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El tradicional Parque de la 93, en el norte de Bogotá, atraviesa una de las transformaciones ambientales más importantes de su historia. Con la siembra de 5.680 plantas nativas y la creación de nueve tipos de jardines funcionales, el espacio se convertirá en un corredor ecológico urbano diseñado para atraer colibríes, abejas y mariposas.
La intervención, que avanza desde enero y se extenderá hasta el 15 de marzo de 2026, hace parte del plan de mejoramiento liderado por la Asociación Amigos del Parque 93 y se articula con las iniciativas del Departamento Administrativo de la Defensoría del Espacio Público (DADEP) para promover jardines sensoriales en la ciudad.
De parque tradicional a ecosistema urbano
Por años, el Parque de la 93 estuvo marcado por el césped y la vegetación ornamental. Ahora, el objetivo es convertirlo en un ecosistema urbano vivo, compuesto por jardines interconectados y adaptados a su entorno.
El diseño estuvo a cargo de Grupo Verde, firma experta en paisajismo sostenible, que realizó más de un año de estudios para ajustar ca
“Cada zona cumple una función: atraer polinizadores, regular la temperatura, mejorar el ambiente y fortalecer la biodiversidad”, explicó María Elena Giraldo, representante legal de la Asociación Amigos del Parque 93.
Jardines con funciones ecológicas y sensoriales
La renovación contempla nueve tipologías de jardines, entre ellas:
- Melíferos, para atraer colibríes, abejas y mariposas.
- Aromáticos, con lavanda, romero y verbena, que ayudan al control natural de plagas.
- De sombra, orientados a regular el microclima.
- De acceso y follaje, que aportan textura, frescura y hábitats para fauna menor.
En total, se intervendrán 1.200 metros cuadrados de jardines dentro de un parque de cerca de 14.000 metros cuadrados, conservando los 141 árboles maduros existentes.
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Beneficios para la ciudad
Los estudios que respaldan el proyecto indican que los jardines con plantas nativas no solo fortalecen la biodiversidad, sino que también atraen más polinizadores y ayudan a refrescar el entorno urbano.
Además, el diagnóstico reveló que gran parte del parque recibe poca luz solar, por lo que la intervención tuvo que adaptarse cuidadosamente a esas condiciones.
Una experiencia distinta para los visitantes
Quienes regresen al parque después del 15 de marzo encontrarán un espacio completamente renovado, con nuevos aromas, sonidos y paisajes.
“Se podrá sentir la diferencia de temperatura bajo los jardines de sombra, escuchar el zumbido de los polinizadores y ver aves alimentándose en las flores”, explicó Diana Karina Trevisan, directora de la Asociación Amigos del Parque 93.
Además, las plantas que fueron retiradas no serán desechadas: serán reubicadas en otros espacios verdes de la ciudad, siguiendo criterios técnicos y ambientales.
Hacia un modelo de espacio público más verde
La intervención del Parque de la 93 se suma a los esfuerzos de Bogotá por consolidar espacios públicos que integren bienestar, sostenibilidad y biodiversidad.
Más allá de los jardines, el proyecto busca que los ciudadanos vuelvan a encontrarse con la naturaleza, incluso en medio del cemento y el ruido urbano.
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