5 Oct 2020 - 2:03 a. m.

“Verbenal está podrido”

Residentes y líderes de varios barrios de Usaquén confirman algo que viene alertando la Defensoría del Pueblo hace unos meses: la situación de violencia e inseguridad en la zona va más allá de delincuencia común. Detrás estarían grupos armados de delincuencia organizada.

Muchos ojos se posaron el último mes sobre Verbenal, una de las últimas UPZ (Unidad de Planeamiento Zonal) de Usaquén, en el norte de Bogotá y en la parte baja de los cerros orientales. En especial, fue noticia el 9 de septiembre, por cuenta de los enfrentamientos entre manifestantes y uniformados, que dejaron un saldo de tres jóvenes muertos y varios heridos, al parecer por balas de la Policía.

Más allá de este hecho, la realidad es que la situación de violencia e inseguridad en Verbenal y sus alrededores no es nueva. Esta se ha venido deteriorando desde hace años, según denuncian líderes y vecinos. Solo hay que dar un vistazo a casos recientes como el asesinato de un joven cantante de rap, a plena luz del día, cuando iba a abordar un taxi; el hallazgo de restos humanos en El Codito, o los múltiples casos de hurtos masivos y de bicicletas.

El retorno del miedo y la zozobra, sensación que ya vivieron hace quince años, parece tener una explicación: desde mediados de este año la Defensoría del Pueblo alertó de que, además de Verbenal, en otras UPZ como La Uribe, San Cristóbal norte y Toberín hay una fuerte presencia de grupos de delincuencia organizada, que representan un riesgo para líderes sociales, a los cuales han venido amenazando de forma sistemática, y para los niños y jóvenes, que han sido reclutados a la fuerza para realizar actividades relacionadas con el microtráfico.

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Tan preocupante es la alerta de la Defensoría que, según indica, en esta zona del norte de la ciudad hay una fuerte lucha entre grupos sucesores del paramilitarismo por los corredores en la zona hacia otras poblaciones, entre ellas Los Paisas y Los Pascuales, que estarían subordinadas a las denominadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia (Agc), y Los Boyacos.

Pero ¿cuál es la importancia de controlar este sector? Según la Defensoría, la importancia radica en que las bandas ligadas al narcotráfico vienen instalando laboratorios móviles para procesar coca, en municipios cercanos a Bogotá (como ocurrió con la finca del embajador Fernando Sanclemente, en Guasca). Eso, dice la alerta, “les permitiría mermar los riesgos y costos en el transporte del alcaloide hacia la capital, aprovechando la articulación o subordinación de otros grupos armados que operan en localidades periféricas”.

Es en ese contexto en el que se vienen registrando acciones cada vez más violentas, siendo el homicidio el delito que más preocupa. Cifras de la Secretaría de Seguridad revelan que en el primer semestre de 2020, con cuarentena y todo, hubo 31 asesinatos (28 hombres y tres mujeres), lo que representa un aumento del 82,4 %, comparado con el mismo período del año pasado, cuando fueron 17.

Al discriminar las cifras por barrios aparece Verbenal como el más afectado (con siete), seguido de San Cristóbal norte y La Uribe (con cinco y cuatro casos, respectivamente). Además de los homicidios, la alerta describe otras prácticas como desapariciones forzadas y extorsiones mediante panfletos, llamadas intimidantes, videos y hasta correos electrónicos.

Tan intimidante es la situación que los líderes y vecinos que accedieron a hablar, pidieron reservar su identidad. Uno de ellos, quien lleva más de treinta años como líder comunal, denunció que la preocupación es generalizada “porque a cada rato se ven panfletos de grupos subversivos. La última vez que eso pasó fue en 2005, y en ese entonces asesinaron a unos treinta jóvenes. Por estos días hay mucha zozobra, la gente prefiere no salir de noche”.

Por su parte, una lideresa describe un poco mejor lo que ocurre en algunos barrios. Explicó que en Verbenal, Santa Cecilia y Villa Nidia “el narcomenudeo es impresionante”, y que la preocupación empieza a trasladarse a Cedritos, Barrancas, Cedro Golf y, en general, al corredor de la carrera novena, todo por cuenta de los atracos masivos en buses y el hurto de bicicletas. De hecho, ese es el otro delito que tiene cifras en rojo: entre enero y junio se reportaron 399 robos a ciclistas, 19 más que en 2019.

“Verbenal está podrido”, resume la mujer, quien cree que la situación se puede comparar a lo que ha vivido Ciudad Bolívar en varias etapas de la historia y considera que la solución es una intervención integral, como se hizo en 2005, cuando otros grupos armados hicieron presencia en la zona y tuvieron que enviar derechos de petición para que se hiciera una intervención inteligente. “En Ciudad Bolívar y otras zonas han emitido alertas y fue necesario llevar fuerzas especiales, pero en Usaquén las cosas se han querido ocultar, quizá porque hay una estratificación muy diversa”.

Para lo inmediato, la solución sería construir por fin la Unidad de Reacción Inmediata (URI) que vienen reclamando hace varios años y que se mejoren las herramientas de vigilancia. Según cree el edil Horacio Estrada (Cambio Radical), eso es clave porque cuando se atrapa a un ladrón, “deben hacer un proceso muy engorroso para trasladarlo a una URI y al final queda libre. Además, un robo menor como el de un celular no se denuncia y en la medida en que las cámaras de seguridad no sirvan, será imposible mejorar la seguridad”.

La situación ya llama la atención de concejales como Diego Cancino (Alianza Verde), quien se cuestiona qué está detrás de la estrategia de control territorial. “En El Codito, Verbenal y La Uribe la situación es alarmante y lo que nos dicen los jóvenes y las organizaciones de derechos humanos es aterrador”. El panorama es inquietante y por ahora no hay muchas soluciones. El Distrito realizó un consejo de seguridad y ofreció CAI móviles que, según vecinos, aún no se han visto, por lo que el clamor generalizado es que se incremente la inteligencia y la presencia de autoridades para evitar que el recrudecimiento de la violencia siga ganando terreno.

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