Buena parte de los 2.500 locales que hay en San Victorino, la zona de ventas al por mayor en el centro de Bogotá, bajaron este miércoles sus rejas. Los comerciantes se unieron para marchar contra el supuesto contrabando y la invasión de los empresarios chinos en el sector. “Yo compro colombiano, ¿y tú?”, “No al cierre de empresas de confección colombianas”, dicen las camisetas que portaban alrededor de 5.000 manifestantes. (Lea: Comerciantes de San Victorino, inconformes con la proliferación de empresarios chinos)
La consigna de la marcha, convocada desde hace 20 días, es que el Gobierno Nacional aplique medidas arancelarias para que los comerciantes de ese país no los desplacen del mercado. En el aire rechinaba el ruido de vuvuzelas y pitos, mientras la gente, a fuerza de la lluvia, avanzó lentamente por la carrera Décima con destino a la Plaza de Bolívar.
Una de las preocupaciones que más tiene inquietos a los comerciantes colombianos es el nicho de mercado que están perdiendo por cuenta de la proliferación china: la ropa para mujer, una de sus mayores fortalezas en Bogotá.
Según explica Yansen Estupiñán, líder del centro comercial GranSan y uno de los promotores de la marcha, los chinos no importan un producto en concreto, sino que compran prendas que están en tendencia en el comercio local, las mandan copiar en su país y luego las venden a precios ínfimos. Agrega que son ya 44 inmuebles que ellos tienen arrendados, entre las calles 10 y Jiménez y de la carrera 10ª hasta la Caracas, los cuales permanecieron cerrados durante la jornada. Allí venden, sobre todo, blusas, leggins y vestidos para mujer.
Geovany Moreno, fabricante de jeans levantacola para mujer, dice por ejemplo, que en su negocio trabajan con insumos importados y que es imposible competir con los precios de los chinos. Asegura que vendía al mes unos $50 millones y ahora la cifra rodea los $20 millones. Estupiñán añade que “una blusa de tierra caliente para dama le cuesta a un empresario colombiano $24.000 (sólo ponerla en el mercado). La misma blusa ellos la mandan confeccionar en China y la venden a $12.000". Las empresas que confeccionan las prendas para los negocios locales, ubicadas en Ciudad Bolívar, Santa Librada, Usme, entre otras zonas de la ciudad, serían las más afectadas por la competencia.
Durante el trayecto de la marcha de este miércoles, los comerciantes vociferaban a los locales abiertos que bajaran las rejas. La multitud sólo se detuvo cuando gestores de convivencia de la alcaldía y brigadistas de los centros comerciales del sector hicieron una cadena humana y les pidieron que siguieran su rumbo. Pese a que Estupiñán sostiene “que el problema no es con el ciudadano chino, sino contra la falta de legislación”, se oían arengas contra ellos y gritos que pedían que se fueran de la zona.
Según Fenalco Bogotá, San Victorino genera más de 200.000 empleos directos, unas 35.000 familias dependen de las 10.000 negocios establecidos en el sector. De todos los productos que se consiguen allí, como vestuario, juguetería, papelería, calzado, joyería, artículos de cuero y para el hogar, gran porcentaje es importado.De acuerdo con el portal Dataexim (base de datos privada con el registro de importaciones), el año pasado, comerciantes con negocio en Bogotá importaron de China US$16 millones en estos productos.
Kenny Tsui, presidente de la Comunidad China en Colombia, aseguró tras la marcha que detrás de la mercancía que ofrecen no existen mafias ni lavado de activos ni contrabando. La razón de los precios bajos, según él, es que mientras el colombiano viaja a ese país y compra en ferias, los chinos van a los remates de fábrica.