Las montañas de La Calera volvieron a dar señales de la riqueza de su fauna silvestre. Cámaras trampa instaladas por la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) registraron un oso andino y su cría en una zona alta del municipio.
El monitoreo comenzó el pasado 13 de junio, luego de que habitantes del sector reportaran la posible presencia de la especie. Para verificarlo, profesionales de la CAR instalaron tres cámaras con las que buscaban conocer el uso del hábitat, la conectividad ecológica y la disponibilidad de alimento.
Cuando los equipos fueron revisados el 31 de julio, una de las cámaras, ubicada a cerca de 3.200 metros sobre el nivel del mar, había captado al oso de anteojos (Tremarctos ornatus) acompañado de su cría.
Las imágenes muestran que los animales continúan utilizando las partes altas y mejor conservadas de la montaña, donde la CAR también identificó una oferta importante de alimento para la especie.
El registro, sin embargo, dejó otra señal que preocupa a la autoridad ambiental: las cámaras también captaron perros transitando ocasionalmente por los mismos corredores naturales.
La CAR señaló que esa presencia representa un factor de presión para la fauna silvestre y anunció que mantendrá el seguimiento en la zona.
“La presencia del oso y su cría en este sector demuestra que estos ecosistemas siguen siendo utilizados por la especie”, explicó Magdala Iregui, directora técnica de Biodiversidad de la entidad.
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¿Están relacionados con ataques a ganado?
La presencia de los dos animales también aparece en medio de reportes de la comunidad sobre presuntos ataques a ganado. Sin embargo, la CAR hizo una precisión: hasta ahora no existe evidencia que permita atribuir esos episodios al oso registrado junto a su cría.
La autoridad ambiental continuará investigando el origen de esos hechos y adelanta procesos de sensibilización con la familia afectada.
El objetivo es evitar atribuir ataques a la especie sin evidencia técnica y, al mismo tiempo, reducir posibles conflictos entre las actividades productivas y la fauna que habita la zona.
Para la CAR, el hallazgo también pone sobre la mesa un problema más amplio: el avance de la frontera agrícola y la suburbanización sobre los ecosistemas altoandinos.
A medida que las actividades humanas ocupan áreas que sirven como hábitat y corredores para especies silvestres, aumentan las posibilidades de encuentros con las comunidades.
“Cuando las actividades humanas avanzan sobre su hábitat natural, aumentan las probabilidades de interacción y de conflictos con las comunidades”, agregó Iregui.
La entidad insiste en que conservar estos corredores no solo permite el desplazamiento de animales como el oso andino, sino que también ayuda a proteger ecosistemas estratégicos y fuentes de agua.
Por ahora, las cámaras continuarán vigilando las montañas de La Calera. El registro del oso y su cría confirma que la especie todavía encuentra allí un espacio para moverse y alimentarse, pero también evidencia el reto de mantener conectados esos ecosistemas mientras crece la presencia humana alrededor de ellos
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