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3 Jun 2022 - 10:39 p. m.

Opinión: ¿Por quién vota la aristocracia ilustrada?

Los recientes pronunciamientos de las personalidades políticas han permitido demostrar que la guía del voto debe ser el saber y la inteligencia del candidato, no la estulticia y la chabacanería.
La segunda vuelta por las elecciones presidenciales será este 19 de junio.
La segunda vuelta por las elecciones presidenciales será este 19 de junio.
Foto: Archivo

En la columna anterior me referí a los votantes habitantes de calle, ahora esta columna es el envés de la hoja. Les compartiré aquí mi parecer sobre el modo en que votarán diletantes de la nobleza criolla el próximo 19 de junio, jornada electoral definitiva, en la que los colombianos decidiremos si le confiamos la presidencia de la República al santandereano Rodolfo Hernández o al sucreño Gustavo Petro.

En la columna anterior me orientó mi fuente fidedigna en los aconteceres de las ciudadanías underground, esta vez, sin informante del Jet set, me guío por lo que publican los que tienen tribuna en las páginas editoriales de periódicos y revistas, también por los que se expresan con trinos en Twitter.

Debo aclarar que a mi antojo caracterizo a esta o aquella de aristócrata, igual de arbitrario soy para considerar quién es persona ilustrada.

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Al principio, cuando apenas se armaban las coaliciones y la fauna de postulaciones a presidentes terminaría decantándose en las consultas que se votaron al tiempo con las listas parlamentarias, mi indagación fue como de hermeneuta, porque casi toda la élite intelectual, con farfullas, solapados hacían barra a los candidatos de su preferencia.

A los más duchos les pude pillar la preferencia en el subtexto, pero la mayoría, aunque marulleros, de una u otra forma evidenciaba de que partido o candidato eran hinchas. Verbigracia, los del portal de Los Danieles que es una buhardilla mediática de aristócratas, aunque se esforzaban por mostrar ecuanimidad e imparcialidad en sus criterios, no lograban disimular el respaldo a quienes representaban el tal Centro, entendido como ni Uribismo ni Petrismo.

De esa tendencia, el que más les atajo en ese momento fue el exministro de salud y rector de la universidad de los Andes, Alejandro Gaviria, más para su decepción, él no logró construir su liderazgo, ni ellos pudieron inventarle un libreto y un carácter.

De suerte que invitan a la escritora Laura Restrepo, libre pensadora de verdad pa’dios, socialdemócrata irreductible, que con sabiduría de Sibila declaró que su candidato era Gustavo Petro, y a los otros les tocó emparapetar su posición sobre el líder progresista con el cuento de que: “tiene el mejor programa, interpreta con objetividad la realidad social del país, pero es soberbio, no escucha ni sabe trabajar en equipo”, eso le leí a Enrique Santos Calderón, insigne periodista, insigne pensador, cuyos aportes a la democracia y a la fundamentación de la República de Colombia, trasciende la calidad de su pluma de periodista y escritor.

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Calderón ha participado directamente en procesos trascendentales, el más reciente asesorando y mediando en el proceso de paz con las Farc que logró su hermano, el presidente Juan Manuel Santos. Total que su opinión sobre el candidato Petro, palabras más, palabras menos, la comparten los Danieles. Para mí que es clasismo y lo evidenció Daniel Samper Pizano en una columna sobre Francia Márquez, en la que descalifica sus condiciones para vicepresidenta. Debo decir que lo desconocí, resintió la admiración que le profeso, con esa columna tan fea.

Ya antes, politólogos del bipartidismo también discriminaron candidatos de pueblo, sin abolengos, “alpargatero” consideraron al buen copartidario Horacio Serpa, pero sin alcurnia, no le apoyaron sus intentos por llegar a la presidencia.

Entre los “delfines”, ciertamente aristócratas, más no necesariamente ilustrados, hizo bulla Felipe Lleras, cuya insignia nobiliaria es el ser nieto del dos veces presidente Alberto Lleras Camargo. Para la ocasión, Felipe, con pataleta de dandi envejecido, dijo que el “izquierdista Gustavo Petro era un peligro para la democracia y para el empresariado colombiano”. Me parece que nadie le dio muchas bolas a su perorata.

Me gustaría saber por quién votarán los Ospina, cineastas caleños, en Cartagena, el director Jorge Alí, su hermana Gloria Triana y el bailarín Álvaro Restrepo. De las tradicionales familias ricas samarias, obvio que votaron por Fico, de hecho, Carlos Vives le hizo el jingle de campaña, ergo ya han de estar disponiendo sus maquinitas a Rodolfo Hernández. Por cierto, que en ninguna generación de la familia Vives se dé alguno destacado por su ilustración.

En cambio, de Valle Dupar, con su gente bien paracuda, el escritor Alfonso Sánchez Baute se deslinda de su casta declarando que su voto es por Petro presidente y Francia Vicepresidenta. ¿Por quién irá a votar Juan Gabriel Vásquez? Autor de Volver la vista atrás, la mejor novela que leído en este lustro. Acaso porque ganó el premio Vargas Llosa, ¿nuestro gran Juan Gabriel se dejó influenciar del ultraderechismo senil del Nobel peruano?

Pero ¡atención, señoras y señores!, el remate de esta contienda electoral resultó una contingencia histórica, confrontante para las élites. Ninguno de los dos candidatos en contienda tiene abolengos, ni son de alcurnia, ni tienen títulos nobiliarios que les haga merecer alguna condescendencia de parte de la aristocracia.

Rodolfo Hernández es un viejo ricachón de provincia, que a los cojonazos hizo plata como constructor usurero, y tras los jugosos contratos con el municipio terminó en la política, a los cojonazos también fue elegido alcalde de Bucaramanga, desabrochados sus modales y su lenguaje, alardea de ser atarbán. Ahora como candidato a la presidencia, asesorado por Beccassino, un argentino mercenario de la manipulación publicitaria, logró la votación suficiente para competir en segunda vuelta por la presidencia de Colombia.

Gustavo Petro, oriundo de Ciénaga de Oro Sucre, de familia de clase media, desde niño ha cumplido con juicio dos quehaceres, buen estudiante y líder de causas sociales. Perteneció al grupo guerrillero M19, del que se desmovilizó, y luego de colaborar con un grupo de los constituyentes que redactaron la constitución del 91, orientó su lucha por la vía democrática. Como político profesional exitoso ha recorrido casi todas las instancias de la democracia representativa, concejal, representante a la cámara, senador, alcalde mayor de Bogotá y tres veces candidato a la presidencia. Por lo mismo se ha cualificado como estadista. Actualmente, me atrevo a decir, es de los líderes políticos más importantes e influyentes del continente. Coherente con su historia de vida y su formación, representa la corriente progresista y propuesta de gobierno, avisa cambios estructurales que afectarán las castas hegemónicas.

En cambio, Rodolfo Hernández, por empresario que en el trasegar en contratos de obras públicas se ha codeado con grupos de poder, ofrece más confianza a los partidos y carteles de la politiquería tradicional.

Así las apuestas, los realmente cultos de dichas élites, tienen ya que decidir si votan con recelo aristocrático o con consciencia de ilustrado. Por lo visto habrá votantes por ambas motivaciones y creo que serán más los clasistas que piensen con el bolsillo. Lo digo porque desde que la plata y los personajes del narco mundo se metieron a los clubes del Jet set, y permearon la cultura y la economía, se extinguió la oligarquía de los prístinos tiempos de la República, cuando ser intelectual o literato era mérito para ser presidenciable (Nariño, Mosquera, Núñez, Caro, López Pumarejo, Eduardo Santos, Lleras Camargo, hasta Belisario Betancourt).

Los mandatarios, con la imposición de criterio económico neoliberal, ahora tienden a ser tecnócratas, los de este siglo descaradamente favorecedores de los monopolios financieros y empresariales.

En esta decisión electoral colombiana, es providencial el que la escritora Carolina Sanín se atreva a resaltar de Gustavo Petro su respeto por la inteligencia de sus electores, en tanto que no hace discursos populacheros, aunque lo critiquen los gurús de las estrategias publicitarias de las campañas políticas.

Como ella, los verdaderamente ilustres aristócratas, Antanas Mocus y Alejandro Gaviria declararon que votarán por el candidato pensador, con lo cual invitan a que la guía del voto sea el saber y la inteligencia del candidato y no la estulticia y la chabacanería.

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