
Ante una realidad que se repite a diario, el Distrito ha fortalecido una serie de acciones para prevenir, atender y responder a los casos de acoso sexual.
Foto: Transmilenio
El acoso sexual no siempre deja huellas visibles, pero sí marca rutinas, decisiones y recorridos. Cambiar de ruta, bajarse antes, evitar ciertas horas, fingir una llamada o aguantar en silencio son estrategias a las que miles de mujeres acuden a diario. Esa experiencia, aunque normalizada, no es aislada: responde a una problemática estructural que se refleja en las cifras oficiales.
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Por Ana Rodríguez Novoa
Periodista y profesional en Opinión Pública desde 2021, formada en la Universidad del Rosario. Con especial interés en temas sociales y culturales de Bogotá. Ha trabajado en redacciones universitarias y proyectos editoriales, con experiencia en reportería y escritura narrativa. Actualmente hace parte del equipo de Bogotá en El Espectador.amrodriguez@elespectador.com
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