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Barcelona ha sido descrita muchas veces como una obra de arte a cielo abierto. Pero una reciente publicación del New York Times propone verla desde otro ángulo: como una ecuación viviente. Su arquitectura, sus parques y su trazado urbano responden a principios matemáticos.
En el corazón de la ciudad se levanta su estructura más icónica: la Sagrada Familia, la obra monumental de Antoni Gaudí, en construcción desde 1882. Al recorrerla, los visitantes quedan rodeados de formas: círculos, espirales e hipérbolas que se repiten en cada columna. Se dice que Gaudí creía que “la línea recta pertenece a los hombres, y la curva a Dios”, una frase que resume su fascinación por las geometrías naturales.
Incluso en su diseño hay una precisión casi pedagógica. En la fachada de la Pasión, las columnas (de 23 metros de largo y separadas por 14,5 metros) forman un arco que puede aproximarse con dos triángulos rectángulos. Aplicando el teorema de Pitágoras, la altura del arco resulta de unos 22 metros. Las proporciones repiten el principio general del templo: una torre central más alta flanqueada por otras menores, como una sucesión matemática de equilibrio y simetría.
La matemática también se extiende más allá del modernismo. La antigua Plaza de Toros Monumental, hoy usada para conciertos y ferias gastronómicas, es otro ejemplo de geometría aplicada. Su estructura circular, de unos 51 metros de diámetro, tiene un perímetro de 160 metros, calculado con la fórmula C = πd. La forma permite una visibilidad óptima desde cualquier punto del graderío, prueba de cómo la matemática también moldea la experiencia colectiva.
Ese vínculo entre ciencia y ciudad tiene, además, una dimensión contemporánea. Desde el Museo de Matemáticas de Cataluña (MMACA) hasta los recorridos que organiza el estudiante Nicolás Santos, quien ha diseñado “rutas matemáticas” por Barcelona, Girona y Tarragona, la idea es acercar la disciplina a la vida cotidiana. “La gente suele tener miedo de las matemáticas, pero están en todas partes, solo hay que aprender a verlas”.
El propio Ayuntamiento de Barcelona ha hecho eco de esa visión. Durante la celebración del Día Internacional de las Matemáticas 2025, el teniente de alcaldía Jordi Valls destacó que el conocimiento matemático forma parte del patrimonio cultural de la ciudad, y que comprenderlo es clave en una era dominada por la inteligencia artificial. En 2026, cuando Barcelona sea Capital Mundial de la Arquitectura, esta relación entre arte, geometría y urbanismo será uno de los ejes de su programación.