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Amo Bogotá. Conozco sus barrios, calles, parques y he tenido el honor de trabajar por ella. He transitado la carrera Séptima toda mi vida y, como miles, también le tengo afecto especial, pero eso no debe cegarnos la realidad: nuestra emblemática vía necesita modernizarse para responder mejor a las necesidades de una ciudad en crecimiento. Quedó congelada en el tiempo, mientras todo a su alrededor siguió creciendo.
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Su modernización, entre las calles 99 y 200, no es un capricho estético ni una preferencia política, sino una urgencia que requiere determinación técnica, gerencia y ejecución. En el tramo norte, carros, buses, ciclistas, peatones y personas en sillas de ruedas se mueven en un mismo espacio degradado, desordenado y colapsado. Los andenes son casi inexistentes o destrozados; la ciclorruta ausente, salvo entre las calles 100 y 106, y la interacción del diseño paisajístico con la Estructura Ecológica Principal es, contrario a lo que se cree y a pesar de ser colindante con la Reserva Forestal Protectora Cerros Orientales, profundamente deficiente.
En enero de 2024, en esta Administración, recibimos tres contratos firmados en diciembre de 2023, para la construcción del corredor, entre las calles 99 y 200. Detenerlos no solo implicaría multas millonarias, que la ciudad tendría que pagar, sino una oportunidad de justicia social desaprovechada. No intervenirla es condenar a miles de personas que habitan en barrios como El Codito, Lijacá y Verbenal, entre otros, a vivir en un entorno desigual, así como al resto de ciudadanos a sufrir trancones interminables desde la calle 183 hacia el norte, donde la vía se reduce a la mitad.
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El alcalde Carlos Fernando Galán ha indicado que en los nuevos proyectos no se pueden cometer los mismos errores de las obras que heredamos. Por eso, se tomó más tiempo el proceso de preconstrucción, con el fin de armonizar con otras entidades; avanzar en los permisos, y tener disponibilidad predial necesaria para iniciar la obra con los menores riesgos posibles de demoras. Por eso, hemos apostado a tener una transformación, con propósito, en sus 11,56 km, bajo tres pilares fundamentales:
Movilidad eficiente
Redistribuiremos un espacio ineficiente. Una vía no debe medirse por cuántos carros caben, sino por cuántas personas se mueven. El carril exclusivo para Transmilenio es un acto de equidad para quienes necesitan desplazarse rápidamente. Más de 133 mil pasajeros diarios disminuirán en 60 % sus tiempos de desplazamiento, pasando de más de una hora a 25 minutos, en un transporte ambientalmente limpio. Además, se generarán oportunidades para otras formas de movilizarse en el corredor de manera segura.
Responsabilidad ambiental
Más que reemplazar árboles, estamos aportando a corregir una estructura ecológica deficiente, para crear un corredor vivo. A los casi 1.000 árboles que se trasladarán o se tratarán en sitio, se sumarán 4.380 árboles nuevos de especies nativas, (nogal, cedro, yarumo, sietecueros), que, al ser propios de nuestra región, se adaptarán mejor al ecosistema urbano, para regular la temperatura y limpiar el aire; además, son alternativas de alimento, refugio y anidación para la fauna. Tendremos un corredor, contando su zona de influencia, con más de 5.300 árboles; 100.000 m2 de jardinería, y 121.000 m2 de zonas verdes.
Un diseño paisajístico no se aborda como una arborización convencional, sino como un aporte a la rehabilitación de funciones ecosistémicas que, desde las coberturas vegetales, puedan contribuir a la conectividad con la Estructura Ecológica Principal, mitigar el cambio climático y mejorar la calidad del aire, lo que se reforzará con un patio-portal para flota eléctrica, que reducirá las emisiones de CO2. Con transporte público limpio, se aportará a una reducción en los siguientes 15 años de hasta 78 % en emisiones de CO2 y 90 % de material particulado.
Finalmente, hoy la Séptima se inunda en varios puntos, al no contar con sistemas adecuados para el manejo de aguas lluvias. Construiremos 400 Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS), -hoy inexistentes-, mitigando riesgos, mejorando la infiltración y aliviando la carga sobre el alcantarillado.
Espacio público
Pasaremos de los actuales 200.000 m2 de espacio público —mayoritariamente en pésimo estado— a 385.000 m2² de andenes dignos, amplios y accesibles, jardinería y zonas verdes. Asimismo, por fin tendrá una ciclorruta continua y segura, así quienes nos movemos en bici vamos a poder transitar tranquilos.
Entendemos el malestar de la ciudadanía por la cantidad de obras simultáneas. Es totalmente legítimo. Hoy Bogotá tiene 1.200 frentes de obra; la ciudad se está transformando; avanza la Línea 1 del Metro, las nuevas troncales, puentes, vías principales, entre otras … Por ello, desde la Administración del alcalde Galán estamos trabajando con el alma para seguir acelerándolas.
Ya hemos entregando 21 obras de las 76 que recibimos con grandes retrasos y problemas; adicionalmente, hemos establecido una vigilancia más estricta sobre la ejecución, aplicado mano dura: sanciones, multas o caducidades, cuando corresponde, y ejecutado una articulación institucional sin precedentes, para garantizar que las obras cumplan con los tiempos. Sabemos que nos falta, pero hemos avanzado mucho.
Al final del camino, el Corredor Carrera Séptima es una transformación necesaria para Bogotá; el verdadero peligro no es la obra, es la parálisis. Este corredor no puede seguir siendo desigual y desordenado, tiene que ser fiel a su propia historia de vanguardia y convertirse en el corredor que la Bogotá del siglo XXI merece.
* Orlando Molano, director del IDU
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