3 Sep 2020 - 11:45 a. m.

¿Qué tan preparada está Bogotá para el autocuidado?

No se ha cumplido una semana desde el inicio de la “nueva realidad”, basada en la reapertura gradual de sectores económicos, y ya volvieron los trancones y las aglomeraciones, como las que se vivieron el miércoles en San Victorino.
Manuela Valencia Gómez

Manuela Valencia Gómez

Periodista Bogotá
El Distrito espera que al día no se movilicen más de cuatro millones de habitantes en las calles.
El Distrito espera que al día no se movilicen más de cuatro millones de habitantes en las calles.

No lleva una semana la denominada “nueva realidad”, en la que los bogotanos enfrentan el desafío de aprender a convivir con la pandemia aplicando protocolos de bioseguridad y autocuidado, y ya hay dudas de qué tan preparados están los ciudadanos para asumir este reto. De acuerdo con la alcaldesa Claudia López, la autorregulación ciudadana es la clave para evitar un nuevo confinamiento, pero las escenas de los últimos días aparentemente no dan mucha tranquilidad.

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A los trancones que se vivieron el fin de semana, se sumaron las aglomeraciones que se vieron en la mañana de este miércoles en sectores comerciales como el 20 de Julio y la zona de San Victorino, donde transeúntes y vendedores informales, asentados en las calles, se mezclaron sin respetar el distanciamiento social para evitar la propagación del virus. De hecho, algunos ciudadanos no portaban bien su tapabocas.

A pesar de que la Secretaría de Gobierno intervino la zona, en compañía de la Policía de Bogotá, la preocupación es que esta tendencia se vuelva más constante con el pasar del tiempo y los controles generen tensiones entre comerciantes y autoridades. Para Mario Noriega, arquitecto urbanista, esta es una gran posibilidad y dice que la estrategia se dio en un momento crítico para la ciudad.

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“Depositar la confianza en la autorregulación ciudadana es como el pico y placa. El tráfico era tan complicado y grave que le dijeron a los ciudadanos no saquen carros en ciertos días, les soltaron la responsabilidad a ellos y no funcionó. Tuvo que decretarse una norma sancionatoria para que se acatara la medida. Con esa confianza en el autocuidado nos están diciendo ’nosotros no pudimos, sálvense los que quieran’”, dijo Noriega.

Agrega que la ciudad debe elaborar una base de datos más estricta que ayude a las personas a conocer los lugares críticos en casos de COVID-19, para que sean zonas restringidas y de mayor atención. “ Abrir la ciudad no es tan fácil como lo están haciendo. Se requieren esfuerzos sofisticados y, más allá de que la gente se ponga la máscara y esté al aire libre, deben existir más medidas. Si la ciudad no elabora planos donde le informen a la gente dónde están los contagios, están soltándolos a que jueguen a la ruleta rusa”, expresó el arquitecto.

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De hecho, este argumento es consecuente con lo que dijo el alcalde local de San Cristóbal, Anderson Acosta, cuando se reunió en la tarde del miércoles con los comerciantes del 20 de Julio, para intentar convencerlos de la necesidad del orden y el cuidado. Según afirma, desde el inicio de la pandemia, precisamente las zonas de la localidad en la que se presentaron las aglomeraciones, han sido las que más casos de COVID-19 han registrado.

Por su parte, para el concejal Carlos Carrillo (Polo Democrático), el problema radica en que los lineamientos de la nueva realidad son “confusos” para la ciudadanía, lo que genera que no sepan cómo enfrentar la situación. “Uno no debe minimizar la gravedad de lo que está pasando en Bogotá. Esto no significa que estamos bien en cuanto a estadísticas, sino que parece que estuviéramos dándonos por vencidos abriendo todo. La gente no entiende cuáles son los lineamientos sin una campaña pedagógica ambiciosa. Simplemente es una excusa para que pase lo que tenga que pasar”, expresó el cabildante.

Sin embargo, para otras personas, esta es una oportunidad para que la gente demuestren lo aprendido en los meses de cuarentena y, más que el virus, brote en ellas un sentido de conciencia sin necesidad de estar sometidos a la prohibición. Para Martín Anzellini, director del departamento de arquitectura de la Universidad Javeriana, esta iniciativa ha impulsado la creación de nuevos hábitos en las personas, como el uso de la bicicleta.

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“Me parece maravilloso que nos obliguemos a salir a la calle, al espacio público. La pandemia ha acelerado procesos que de otra manera habrían tardado décadas, como el aumento del uso de la bicicleta y la potencial salida de las personas a la calle. Además, aparte de tener un efecto positivo inmediato, que es la reactivación de sectores económicos. se presenta una oportunidad mas valiosa y es que los bogotanos empecemos a apoderarnos de la calle, a valorar y cuidarnos entre todos”, señaló Anzellini.

La alcaldesa de Bogotá, Claudia López, reitera que la responsabilidad de cumplir con lo acordado la tienen los comerciantes informales y formales, así como la ciudadanía en general, ya que el Distrito lleva varios meses incentivando prácticas seguras para enfrentar la reapertura. “El trabajo de pedagogía del distanciamiento, de autocuidado y seguridad, ha sido constante durante varios meses en San Victorino y 20 zonas más. Si aprendemos a vivir de una manera distinta, la estrategia funcionará. Aprendamos a caminar, a montar en bici, usemos nuestro ’tapañatas’ en lugares públicos y quitémonoslo en los momentos estrictamente necesarios”, dijo la mandataria.

Por su parte, el secretario de Gobierno, Luis Ernesto Gómez, reitere que para lograr una reactivación económica segura, tanto comerciantes como compradores, deben poner de su parte. “Tenemos cientos de funcionarios controlando aglomeraciones en las zonas de comercio popular, pero si San Victorino quiere madrugón, tiene que cumplir los protocolos de bioseguridad”.

El llamado se mantiene. Los bogotanos ya probaron durante cinco meses la incomodidad del encierro, así como sus efectos sociales y económicos. Por más normas o prohibiciones que decrete la administración, es claro que el rumbo de la pandemia y de las medidas que se tengan que aplicar a futuro ahora más que nunca recae sobre los ciudadanos.

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