco”.

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Robinson, comerciante de frutas y verduras.
Foto: Laura Salomón Prieto

A las afueras de Abastos se puede encontrar una pequeña Colombia, con culturas de todas partes. La venta de verduras, frutas hortalizas y legumbres es otra forma de subsistir. Aunque esto genere tensión con la Alcaldía, teniendo en cuenta que la administración de Carlos Fernando Galán ha emprendido una serie de acciones para organizar el espacio público de la ciudad.

Esa disputa allí en María Paz lleva más de 15 años. En 2011, un juez ordenó al Distrito recuperar este sector debido a problemas de inseguridad, basuras y ocupación ilegal de calles y andenes.

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Robinson vive en el barrio. Para él es una ventaja, porque puede hacer rondas en las noches y vigilar que nadie se lleve sus productos. “A veces guardamos las cosas y vienen a medianoche a recogerlas. Nosotros, con los compañeros, un día se queda uno, otro día se queda otro cuidando, porque no tenemos bodega donde guardar”.

La intervención se realizó en la UPZ Corabastos
Foto: Alcaldía Kennedy

El comerciante dice que la Alcaldía Local no ha conversado con ellos para su reubicación. “Ojalá nos censaran mejor y podamos ejercer bien el trabajo. Un día vienen y dicen que nos van a sensibilizar y después vienen a recoger todo en la noche. Como nosotros vivimos cerca, algunos se salvan, pero hay otros que viven lejos y se les llevan todo”.

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Frente a las preocupaciones de los habitantes, el coronel Mantilla aseguró que “una de las más fuertes es el tema de la organización del espacio público”, aspecto en el que la Policía continúa trabajando junto con otras entidades. Por su parte, la Alcaldía Local ha identificado en este punto problemáticas como productos vencidos o en riesgo, acciones que a diario buscan concertar con la comunidad, aún sin tener una oferta clara de reubicación.

Don Raúl añade más situaciones que se viven a diario en el espacio público, a causa del alto volumen de trabajadores a la intemperie. “Aquí hay personas que no se bañan. Pasan seis meses, ocho meses y no se han podido bañar. No tienen elementos para asesarse, no dónde hacerlo. No hay un baño público, ni dónde pedirlo prestado”.

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María paz, 2026.
Foto: Laura Salomon

“Queremos que mejoren las cosas”, dice Robinson. “Que la Alcaldía nos reubique. Que dijeran: ‘vamos a acomodar esto bien y ustedes de aquí no se me van a salir’. Si es de poner unos kioscos para organizarnos bien, que lo hagan. Pero nada. Estamos aquí a la deriva”.

“Yo a la Alcaldía le daría un consejo”, señala el cofundador del barrio. “Que no nos dejen solos, que haya acompañamiento, que nos acerquemos más a esa sociedad, que nos permitan conocer un proyecto que traigan desde las bases de la Alcaldía Mayor de Bogotá para ayudar a los que están acá, a los que tienen bajos recursos para poder subsistir con su familia de ocho o diez personas”.

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La paz que anhela el barrio

“¿Cómo me dice? ¿Por qué quedarme aquí, en María Paz? ¿Por qué me quedé yo?” responde don Raúl. “Este es el barrio que me dio todo. María Paz crece. Ya uno ve que, como la palabra lo indica, empieza a florecer la paz. Ya nos miramos más apacibles. La gente está optando por modelos que permitan mantener el barrio fuera de cualquier perturbación”.

Montilla añade: “hay un estigma al barrio, pero aquí hay gente camelladora, que sale temprano a realizar sus actividades comerciales, que sale todos los días a proveer para una familia”.

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Aunque María Paz sigue enfrentando desafíos en materia de seguridad, muchos de sus habitantes insisten en que el barrio ha cambiado. Para ellos hoy pesan más el trabajo, la solidaridad y el deseo de dejar atrás los estigmas que lo han acompañado por décadas.

Don Raúl añade: “Tiene que ser un barrio donde no haya estigmatización por llamarse María Paz. Yo, por ejemplo, personalmente estoy muy agradecido. Aquí consigo mi comida diariamente. Tengo 87 años y todavía este trabajo me lo permite. Me siento agradecido trabajando en este reciclaje”.

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“Por lo demás —dice— tiene que ser un barrio que nos permita salir adelante”.

*Este nombre fue cambiado para proteger la identidad del entrevistado.

María Paz, 2026.
Foto: Laura Salomón Prieto

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Por Juan Camilo Parra

Periodista egresado de la Universidad Externado de colombia con experiencia en cubrimiento de orden público en Bogotá.jparra@elespectador.com
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