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Moverse más sostenible para mejorar la salud y mitigar el cambio climático

Avanzar en la adquisición de buses eléctricos para cumplir los acuerdos medioambientales en 2030 y 2050, es una de las metas del sector movilidad, responsable del 30% de la mala calidad del aire en la ciudad. Pero ¿por qué la electrificación es la solución? ¿Qué impactos se buscan? Expertos analizan.

María Angélica García Puerto

18 de mayo de 2025 - 09:00 p. m.
Los buses articulados tienen un costo de operación del 7% menos que el diesel y gas. / Alcaldía de Bogotá
Foto: Alcaldía de Bogotá
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Bogotá tiene más de 1.100 frentes de obra y como protagonistas están la Primera Línea del Metro y la Troncal de Transmilenio por la Avenida 68. El avance en nuevas vías, trae consigo pensar nuevas formas de movilidad más eficientes. Entonces, ¿cómo los buses eléctricos entran a ser parte de la principal solución para los sistemas de transporte?

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El pasado 30 de abril, el Distrito confirmó la llegada para el primer semestre de 2026, de los primeros 101 nuevos buses eléctricos, de los cuales 76 operarán como rutas zonales y 25 en las troncales de Transmilenio y carriles mixtos. Esta flota, indicó el ente gestor, rodará en la Avenida Ciudad de Cali y en la Avenida 68, una vez los contratistas vayan entregando los tramos de obra que terminen.

Hoy, Bogotá tiene 10.572 buses y apenas 1.486 de ellos son totalmente eléctricos. Eso sí, la capital, se posiciona con la mayor flota de electrificación, en comparación con Medellín (69) y Cali (35). Mientras que a nivel Latinoamérica, Colombia ocupa el segundo lugar con más buses eléctricos (1.590), seguido de Chile (2.729) y por encima de países como Brasil (1.059), México (835) y Uruguay (193).

Y es que la necesidad de mutar a un transporte más sostenible, es evidente. En Colombia, según MinAmbiente, el DNP y el IDEAM, el transporte representa cerca del 12,5 % (37,8 millones de toneladas de CO2) de las emisiones totales de gases de efecto invernadero -causantes del calentamiento global y, por ende, del cambio climático- con una carga aún más alta en las zonas urbanas. De este 12,5 %, lo genera en su mayoría camiones pesados y buses (37 %), seguido de camiones ligeros (10 %) y buses y camiones (6%).

En el caso de Bogotá, el sector transporte representa un 40% del total de emisiones de gases de efecto invernadero, seguido por la energía en edificaciones, con un 38%. Otros sectores como residuos sólidos, aguas residuales y agricultura también contribuyen de manera significativa, aunque en menor medida, dice la Secretaría de Ambiente.

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Por si fuera poco, el transporte también afecta considerablemente la calidad del aire en la ciudad, siendo responsable del 31% de las emisiones de PM2.5 o más conocidas como partículas finas, contribuyendo a una problemática de salud pública, ya que tienen la capacidad de alojarse profundamente en los pulmones y generar enfermedades tanto respiratorias como cardio y cerebrovasculares.

“Los desafíos de la calidad de aire está especialmente en el suroccidente de la ciudad. Esta zona alberga el 33% de nuestra población (1.5 millones de personas) y coincide al ser una de las zonas con mayores tensiones socioeconómicas, es decir, los menores índices de bienestar. Los estudios además nos están mostrando que las muertes por enfermedades respiratorias en esta área, son notablemente altas”, aseveró la secretaria de Ambiente, Adriana Soto.

Los buses eléctricos como parte de la solución

En los últimos 25 años, la transición tecnología de buses de transporte, ha sido el gran reto de grandes ciudades de Latinoamérica. Su “excelente solución para promocionar áreas urbanas más limpias y saludables”, como define la plataforma E-Bus Radar, hacen de los buses eléctricos “claves para el futuro local y del planeta”, agregan.

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Y en los datos, también podría estar la respuesta. De acuerdo con varios estudios realizados por la iniciativa ZEBRA (Zero Emission Bus Rapid-deployment Accelerator), liderada por C40 Cities y el Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT), encontró que los buses eléctricos tienen un 73% menos de emisiones de dióxido de carbono, en comparación con los buses a gas y diesel, que de hecho, son la flota más grande que rueda en la capital (83%).

Pero la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, no son iguales en todos los buses. Zebra, encontró que a partir de datos como fabricación, capacidad de la batería, distancia anual recorrida o consumo de energía, las busetas que miden entre 8-11 metros, son las que más reducen C02 en todo su ciclo de vida (-76%) respecto al Diesel. Mientras que los buses articulados y biarticulados, tienen mayor reducción de emisiones de C02 (-81%) vs el gas natural.

¿Y la durabilidad?

No solo en los temas ambientales las tecnologías neutras son favorables. Las baterías ahora podrían tener una duración para todo el ciclo de vida del vehículo (hasta 15 años), eso sí, garantizando la recuperación de los materiales esenciales.

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“Las baterías han evolucionado a tal punto de no usar litio, sino sodio, haciéndola ligeramente menos eficiente, pero mejor en seguridad, peso y costo. Además, el 95% son reciclables, siempre y cuando haya seguimiento y no se tiren al río Bogotá”, destacó Manuel Olivera, experto en electromovilidad y asesor de la alianza Zebra.

Este año, la Cooperación Alemana, GIZ, realizó para el Ministerio de Ambiente, un informe con una serie de recomendaciones para precisamente darle un manejo seguro a las baterías de iones de litio en vehículos eléctricos y así, Colombia esté más alineado con el Convenio de Basilea -del que el país hace parte- el cual asegura que los desechos peligrosos y otros desechos se eliminen de manera ambientalmente racional.

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De esta manera, GIZ encontró que las baterías de vehículos eléctricos deben ser empacadas en contenedores unitarios ignífugos y aptos para la contención de posibles lixiviados. “Los empaques y embalajes preferidos son: cajas de madera o cartón con recubrimiento plástico, cajas, guacales o canastas de madera o plásticas o de cartón estructural siempre y cuando soporten adecuadamente el peso de las baterías”, detallaron.

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Costos de operación

Hasta ahora, los datos anteriores han destacado positivamente el uso de buses eléctricos como parte de la movilidad. Sin embargo, ¿son rentables?, Carlos Bueno, investigador del Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT) y quien recientemente fue director de tránsito en Bucaramanga, señaló que la forma más fácil de entenderlo es a través del Costo Total de Propiedad (TCO por sus siglas en inglés), que considera costos asociados a la adquisición del vehículo, construcción de infraestructura, consumo energético y mantenimiento.

“Uno de los componentes principales que pueden llegar a costar el 30% del vehículo, que tiene además su motor y la carrocería, es la batería. Los datos, no teóricos, sino prácticos, a partir del primer proyecto que implementamos en Chile, nos muestran que el valor de la batería en 2013 costaba $253 dólares y a 2024, su valor es de $115 porque la tecnología se ha masificado y tenemos grandes producciones de este tipo de vehículos. Nadie se mete en un negocio que no es rentable”, explicó Bueno.

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Otro de los datos de la alianza, muestran también mejores costos de operación. Por ejemplo, en los buses menores de 12 metros, la reducción general es del 10% respecto al diesel y gas natural. Y en los buses articulados y biarticulados es del 7%. Asimismo, durante toda la vida útil de los buses eléctricos, hay una reducción del 50% de costo energético por kilómetro y del -30% de mantenimiento por km. Esto último, sin tener en cuenta que la brecha se amplía en un 20%, en el costo energético por kilómetro, si se desmontaría el subsidio del Gobierno al diesel.

El futuro de Bogotá

Bogotá se ha trazado unas metas ambiciosas para avanzar en la descarbonización. Dentro de sus políticas públicas climáticas, está alcanzar en el 2030 (Plan Aire), la reducción en un 50% de los gases de efecto invernadero y para el Plan de Acción Climática 2050, lograr la carboneutralidad.

Por ello, uno de los sectores importantes para avanzar, es el Sistema de Transporte Masivo. Desde Transmilenio, indicaron que a la fecha, el 43% de la flota es de cero o bajas emisiones. “Ya firmamos la llegada de 101 buses eléctricos adicionales y estamos trabajando para que las dos troncales nuevas de la Av. Ciudad de Cali y la Carrera 68, además de la extensión de Soacha, se operen con articulados y biarticulados eléctricos. Ese es el proyecto aproximado de 1.2 billones que le hemos presentado al Gobierno Nacional para que nos ayude con el 70% (800 mil millones) de la financiación en vigencias futuras en los próximos 15 años. Entonces estaremos llegando a cerca de 600 buses adicionales con tipologías que son innovadoras”, detalló la gerente, María Fernanda Ortiz.

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A pesar de desencuentros entre Petro y Galán con el Metro, la financiación de esta nueva flota de buses, logró tener un punto en común entre los mandatarios desde el año pasado con un acuerdo previo, pero sin que, hasta el momento, se finiquite desde el Gobierno el cómo se desembolsarán estos recursos. “Radicamos nuevamente el proyecto de los 269 buses. Seguimos insistiendo, seguimos en mesas de trabajo con ellos. Creemos que es un proyecto muy ganador para la región”, indicó Ortiz.

Sin duda, el transporte público juega un papel importante en mitigar el cambio climático y mejorar la calidad del aire, a través de tecnologías limpias que han demostrado ser menos contaminantes, con mayor vida útil y menores costos de operación, en lo que podría traducirse en tarifas más bajas para los usuarios. Pero no es solo su responsabilidad. En materia de salud, el transporte de carga es responsable del 63% de las emisiones de material particulado 2.5, según la Secretaría de Ambiente. Entonces, ¿cómo dar el salto de esta rama del transporte también a la electrificación? Esa es la pregunta que queda por resolver si Bogotá quiere cumplir con las metas ambientales a largo plazo.

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Por María Angélica García Puerto

Cubre temas de seguridad, primera infancia, educación, movilidad, derechos humanos y género.@_amariag
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