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El 11 de marzo de 2011, un terremoto de magnitud 9,1 sacudió la costa noreste de Honshu, en la Fosa de Japón. Un tsunami generado por el terremoto llegó a la costa en 30 minutos, desbordando los diques y desactivando tres reactores nucleares en cuestión de días, entre estos la planta nuclear de Fukushima Daiichi. El evento, conocido como el Gran Terremoto y Tsunami del Este de Japón, causó más de 18.000 muertos, incluyendo miles de víctimas que nunca fueron recuperadas, de acuerdo con la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA).
El evento se registró en una región que presenta una alta tasa de actividad sísmica, con potencial para generar tsunamis. De hecho ya se habían registrado eventos similares en esta misma zona en 1611, 1896 y 1933. Sin embargo, el de 2011 fue el de mayor magnitud jamás registrado en Japón.
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Por esto, un grupo de investigadores navegó hacia la Fosa de Japón a finales de 2024 para investigar qué causó la ruptura de la falla de Tōhoku-oki y desencadenó el terremoto. Sus resultados fueron publicados recientemente en la revista Science, y como conclusión principal encontraron que una capa delgada, suave y resbaladiza de lodo rico en arcilla, incrustada en la roca debajo del lecho marino, fue el motivo que se intensificó el terremoto de Japón de 2011.
Los investigadores perforaron hasta 7.906 metros debajo de la superficie del mar, estableciendo un récord mundial Guinness para la perforación oceánica científica más profunda jamás realizada. Gracias a esto, encontraron que la ruptura de la falla se produjo en una capa de arcilla de pocos metros de espesor.
Según el geofísico Ron Hackney, profesor asociado de la Universidad Nacional Australiana (ANU), que participó del estudio, la arcilla es muy blanda, resbaladiza y excepcionalmente débil, un descubrimiento sorprendente e inusual. “Este trabajo ayuda a explicar por qué el terremoto de 2011 se comportó de manera tan diferente a lo que muchos de nuestros modelos predijeron”, dijo Hackney, quien también es director del Consorcio Internacional de Perforación Científica de Australia y Nueva Zelanda (ANZIC).
El profesor también explica que el antiguo lodo se formó a partir de partículas microscópicas que se asentaron lentamente en el lecho marino debajo del Océano Pacífico con el tiempo –un proceso que tuvo lugar durante 130 millones de años– a medida que la placa tectónica del Pacífico se desplazaba lentamente hacia el oeste para finalmente quedar bajo Japón.
La zona de falla se formó en esa débil capa de arcilla a medida que esos sedimentos se deslizaban lentamente bajo Japón, moviéndose aproximadamente 10 centímetros al año. Dado que la débil capa de arcilla está intercalada entre capas de roca más resistentes, la arcilla actuó como una línea de desgarro natural que provocó la formación de la falla dentro de esa capa, según explican los investigadores en un comunicado.
Con esta información, los científicos esperan realizar mejores evaluaciones de los riesgos de terremotos y tsunamis para las comunidades costeras de todo el mundo. La razón es que, según los científicos, comprender mejor las propiedades y la naturaleza del plano de falla puede revelar qué parte podría romperse durante un terremoto y dónde se concentrará la energía liberada.
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