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El 11 de mayo pasado se publicó el prepliego de la licitación No. UAESP-LP-01-2022, cuyo objeto fuera la “concesión de las actividades necesarias para la financiación, la elaboración de los estudios y diseños, la gestión ambiental, la ejecución de las obras de construcción, la adquisición, instalación y el montaje, la puesta en marcha, la operación, el mantenimiento y la reversión de un sistema de valorización de residuos sólidos mediante el tratamiento térmico y/o similares con generación de energía y/o subproductos, en Bogotá́, Distrito Capital.” Es decir, descomponer residuos mediante calor, producir energía y venderla.
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La alcaldesa anunció: “no vamos a seguir expandiendo a Doña Juana”. Dijo que con la apertura de la licitación somos “bienvenidos a otro sueño cumplido del Plan de Ordenamiento Territorial y del Plan de Acción Climática de Bogotá … esto es diciendo y haciendo”.
El proyecto, a 30 años, se ubicaría en los predios que hacen parte de la concesión del relleno sanitario. El primer módulo funcionaría en diciembre de 2023 y como retribución, entre otros, se preveían los ingresos tarifarios que la regulación permite como costo de alternativas a la disposición final. Es decir, se cobraría a los usuarios un costo por el procesamiento de residuos que no puede exceder el valor resultante de la suma del costo de disposición final y el de tratamiento de lixiviados previsto en la regulación vigente.
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La Uaesp suscribió el contrato de consultoría No. UAESP-777-2020 para adelantar los estudios de factibilidad previos para el sistema de aprovechamiento y valorización de residuos mediante el tratamiento térmico, incluyendo el análisis de costo, beneficio y evaluación económica y financiera como base de la licitación. Es decir, la elaboración de un completo y robusto estudio previo, pero el pre-pliego no da cuenta de la existencia de productos con el calibre requerido.
El “sueño cumplido” que anunció la alcaldesa hace menos de dos meses, fue cancelado el 16 de julio por la directora Luz Amanda Camacho, “debido a las nuevas condiciones financieras en el mundo, como el incremento del dólar, la subida de las tasas de interés, el aumento del valor de las materias primas …”.
La deficiencia del estudio previo de esta licitación quedó en evidencia gracias a la imposibilidad de respuesta de la Uaesp, al gran número y complejas observaciones presentadas al proyecto de pre-pliego, que en mí sentir, corresponde a la verdadera causa de la cancelación de la licitación. Se pasó por alto, por ejemplo, que los predios del relleno sanitario, donde se pensaba construir la planta, hacen parte de la concesión a CGR Doña Juana SA ESP (excepto el área de biogás) y que se mantendrán bajo su tenencia hasta que termine la concesión, lo que no será antes de 2024, con serias posibilidades jurídicas, previamente pactadas, de extenderse por varios años más.
La señora Camacho, señaló que la cancelación se hace “en un acto de responsabilidad”. Y estoy de acuerdo, pero no por las razones que expuso. En un proyecto a 30 años, el dólar, las tasas de interés, el valor de las materias primas y otros factores, generalmente varían y la respuesta no es abortar el proyecto, sino prever lo propio en el contrato que se suscriba.
La Uaesp no ha superado la billonaria controversia arbitral con CGR, cuando ya se encontraba dándole otras razones para una nueva demanda. Cuidado, que por la carencia de una seria, técnica y jurídica planificación, Bogotá no enfrente en breve una crisis ambiental y sanitaria por la insuficiencia de la capacidad de disposición final de residuos en Doña Juana, como la que vive Bucaramanga y otros municipios en El Carrasco.
