Lo que ya se decía desde principios del año pasado lo confirmó ayer el IDU: la troncal de la avenida 68 no se entregará este año. El paisaje de caos, polisombras y huecos en el corredor, con el que cerró el 2024, era suficiente para pronosticar la noticia, reflejo de la serie de dificultades que ha enfrentado el proyecto desde 2020, cuando comenzaron los trabajos en la zona. Desde entonces, el proyecto viene colgado con el cronograma y les ha sacado canas tanto a los vecinos de la 68 como a los usuarios de la avenida, que va desde Venecia hasta la calle 100. Ahora, la inauguración prevista para este año se aplazó hasta 2027.
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Detrás de este retraso de dos años, en primer lugar, están las causas más difíciles de controlar, como la mella de la pandemia en los avances iniciales de la obra y el incremento del costo de los materiales de construcción en esa temporada. Luego, como se ha repetido en otros proyecto en Bogotá, están los líos con los contratistas por incumplimientos, la tortuosa adquisición predial y las interminables prórrogas, que alejan cualquier obra de la meta.
Ya que este no será el año para estrenar la troncal, con la cual se espera dinamizar el tráfico del corredor y servir de ruta alimentadora del metro, el Distrito y, sobre todo, la ciudadanía están a la espera del nuevo cálculo para fijar un plazo de entrega. En efecto, una vez se refinanció la obra con el cupo de endeudamiento y se calculó el retraso real del proyecto durante el año pasado, la nueva administración fijó 2027 como el año en el que, al fin, los articulados rojos, el tráfico mixto, los biciusuarios y peatones podrían disfrutar de la obra.
No obstante, pese a la seguridad que pueda brindar un nuevo cronograma, lo cierto es que esta nueva fecha representa dos años más de trancón y, asimismo, la intranquilidad de que este no sea el año definitivo de entrega, lo cual resultaría fatal no solo para la credibilidad de las autoridades, sino para la movilidad de Bogotá. Y la preocupación no es infundada: durante los últimos días de diciembre y los primeros de enero, la ciudadanía denunció en redes sociales la ausencia de trabajadores en algunos de los tramos del proyecto, lo cual encendió las alarmas y las criticas en igual medida.
¿Cómo se terminará una troncal si no hay ritmo de trabajo? En medio esta situación, el IDU ya comenzó acciones legales contra algunos contratistas de los tramos con más dificultades, con las cuales se espera incrementar la presión y mejorar el ritmo de avance en los tramos.
Problemas en los grupos 8 y 6
Desde el año pasado, el grupo 6 fue el primero en saltar a la palestra como el más quedado respecto a los otros que conforman el proyecto. Durante sus primeros días de alcalde, Galán visitó este frente ubicado en la calle 46 hasta la avenida calle 66, y se encontró con una obra sin avances tangibles y con pocas personas trabajando en ella. Por tal razón, el Distrito comenzó un proceso sancionatorio contra el grupo, que derivó en una multa de $870 millones.
Desde entonces, el contratista encargado del tramo, Consorcio LHS, conformado mayoritariamente por Sonacol S. A. S. (90 %) y Constructora LHS S. A. S. (10 %), duplicó el número de trabajadores y logró, junto a la compañía permanente del IDU, un avance del 12 % en 2024, pasando del 32 % de avance al 44 %. Sin embargo, este tramo, que debería ser uno de los primeros en ser entregado, ahora será uno de los últimos, ya que el avance actual está bastante lejos del 88 % esperado para esta época.
El problema ahora no solo es del grupo 6. Orlando Molano, director del IDU, le confirmó a El Espectador que la entidad está comenzando un proceso sancionatorio contra el contratista encargado del tramo 8. Esta fracción de la obra, al igual que casi todas, presenta retrasos en su itinerario. En concreto, el rezago entre el avance actual, que es del 50 %, y del esperado, es de un 14 %. Asimismo, es uno de los de mayor complejidad, ya que contempla la construcción de un deprimido y un puente vehicular. Pese a esto, los vecinos de la obra han denunciado disminución del número de trabajadores desde finales del año pasado, lo cual compromete el avance del proyecto y de toda la troncal.
En efecto, este problema fue confirmado a este diario por el IDU, que evidenció un volumen de trabajo inferior al esperado y comenzó los respectivos diálogos con el contratista. Durante dichas diligencias, la entidad le confirmó a El Espectador que ya hay dos sanciones y un incumplimiento contra ConConcreto, constructora a la que, además de este proyecto, le adjudicaron los tramos 1 y 2 de la nueva calle 13.
Lo que viene para 2025
Aunque no se entregará la totalidad de la troncal como se tenía previsto, algunos de los tramos que conforman el proyecto esperan ser finiquitados este año, para aliviar el trancón en el corredor. “La instrucción del alcalde es clara: tramo que vayamos terminando, tramo que intentaremos poner en funcionamiento”, declaró Molano. En ese orden de ideas, el primero que tiene todo para poner en operación durante el primer semestre es el grupo 5, desde la avenida La Esperanza (calle 24) hasta la calle 46. Tiene un avance del 94 % y una importancia estratégica para el transporte público de la ciudad. Su ubicación, justo en la intercepción con la calle 26, permitiría que los articulados comenzaran a conectarse desde la 68, en provecho de los tres puentes y demás infraestructura que lo conforman.
Asimismo, otros tramos a los cuales el IDU le pondría el acelerador para entregarlos y realizar la misma conectividad con las troncales de Transmilenio ya existentes son los de los grupos 2 y 3, con un avance de obra del 64 % y 49 %, respectivamente. La idea es conectar a la 68 con la avenida de Las Américas e ir descongestionando el cuello de botella en esta zona, que se da como resultado de las obras.
Finalmente, el grupo 1, que contempla la construcción del nuevo puente de Venecia, que tantos dolores de cabeza ha dado a sus vecinos y al comercio en general, también sería entregado a mediados de este año. Los próximos meses serán, sin lugar a dudas, un punto de inflexión para que esta troncal pueda comenzar a operar en 2027, un año antes que el metro de Bogotá, al cual se supone debe alimentar.
Una vez al tanto de las metas para este año: entregar entre cuatro y cinco grupos, de los nueve que conforman el proyecto, hay que activar el ojo vigilante y realizar veeduría constante. Si esto no se consigue, y se estanca en una nueva espiral de retrasos, el futuro de la movilidad en Bogotá se tornará oscuro y desalentador.
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