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19 Dec 2021 - 2:00 a. m.

Seguridad, una evaluación en la que Bogotá se raja

Durante este año las cifras de homicidio y hurto fueron protagonistas. Las estadísticas de los últimos cuatro años demuestran que en la capital existe una violenta tendencia, la cual no disminuye a pesar de las medidas correctivas que trae cada administración. Los indicadores demuestran que la delincuencia no es un tema de percepción.
En agosto inició en Bogotá el patrullaje de policías militares; también hay asistencia militar en otras ciudades como Cali, Barranquilla y Cúcuta. / Gustavo Torrijos
En agosto inició en Bogotá el patrullaje de policías militares; también hay asistencia militar en otras ciudades como Cali, Barranquilla y Cúcuta. / Gustavo Torrijos
Foto: GUSTAVO TORRIJOS

Alejandro Jiménez Campo, después de haber recibido un disparo en medio de lo que sería un atraco, alcanzó a caminar un par de metros intentando pedir ayuda. Su cuerpo fue llevado hasta el hospital de Engativá, pero allá se confirmó su muerte en las primeras horas del pasado martes 7 de diciembre. Diego Fernando Moreno Díaz, un vigilante de 30 años, es otra víctima de la inseguridad en Bogotá. Durante la madrugada del viernes 10 de diciembre recibió un disparo por intentar evitar un hurto en una residencia.

Casos como estos, en lo corrido del año se han registrado 1.071 (hasta el 12 de diciembre), entre hechos de intolerancia, intentos de hurtos, feminicidios o ajustes de cuentas que terminan en asesinatos. Esta cifra, faltando 12 días para que se acabe 2021, ya superó en 33 casos la del año pasado, siendo la más alta del último cuatrienio, esto sin contar con que en las festividades de Navidad y fin de año hay niveles superiores de violencia.

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Entre las cifras reveladas por la Secretaría Distrital de Seguridad y la Policía también sorprende cómo la localidad de Kennedy se ha venido perfilando como una de las más violentas, dejando 166 crímenes entre enero y noviembre de este año. Además, llama la atención que en solo dos de sus 12 UPZ se concentraron 85 de los homicidios que se han presentado hasta ahora. Una conducta similar se evidencia en localidades que tradicionalmente se han tipificado como violentas, como lo son Usme, Ciudad Bolívar y Bosa.

Eso que está pasando en el corredor occidental de la capital es la evidencia de la veracidad de la alerta temprana emitida por la Defensoría del Pueblo, a principio de este año, y los datos revelados por El Espectador sobre criminalidad y tráfico de drogas en Bogotá. Las cifras confirman que especialmente en Kennedy existe una vendetta por tomar control de las líneas de tráfico de drogas, además de una instrumentalización de migrantes, hecho que ha cobrado la vida de 106 venezolanos en la capital.

Precisamente lo sucedido en estas localidades obligó a que el Distrito iniciara el Plan de Intervención y Acompañamiento a Bogotá desde agosto pasado, que consiste en patrullajes combinados entre Policía y Ejército, como estrategia de persuasión. Pero, aun con la presencia activa de las autoridades en las calles, hubo 369 muertes desde que se militarizó la ciudad.

Si bien existe un balance positivo de su operatividad, con 8.299 capturas y un número similar de organizaciones delictivas desmanteladas en tres meses de trabajo, la percepción de inseguridad no ha mermado, evidencia de ello son los resultados de una encuesta de la firma Invamer sobre seguridad, en 64 municipios, en la que participaron cerca de 1.200 personas, donde Bogotá ocupó el primer lugar. Por lo menos el 84,8 % de los encuestados en la capital dijeron sentirse inseguros, además el 52,7 % indicó que durante el último año fue víctima de algún delito.

Dicha percepción, además de estar respaldada por las cifras, tendría que ver con la pandemia y el aislamiento preventivo obligatorio implementado por la pandemia, o por lo menos así lo ve Andrea Ortiz, analista y asesora en temas de seguridad y convivencia ciudadana.

“Las personas estuvieron guardadas mucho tiempo y al salir nuevamente, al movilizarse por la ciudad, después de un período en donde estuvieron un poco más seguras, y al enfrentarse a todos los riesgos que tiene Bogotá, ahí la percepción respecto a sus meses anteriores cambia radicalmente. La percepción de que la ciudad se ve un poco más hostil es porque ellos estaban en un entorno más seguro, con sus familias, y no tan expuestos”, aseguró.

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La meta que se trazó el Distrito, el 30 de julio de 2020, con período de cumplimiento a 2024, en el Plan Integral de Seguridad Ciudadana, Convivencia y Justicia, fue la de reducir la tasa de homicidios de un 13,9 a un 9,9 por cada 100.000 habitantes, pero a la fecha esa meta no está ni cerca de alcanzarse. El año pasado la cifra disminuyó apenas un 1 %, y como van los índices hasta ahora, 2021 aumentó 3 % respecto a los años anteriores, por lo que el reto para el gobierno distrital es cada vez mayor.

Otro de los indicadores que está al alza es el de hurto en cualquiera de sus modalidades. Las estadísticas oficiales dan cuenta de que para 2020 hubo 82.984 robos a personas, mientras que para este año, con corte a noviembre, van 95.548 casos. El más reciente fue el de una mujer en Suba, quien sin poner resistencia ante la petición de los atracadores recibió un disparo en el rostro, que por escasos centímetros le pudo quitar la vida.

El fenómeno que hoy se vive en Bogotá había sido previsto por algunos expertos a mediados de este año, cuando se habló de reactivación, como un efecto “rebote”, pero incluso previo a la confirmación de la apertura total de Bogotá los números ya eran alarmantes. Eso ocurrió en la medición del delito de hurto a celulares, indicador que aumentó en 2.148 casos respecto a 2020.

Ortiz señala que si bien no existe un efecto “rebote” tan marcado en temas como el homicidio, algunas circunstancias de este 2021 sí habrían llevado a incrementos considerables en otros indicadores.

“Hay otro tema aparte de la pandemia en la ciudad, y es todo lo que ocurrió con las protestas. Esto, creo, influyó en cierta medida en los homicidios y algunas otras cifras. Lo que sucedió por la protesta social tocó indicadores como las lesiones personales, también los hurtos, incluso el hurto a comercios con los saqueos y demás. Entonces sí tenemos temas relevantes en el análisis: la cuarentena y la pandemia, además de todo lo que sucedió por la protesta social”, explicó.

Precisamente en cuanto a las lesiones personales, Bogotá también perdió en 2021. El año pasado cerró con 17.513 casos, pero a noviembre de este año esa cifra ya fue superada en casi 2.300 hechos. Algo similar se evidencia en el hurto de bicicletas, que hasta octubre había dejado más de 8.000 víctimas. Y es que pareciera que la premisa de los ciudadanos, de que “no se está seguro en ningún lado”, se estuviera cumpliendo, porque el hurto de motocicletas también aumentó en casi mil robos.

El hurto a automotores sería otro de los grandes enemigos de los capitalinos. A finales del mes pasado un hombre fue amenazado con arma de fuego en Kennedy y en cuestión de segundos lo despojaron de su camioneta, estando a menos de un metro de su casa. Ese robo ya es parte de los 3.326 que ocurrieron este año, cifra que está a 100 casos de alcanzar la del año anterior.

Andrea Ortiz asegura que comparar este año con 2020 no sería lo más conveniente, debido a lo atípico que fue y las medidas de aislamiento impuestas, pero sí resalta que es curioso que el año pasado no se evidenció mayor reducción, aun cuando buena parte de los ciudadanos estuvieron confinados.

“Por la pandemia uno pensaría que las cifras debieron reducirse en mayor cantidad, por ejemplo en el tema de homicidios, pero no hubo una baja importante. Esto quiere decir que los grupos criminales estuvieron activos, y digamos que estos hechos pudieron estar vinculados a temas de homicidios selectivos, de ajustes de cuentas y casos de hurtos”, agregó.

No todo está perdido

A pesar de que más de la mitad de los delitos considerados de alto impacto fueron superados este año, hay tres en los que Bogotá logró importantes reducciones. Aun cuando este mes las cifras llegaran a superar a las de los diciembres de años anteriores, estas no estarían cerca de las de 2020, por lo que se podría catalogar como un logro la reducción en los casos de violencia intrafamiliar y delitos sexuales. Comparadas con el año pasado, hubo una disminución de casi 8.000 y 128 casos, respectivamente.

Lo anterior, y una tendencia a la baja en los feminicidios, marcando una reducción de casi 20 hechos durante los últimos cinco años, respondería, dice Ortiz, a que “los programas de la Secretaría Distrital de la Mujer se han fortalecido bastante, sobre todo en esta administración, y eso puede tener algún eco en el que los riesgos y los datos se han reducido. Además, se podría decir que los programas están siendo exitosos y están llegando a tiempo”, concluyó.

El tercer delito en el que la capital le ganó a la criminalidad es el hurto a residencias, el cual es un caso bastante característico. A pesar de que en 2020 buena parte de los ciudadanos estuvieron confinados, se perpetraron 8.590 robos en predios de Bogotá, y este año, que se habló de retorno a la normalidad y reactivación, hubo 1.500 casos menos.

Las entidades han hablado de la identificación de las redes delictivas, la población es testigo del alcance de estas estructuras y los indicadores son la gran conclusión de que la criminalidad pareciera estar cada vez más cerca.

Las autoridades se enfrentan a nuevas formas de operar, y para contrarrestar esto intentan trabajar con el pie de fuerza que tiene a su disposición, pero este también se vio afectado por la pandemia.

A puertas de un 2022 con reapertura del 100 % en todos los sectores, Bogotá, según expertos, tendría que estar cobijada con una gran estrategia de seguridad que garantice, más allá de la reducción en las cifras, la recuperación de la confianza de los capitalinos. “La problemática no son solo simples robos u homicidios aislados, sino también tiene que ver con casos de corrupción”, reitera la ciudadanía, es por eso por lo que atacar la criminalidad tendría que ir más allá de operativos conjuntos entre Policía y Ejército, o más presencia de uniformados en las calles.

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