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Hace aproximadamente 2,5 millones de años, los homínidos, antepasados de los humanos, empezaron a consumir más alimentos de origen animal. Si bien se sabe que ese aporte de proteínas y grasas fue clave para su evolución cerebral, un grupo de investigadores se preguntó por el papel que el azúcar habría cumplido en dicho desarrollo.
El equipo, liderado por Jennie Brand-Miller, científica especializada en nutrición humana de la Universidad de Sídney, descubrio que nuestros primeros ancestros, similares a los chimpancés y de hace unos 4 millones de años, tenían una dieta, en su mayoría, vegetariana, por lo que obtendrían más de dos tercios de su energía de la fruta. Durante millones de años, mantuvieron el consumo de azúcar, a medida que sus cerebros crecían, pasando de pesar casi 300 gramos a 1500 gramos. En otras palabras, el aumento del tamaño cerebral de los homínidos se produjo, en gran medida, antes de que dominaran el fuego
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Estudios anteriores, de la década de los 90, ya habían sugerido que las exigencias cognitivas de consumir fruta podrían haber impulsado que los cerebros de los humanos evolucionaran. Según explicó Brand-Miller, la memoria está asociada a un cerebro más grande y, para consumir fruta, es necesario recordar dónde se ubican en el bosque y cuándo empiezan a madurar las distintas especies.
“Las fluctuaciones en la disponibilidad de frutas y miel según las estaciones, los cambios climáticos y la región geográfica podrían haber impulsado comportamientos de búsqueda de alimento que incrementaron el crecimiento y la complejidad cerebral, e incluso provocaron extinciones”, se lee en el artículo, publicado en la revista Science.
En su investigación, Brand-Miller y sus colegas calcularon y compararon las necesidades dietéticas de los chimpancés, los humanos y tres especies de antepasadas de los humanos. Para ello, analizaron datos existentes de fósiles, dientes, metabolismo y fisiología.
Los investigadores hallaron evidencia de caries en primates fósiles y en homínidos posteriores, como el Homo erectus, lo cual es indicio de una dieta que incluía alimentos blandos y azucarados. “Todas estas cosas fueron añadiendo piezas a este tapiz, a este rompecabezas que indicaba que las frutas que contienen azúcares debían ser importantes en la evolución humana”, declaró Brand-Miller.
La científica agregó que estrategias como la caza de animales, en efecto, habrían contribuido a satisfacer las necesidades energéticas de los cerebros de los ancestros antes de que empezaran a cocinar almidones. Sin embargo, una dieta rica en azúcares también habría sido un aporte importante en su evolución. “Las veo como historias paralelas, no como una que reemplaza a la otra”, dijo Brand-Miller.
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