7 Jun 2019 - 2:34 p. m.

“Rafael me dice pasitico, 'le voy a contar la verdad: yo maté a la niña'”: Francisco Uribe Noguera

El hermano de Rafael Uribe Noguera, en desarrollo de una audiencia en su contra, admitió que su familiar tenía problemas de alcohol y drogas hace 15 años.

-Redacción Bogotá - bogota@elespectador.com

“Rafael me dice pasitico, 'le voy a contar la verdad: yo maté a la niña'”: Francisco Uribe Noguera
Francisco Uribe Noguera y su hermana Catalina, durante la audiencia de hoy en Paloquemao. / Cristian Garavito
Francisco Uribe Noguera y su hermana Catalina, durante la audiencia de hoy en Paloquemao. / Cristian Garavito

Este viernes compareció como testigo en su propio juicio Francisco Uribe Noguera quien, junto a su hermana Catalina, es investigado por supuestamente encubrir a su hermano Rafael Uribe Noguera, confeso asesino de la pequeña Yuliana Samboní.

Noguera, quien admitió que su hermano tenía problemas de alcohol y drogas hace más de 15 años, detalló los hechos registrados ese 4 de diciembre de 2016, relatando que, si bien su hermano le negó todo el tiempo que fuera responsable del crimen de la menor, en un taxi rumbo a la clínica donde fue atendido tras consumir drogas le confesó lo ocurrido.

“Rafael se agacha y me dice pasitico, le voy a contar la verdad: yo maté  a la niña. Y ahí sí la vida se me puso al revés, se me acabó la vida. Me puse a llorar, le dije que era un hijueputa”, narró en la audiencia.

Manifestó que el día de los hechos se encontraba en un bazar en el Gimnasio Moderno y tras salir de ese evento, su esposa –quien lo acompañaba, así como su hermana y su mamá– recibió una llamada de personas que dijeron ser del Gaula. Indica que coordinó un encuentro con los uniformados, pues le advirtieron que una camioneta que figuraba a nombre de su pareja estaba involucrada con el rapto de una menor. (Lea también: Esta es la versión de la esposa de Francisco Uribe del día del crimen de Yuliana Samboní)

“Me empezaron a relatar que se había presentado un rapto de una menor de un barrio cerca. Me dicen que los relatos de quienes estaban por ahí es que la persona que conducía era de pelo largo. Les expliqué que esa camioneta la conduce un familiar, mi hermano, pero que no tiene pelo largo. Empiezo a llamarlo (son 30 o 40 llamadas), pero nunca me contesta. Le escribí por WhatsApp y no leía mis mensajes. Llamé a mi hermana para que le insistiera”, sostuvo.  

Uribe Noguera declaró que pasados 10 minutos, fue su hermana Catalina quien lo llamó y le contó que ya le había contestado Rafael, quien dijo estar donde una amiga y que el carro estaba en el parqueadero. “Yo llevé a los agentes a la casa, en el edificio Equus 64. Le preguntaron a los celadores por Rafael y ellos les dijeron que había salido a las 10:30 de la mañana, con tragos y un comportamiento errático”.

Contó también que, en ese momento, sus papás estaban angustiados, pensando incluso que Rafael había sido víctima de un robo o un secuestro. Luego, manifestó que su hermana Catalina se le acercó y le dijo que, tras haber revisado el parqueadero en Equus 64 y no encontró la camioneta. Por ello, ella decidió desplazarse al edificio Equus 66 (donde la familia tenía un apartamento, pero no era habitado y donde finalmente fue hallado el cadáver de la menor). Sin embargo, sostuvo que Catalina lo llamó ofuscada porque el guarda de seguridad no la dejaba entrar. (Le puede interesar: "Escondí el cuerpo de Yuliana al presentir que iban a llegar mis hermanos": Rafael Uribe Noguera)

“Le digo a Catalina que la tienen que dejar entrar porque es la hermana de Rafael, que el apartamento es de mi mamá. Le manifesté algo que puede parecer ridículo: dígale que su hermano es abogado y la tiene que dejar entrar. Ella me vuelve a llamar y me dice que está al frente de la puerta, que no puede entrar y huele a cigarrillo, que me fuera para allá”, señaló.

Francisco sostuvo que ante esa situación, optó por irse al edificio y en el camino comenzó a preguntarse dónde podría estar parqueada la camioneta. “Los del Gaula no me inquirieron para dónde iba. Llegué al Equus 66 y ya sabiendo que Catalina tuvo problema con el portero, le digo a él que la situación era grave, entonces me abrió la puerta. Le pregunto ‘¿Rafael entró con la camioneta?' Me dice que sí, pero que la parqueó en el sótano”.

Agregó que descendió al parqueadero y vio que sí estaba el vehículo. Se acercó, miró si estaba abierto y haló la manija: “Vi que al interior había un zapatico blanco. El mundo ahí me empieza a cambiar. Venía a buscar a un hermano que no aparecía. Él tenía problemas de alcohol y de drogas hace 15 años, entonces era normal que no apareciera, pero esto era diferente”. (Noticia relacionada: Revelan pruebas en contra de los hermanos Uribe Noguera)

El hermano de Rafael Uribe Noguera detalló además que, dado que su hermana no lograba acceder al apartamento, se le ocurrió ingresar por la azotea, colgándose y exponiendo su vida para poder entrar. Señaló que desde afuera alcanzó a ver que en el mesón de la cocina había una maleta negra, una botella, colillas de cigarrillo y no se oía nada.

“Le digo ‘Rafael contésteme, dónde está’, no se escucha nada. La angustia es absoluta. Le manifesté ‘Rafael lo están buscando, contésteme. Si me hace bajar por este muro me hace matar’. Catalina mientras tanto estaba en la puerta y ella oye que le estoy gritando a Rafael. En ese momento, me descolgué y pude entrar. Veo que hay aceite en el piso, hay muchas colillas, pero no se oye nada”.

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Posteriormente, le aseguró al estrado que, una vez dentro del apartamento, y en medio del desconcierto, vio en el balcón una sombra: era Rafael. “Lo agarro, le digo que lo voy a matar, que era un hijueputa, un malparido. Comencé a preguntarle ‘dónde está la niña, la niña tiene la edad de mi hija’. Lo que yo veo es que ese tipo no era Rafael, estaba sudoroso, sin dormir, con los ojos vidriosos. Él me responde ‘cuál niña, de qué está hablando, por favor no me pegue’. No le pegué, pero le insistí que dónde estaba la niña”.

Al escuchar desde afuera el cruce de palabras, Francisco manifestó que su hermana reclamó que la dejaran entrar. Ella estaba acompañada del portero del edificio y este preguntó si todo estaba bien. Incluso, se asomó y le dijo a Rafael “¿Todo está bien don Rafa?”, a lo que este respondió que sí, que ellos eran sus hermanos. Con los tres adentro, Francisco declaró que continuó con el interrogatorio a Rafael, quien insistía en que no sabía.

“Le dije, en la camioneta hay un zapato. Me confesó que sí la recogió, pero que ella se bajó. Catalina empieza a llorar y yo me pongo a llorar”. De acuerdo con Francisco, quien notó que había aceite en el apartamento, era normal que cuando su hermano consumía drogas y se emborrachaba, se embadurnaba en aceite. “Era una tragedia. Había una botella de aguardiente, había rastros de un polvo blanco, se me ocurrió que era cocaína y él me dijo que había consumido mucho”.

Francisco indicó que en ese momento le preguntó a Rafael que dónde se había bajado la niña, a lo que este respondió que se había bajado en la Circunvalar, que ella bajó y salió corriendo, momento en el que supuestamente se le cayó el zapato. Ante ello, Francisco Uribe Noguera narró que optó por llamar a un abogado penalista para preguntarle por la situación. “En esas, Rafael está sudoroso y se queja que no puede respirar, que se quiere morir. Para mí era hablar con un ente, era absolutamente estresante. Sus ojos eran de alguien que había metido cualquier cantidad de cocaína y de aguardiente”.

Según el hermano de Rafael Uribe Noguera, el abogado penalista le recomendó comunicarse con otro penalista, de nombre Juan David Riveros, a quien le comentó la situación. Agregó que el abogado le dijo que la situación era grave, pues la camioneta en la que ocurrió el rapto era de su esposa (Laura Arboleda) y lo que le hubiera pasado a la menor era responsabilidad de Rafael.

En paralelo, al advertir el estado de salud y de excitación de Rafael, resolvió llevarlo a una clínica en un taxi. “Rafael en el edificio decía que lo dejaran salir, que lo dejaran ir al balcón, yo tenía un miedo profundo de que se fuera a lanzar. Le pregunté al abogado si lo podíamos llevar a una clínica. Cogimos un taxi, "un zapatico", eran como las 5:30 de la tarde, y nos montamos con Catalina y Rafael en el puesto de atrás. Íbamos tan apretados que le dije a ella que se bajara.

En medio de esa situación, Francisco cuenta que recibió una llamada de una agente del Gaula que le preguntó dónde estaba: “Le dije que ya la llamaba. Colgué. Luego me llaman de otro teléfono, contesté y era un capitán. Le expresé que iba con Rafael en un carro, rumbo a una clínica, que cuando estuviera allá lo llamaba. Ahí entró una llamada de mi esposa, muy ofuscada, quien me dice que llame a los del Gaula, que me están buscando y le respondí que tranquila, que ya había hablado con ellos”.

Agregó que, justo en ese momento, en el taxi, Rafael se agachó y le dijo “le voy a contar la verdad, yo maté a la niña”. Señaló además que Rafael justificó lo ocurrido diciendo que “fue un accidente” y que la pequeña gritaba mucho, por lo que le tapó la boca y ella terminó muriendo por asfixia. Ante ello, Francisco le preguntó si le había hecho algo más, en relación a un aparente abuso, y él respondió que no y que todo era un accidente. Sin embargo, admitió que le había quitado la ropa.

Tras llegar a la clínica, Francisco manifiesta que comenzó a preguntarle dónde estaba el cadáver de la niña y este respondió que debajo del jacuzzi. Luego, fue atendido por el personal médico y minutos después, se le acercó una doctora que le dijo que había que trasladarlo a otro centro médico, pues estaba presentando problemas del corazón.

En medio de esa situación, a la clínica llegaron agentes del Gaula, que le dijeron a Francisco que tenía que trasladarse con ellos al apartamento. Les contó lo ocurrido y una vez llegaron al apartamento, fueron a buscar el cuerpo que, en efecto, se encontraba debajo del yacuzzi. “Me dicen que hay un cuerpo, que aparentemente no tiene vida. Les dije que si me podía ir. Yo tenía mareo, no me sentía bien”. Le dijeron que sí y este les preguntó si podía llevarse las cosas de su hermano, entre ellas su celular, y que los agentes le respondieron que no había problema. 

Francisco concluyó que esa noche estuvo hasta tarde con los uniformados del Gaula y que al otro día lo llamaron porque necesitaban hacer un allanamiento.

Narró que tras el episodio y luego de que se hiciera público lo ocurrido en los medios de comunicación, le comenzó a escribir mucha gente. Agregó que en esos días, cuando iba en un taxi, escuchó al fiscal Néstor Humberto Martínez advirtiendo que las personas que habían estado junto a Rafael en el apartamento supuestamente manipularon la escena de los hechos. “Me dio angustia, porque los únicos que estuvimos allí habíamos sido Catalina y yo”.

Ante ello, optó por irse a los juzgados de Paloquemao a contar lo ocurrido y acudió a un despacho de la Fiscalía, donde le dijeron que no podían recibir su declaración sin la presencia de un abogado. En días posteriores, sostuvo que comenzó a recibir amenazas a través de redes sociales, por lo que resolvió cerrar sus cuentas de Instagram y Facebook. Declaró que las intimidaciones fueron de tal calibre que desconocidos amenazaron con abusar sexualmente de sus hijas y de matarlo a él.

“La vida se me puso patas arriba. Mi hermano había matado a una niña. Yo me tuve que cambiar de casa, mi socio en la firma de abogados me dijo que tenía irme de la oficina en la que estuve por 18 años”, concluyó. 

En su declaración, Francisco indicó que, como el apartamento del edificio Equus 66 donde se registraron los hechos estaba en arriendo, se evidenciaba el número de teléfono celular de Rafael, por lo que comenzaron a recibir más amenazas. Por todo esto, entregó voluntariamente su teléfono, el de Rafael y el de Catalina.

Interrogado de por qué no dio aviso a las autoridades en el momento en que encontró a Rafael, Francisco sostuvo que es un hecho “que lleva preguntándose durante tres años (…) Cuando yo vi a la niña, mi mente me llamó a ir a buscar a mi hermano y preguntar qué estaba pasando”. Precisó que solamente cuando su hermano le contó del crimen fue cuando pensó en llamar al Gaula. “Ahí les digo vénganse para la clínica Monserrat”.

Francisco remató su testimonio señalando que hoy sale tranquilo a la calle, "porque no tengo nada que ocultar". 

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