El alquiler o instrumentalización de mascotas para apelar a la solidaridad de transeúntes y ususarios de transporte público se ha convertido en una forma silenciosa de explotación animal en Bogotá. Detrás de las miradas de perros y gatos en los vagones del transporte masivo, con frecuencia se esconden jornadas extenuantes, alimentación precaria e instrumentalización, hechos que configuran situaciones de maltrato.
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Un nuevo caso expuso la realidad de esta práctica cotidiana luego de que las autoridades rastrearan y retiraran de circulación a una perra en evidente estado de deterioro físico que era paseada durante horas por múltiples estaciones de Transmilenio para recoger limosna.
El seguimiento no fue fortuito. La constante presencia del animal en las plataformas generó alertas entre los pasajeros, lo que motivó un rastreo mediante las cámaras de videovigilancia del sistema. Las imágenes permitieron reconstruir el recorrido del tenedor por varios puntos de la red hasta su interceptación definitiva en la estación Guatoque-Veraguas.
Sin agua, sin comida y en malas condiciones
Al momento del abordaje, la valoración de los médicos veterinarios del Escuadrón Anticrueldad confirmó las sospechas de los usuarios: la canina registraba un cuadro evidente de deterioro físico, signos de debilidad y no contaba con raciones de agua ni alimento para soportar las extensas caminatas dentro del sistema.
Ante la evidencia de la vulneración, la Policía aplicó la aprehensión preventiva para arrebatarle la custodia al sujeto. El animal fue trasladado a una clínica veterinaria del Instituto Distrital de Protección Animal (IDPYBA), donde actualmente permanece bajo observación médica para diagnosticar sus secuelas físicas e iniciar un proceso de restauración de sus derechos.
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