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Un video difundido en redes sociales desató una ola de indignación por el trato que estarían recibiendo algunas mascotas en el cerro de Monserrate, uno de los destinos turísticos más concurridos de Bogotá. Las imágenes muestran perros encerrados en jaulas pequeñas y en condiciones precarias mientras sus dueños realizan el ascenso al santuario.
La denuncia fue hecha pública por una ciudadana identificada como Maff Díaz, a través de la cuenta @prensalibre.col, donde se observa cómo visitantes que llegan con sus perros —y no pueden subir con ellos— optan por dejarlos en jaulas improvisadas en puestos de comida cercanos, bajo el argumento de que allí los “cuidan” mientras regresan.
Según lo registrado en el video, los animales permanecen durante largos periodos en espacios reducidos, sin posibilidad de moverse libremente, expuestos al ruido, al flujo constante de personas y a un entorno completamente ajeno para ellos. En varios casos, se les ve alterados, llorando y mostrando signos evidentes de estrés y angustia.
Las imágenes generaron rechazo inmediato entre ciudadanos y defensores de los derechos de los animales, quienes consideran que este tipo de prácticas pueden constituir maltrato, incluso si no hay agresión física directa. Advierten que el encierro prolongado, la falta de movilidad y el estrés emocional afectan gravemente el bienestar de los animales.
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El llamado ha sido enfático hacia los dueños de las mascotas. Organizaciones y ciudadanos insisten en que la responsabilidad principal recae en quienes deciden llevar a sus animales a planes que no garantizan su cuidado. “Si el plan no incluye condiciones dignas para la mascota, lo responsable es no llevarla”, señalan en redes.
También se pide a la administración del cerro y a las autoridades competentes que refuercen los controles y adopten medidas claras para evitar que las mascotas sean dejadas en condiciones inadecuadas, incluso de forma temporal. La ciudadanía reclama reglas más estrictas y alternativas responsables que prioricen el bienestar animal en un espacio turístico de alta afluencia.
Mientras el debate sigue creciendo en redes sociales, el caso reabre una discusión de fondo: el cuidado de las mascotas no es opcional ni circunstancial, sino una obligación ética y legal, especialmente en espacios públicos donde su bienestar puede verse comprometido.
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