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Una de las mayores amenazas para la salud mundial en la actualidad es la resistencia a los antibióticos, ha insistido desde hace algunos años la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En términos muy simples, la resistencia a los antimicrobianos se produce cuando las bacterias mutan en respuesta al uso de los antibióticos que tomamos para prevenir y tratar las infecciones que producen.
“Cada vez es mayor el número de infecciones —por ejemplo, neumonía, tuberculosis, gonorrea y salmonelosis— cuyo tratamiento se vuelve más difícil debido a la pérdida de eficacia de los antibióticos", explicaba hace algunos años la OMS.
Uno de los llamados que ha hecho la agencia de salud de la ONU al sector de la salud es a invertir en la investigación y desarrollo de nuevos antibióticos, vacunas y otros instrumentos para hacerle frente a esta problemática.
Esa búsqueda llevó recientemente a un equipo de investigadores de Rumanía a la cueva de hielo de Scarisoara, ubicada en el noroccidente y una de las más grandes de ese país.
Y es que las cuevas de hielo, explican los científicos, son uno de los entornos que albergan una gran variedad de microorganismos que representan una fuente de diversidad genética que aún no se ha estudiado a profundidad.
Allí, los investigadores encontraron una cepa bacteriana “que hasta hace poco permanecía oculta en una capa de hielo de 5.000 años de antigüedad en una cueva subterránea” y que podría representar una oportunidad para desarrollar nuevas estrategias para prevenir el aumento de la resistencia a los antibióticos. Publicaron los resultados de su investigación en la revista académica Frontiers in Microbiology este martes 17 de febrero.
Cristina Purcarea, científica del Instituto de Biología de Bucarest de la Academia Rumana y autora principal del estudio, explicó que “la cepa bacteriana Psychrobacter SC65A.3 aislada de la cueva de hielo de Scarisoara, a pesar de su origen antiguo, muestra resistencia a múltiples antibióticos modernos y porta más de 100 genes relacionados con la resistencia”.
Además, agregó la científica, “también puede inhibir el crecimiento de varias ‘superbacterias’ resistentes a los antibióticos y ha demostrado importantes actividades enzimáticas con un gran potencial biotecnológico”.
Tras identificar la cepa, la pusieron a prueba frente a 28 antibióticos de 10 clases que se utilizan habitualmente o se reservan para tratar infecciones bacterianas, algunas de ellas “previamente se había identificado que poseían genes de resistencia o mutaciones que les conferían la capacidad de resistir los efectos de los medicamentos”.
La cepa, apuntaron los científicos, “es la primera cepa en la que se ha detectado resistencia a determinados antibióticos, entre ellos la trimetoprima, la clindamicina y el metronidazol. Estos antibióticos se utilizan para tratar infecciones urinarias, pulmonares, cutáneas, sanguíneas y del sistema reproductivo”.
El reto ahora es doble. Por un lado, señaló Purcarea, “si el deshielo libera estos microbios, estos genes podrían propagarse a las bacterias modernas, lo que se sumaría al desafío mundial de la resistencia a los antibióticos”.
Pero en estos microbios, también se producen enzimas y compuestos antimicrobianos únicos que podrían inspirar nuevos antibióticos, enzimas industriales y otras innovaciones biotecnológicas, concluyó la científica.
Frente a este último, los investigadores reportaron haber encontrado casi 600 genes con funciones desconocidas, “lo que sugiere una fuente aún sin explotar para descubrir nuevos mecanismos biológicos”. El análisis también reveló que 11 genes son “potencialmente capaces de matar o detener el crecimiento de otras bacterias, hongos y virus”.
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