Bogotá celebra este 6 de agosto sus 488 años y la estatua de Gonzalo Jiménez de Quesada, su fundador, ya no observa el centro de la ciudad desde la Plazoleta del Rosario. Hoy su escultura permanece resguardada en el Museo de Bogotá, tumbada en el piso y todavía con las deformaciones que sufrió luego de que la derribaran durante las protestas de 2021.
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La pieza está bajo custodia y administración del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC), al igual que el pedestal que quedó vacío en la plazoleta. Según confirmó la entidad, la escultura presenta un buen estado general de conservación y los daños ocasionados no comprometen su estabilidad.
Desde 2021, el Instituto ha realizado trabajos para estabilizarla y actividades periódicas de conservación preventiva, entre ellas limpiezas para retirar polvo, suciedad superficial y microorganismos. Después de permanecer un tiempo en el Museo Nacional, la trasladaron al Museo de Bogotá, donde se encuentra protegida. Sin embargo, su destino todavía no está escrito.
El IDPC explicó que, por tratarse de un bien mueble, la estatua puede cambiar nuevamente de ubicación, según las decisiones institucionales y las necesidades de gestión patrimonial. Por ahora, no existe una determinación definitiva sobre el lugar en el que permanecerá: podría continuar en un museo, trasladarse a otra institución o, eventualmente, regresar al espacio público.
De homenaje a documento histórico
La escultura de Gonzalo Jiménez de Quesada llegó a Bogotá como un regalo del Gobierno español y se inauguró el 6 de agosto de 1960. La obra reflejaba una forma de narrar la historia propia del siglo XX, centrada en los héroes, los fundadores y la exaltación de la herencia española.
Primero se instaló frente a la iglesia de Las Aguas. En 1978 pasó a la avenida Jiménez, frente al antiguo edificio de la Caja Agraria, y en 1988 llegó a la Plazoleta del Rosario, durante la recuperación del centro histórico, por los 450 años de Bogotá.
Aunque permaneció más de tres décadas frente a la Universidad, no existe una relación histórica directa entre Quesada y esa institución. Así lo explicó Eliécer Mauricio Tovar Gutiérrez, historiador de esa universidad, con experiencia en patrimonio cultural y memoria histórica, y quien estuvo vinculado al Museo del Rosario.
Quesada murió antes de la fundación de la Universidad, ocurrida en 1653. El vínculo surgió alrededor de la plazoleta y de las dinámicas construidas por estudiantes, comerciantes, trabajadores, vendedores y transeúntes que habitan diariamente este sector del centro. “Más que una relación histórica, existe una construcción alrededor del lugar y de los significados que la ciudadanía le dio a la estatua”, explicó Tovar.
Ese significado cambió el 7 de mayo de 2021, cuando integrantes del pueblo Misak derribaron la pieza durante el Paro Nacional. La acción fue presentada como un juicio histórico contra la violencia, el despojo y la imposición que representó la conquista para los pueblos indígenas.
Una estatua que cambió de lugar y significado
El IDPC decidió no borrar completamente las afectaciones que sufrió la pieza. Las deformaciones, golpes y marcas ocasionados durante las protestas fueron conservados, porque ahora forman parte de su historia material. “La estatua ya no solamente habla de cómo se veía la conquista en 1960, sino también de cómo se reinterpretó esa misma historia en 2021, a la luz de nuevos movimientos sociales y debates políticos”, explicó Tovar.
Para el Instituto, la escultura debe entenderse como un documento histórico. Las marcas de su derribo, ocurrido durante la pandemia de covid-19 y el Paro Nacional, permiten registrar uno de los principales debates contemporáneos sobre memoria, patrimonio y representación en el espacio público.
Tras la caída, la entidad adelantó mesas de diálogo y encuestas para conocer las posiciones de la ciudadanía. Una de las principales conclusiones fue que resultaba conveniente trasladar la estatua a un museo, decisión que terminó sustentando su ubicación actual. El debate, no obstante, permanece abierto: ¿retirar una estatua significa borrar la historia o dejar de homenajear públicamente a un personaje?
Para Tovar, los monumentos reúnen ambas dimensiones. Son bienes culturales y artísticos que permiten comprender cómo una sociedad interpretó su pasado en determinado momento, pero también son instrumentos de conmemoración que pueden ser cuestionados por las generaciones posteriores.
“Hay una tensión entre el valor patrimonial y la posición de quienes cuestionan la función conmemorativa del monumento”, aseguró.
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El pedestal que quedó vacío
Mientras la estatua permanece en el Museo de Bogotá, su antiguo pedestal ha sido utilizado para exposiciones e intervenciones artísticas. Allí se han instalado obras temporales relacionadas con la Bienal de Arte de Bogotá y actividades culturales promovidas por la Universidad del Rosario.
El vacío también se convirtió en un espacio de discusión: algunos han propuesto instalar otra escultura, una obra construida con comunidades indígenas, un monumento relacionado con la paz o incluso conservarlo como un lugar destinado a intervenciones temporales.
Para Tovar, esa posibilidad permite que la plazoleta no quede atrapada exclusivamente en la discusión sobre Quesada. “Lo importante es preguntarse qué nuevo significado puede tener ese espacio público, qué símbolos pueden permanecer allí y cómo puede convertirse en un lugar de diálogo con la ciudadanía”, indicó.
En el cumpleaños 488 de Bogotá, la ausencia de la estatua también revela que la forma de narrar la ciudad está cambiando. Su historia ya no se reduce a una fecha, a un conquistador o al relato de una fundación protagonizada por un solo hombre.
La escultura de Quesada cuenta hoy varias historias al mismo tiempo: la exaltación de la hispanidad durante el siglo XX, la conquista del territorio, las disputas contemporáneas por la memoria y las protestas que terminaron por bajarlo del pedestal. Por ahora, Quesada continúa en el Museo de Bogotá. Está protegido, pero su futuro permanece abierto, como la conversación de una ciudad que todavía decide cómo recordar su pasado.
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