Publicidad
21 Jul 2020 - 8:03 p. m.

Científicos “engañan” a las ranas macho para entender su comportamiento territorial

Un grupo de investigadores de la Universidad de los Andes descubrió una forma de engañar estas ranas de la especie “Allobates trilineatus” para entender cómo se comportan para defender su territorio.

Mileidy Betancourth-Cundar*

Foto: Mileidy Betancourth

Mientras que las aves o los mamíferos necesitan cientos de kilómetros o hectáreas para reproducirse y realizar sus actividades sociales, las ranas –y en general los anfibios– necesitan unos cuantos metros. Sin embargo, en la mayoría de las especies de ranas no sabemos con certeza qué tanto espacio necesitan para sobrevivir y reproducirse. Nuestros primeros hallazgos sugieren que hay una gran variación en la forma y el tamaño del territorio. (Lea Registran una nueva especie de ave en Colombia)

Los animales utilizan principalmente dos tipos de espacios en su vida diaria. El primero, que llamamos “rango de hogar”, es el área completa que un animal recorre para realizar todas sus actividades; algo así como toda el área que una persona usa para comer, dormir, ir de compras o de fiesta. El segundo espacio, llamado “territorio”, es una “zona restringida”. En él se encuentran recursos vitales a los que solo su dueño tiene el privilegio de acceder. Esta zona es defendida arduamente con cantos, despliegues o incluso con combates cuerpo a cuerpo. Para una persona, sería como su casa, su cuarto o su cocina.

Dentro de los anuros (sapos o ranas), existe un grupo asombroso por sus colores brillantes, que ni siquiera Monet podría imitar: son las ranas venenosas neotropicales de la familia Dendrobatidae. Los machos de estas ranas son guardianes especialmente celosos de su territorio y lo defienden consistentemente durante la época reproductiva.

Para un macho, defender un territorio implica tener acceso directo a recursos alimenticios, sitios para cortejo, reproducción o descanso. Algo así como escoger hacer una casa que esté cerca tanto de un centro comercial como de un parque. Para la rana (y tal vez para otros organismos) un territorio estratégicamente ubicado representa un rasgo seductor a la hora de atraer una pareja, ya que las hembras podrían elegir un macho según los recursos que este domine. En humanos, una “finca raíz” extensa y bien ubicada, entonces, sería indicador de una “buena” pareja. Y el tamaño de ese territorio podría estar correlacionado, por ejemplo, con el tamaño del macho, con su agresividad o coloración. De tal modo que los machos grandes estarían en posición de defender territorios más amplios.

Evaluar estas hipótesis fue mi motivación para empezar a estudiar el comportamiento territorial de las ranas venosas neotropicales.

Cuerpo pequeño, garganta fuerte

Como laboratorio elegimos las selvas amazónicas, especialmente la Reserva Natural Tanimboca, ubicada a 11 kilómetros de la ciudad de Leticia. En sus bosques Tanimboca alberga por lo menos siete especies de ranas venenosas, algunas de las cuales han sido estudiadas desde hace varios años por otros investigadores de la Universidad de los Andes. Dentro de ellas está Allobates trilineatus, que es opacada por las demás debido a su coloración críptica, similar a hojas secas, y porque su tamaño no supera los dos centímetros.

Sin embargo, lo que le falta en colores lo compensa con un hermoso canto de anuncio. Efectivamente, los primeros sonidos que uno escucha en Tanimboca antes del amanecer son el “pririiriiiriririri” cada 30 segundos, de los machos de A. trilineatus anunciando su presencia, atrayendo hembras y al mismo tiempo advirtiendo a otros competidores machos que no se acerquen.

Unos cuantos días de entrenamiento son necesarios para lograr discernir al macho de la hojarasca circundante. Fue así como lo hicimos, durante los dos primeros meses del año en 2017 y 2018, cuando nos dedicamos a tratar de entender el comportamiento territorial de esta especie. Durante las madrugadas ubicábamos machos cantando y grabábamos sus cantos de anuncio.

Luego utilizando una serie de cuatro parlantes ubicados a diferentes distancias, reprodujimos sus propios cantos, iniciando desde el último parlante hasta el primero, como quien simula un macho intruso aproximándose al territorio. Por su puesto, si estábamos dentro del área defendida por el macho focal, la respuesta no se hacía esperar: inmediatamente, al escuchar el parlante, el macho giraba su cabeza en dirección a la fuente de sonido y daba el primer salto. Si el estímulo continuaba, el macho avanzaba con saltos rápidos en dirección al parlante, en búsqueda de su contrincante.

Para fortuna suya lo único que encontraba era un parlante y ese día no era momento de combatir. La respuesta del macho a este “engaño” fue lo que consideramos un comportamiento de defensa positivo. El experimento en sí se conoce en la jerga científica como experimento de playback y ha sido ampliamente utilizado para medir la respuesta agresiva de los animales, especialmente a señales acústicas.

Repetimos este experimento desde diferentes ángulos y distancias más de 700 veces. Logramos estimar el tamaño del territorio para 18 machos de la Reserva Natural Tanimboca. Encontramos que el área defendida presenta una gran variación tanto en forma como en tamaño. Los territorios oscilan entre 5 a 29m2, con un promedio de 15m2, un territorio bastante grande teniendo en cuenta el pequeño tamaño de la rana. Es como si una persona de 170cm de altura necesitara cerca de la mitad de una cancha de futbol para establecer su hogar (1300m2). Indudablemente no cabríamos en esta ciudad. A la mente acuden inevitablemente escenas del presente “distanciamiento social” entre los humanos de todo el planeta.

Las selvas de Leticia comienzan a entregar secretos sobre el comportamiento de las ranas venenosas. Con estos datos podremos dar el siguiente paso, y entender que otras características de los machos, ya sean en su morfología, fisiología o comportamiento, están relacionados con la territorialidad, y particularmente con el tamaño del territorio. También, estudiar la forma en que las hembras pueden usar estos rasgos para elegir el mejor macho y dejar sus costosos huevos dentro de su territorio. Así, solo tendrían que esperar al nacimiento para que el macho transportase los renacuajos en su espalda a un charco cercano. Y entonces lograr que sus genes pasen a la siguiente generación.

Los amaneceres en Tanimboca comienzan a cantar cuando el sol aún no ha salido, por eso son inolvidables. Nuestro estudio es solo una pequeña muestra de los innumerables enigmas que guardan las especies de ranas de las selvas amazónicas. Esta complejidad, sumada a la gran diversidad de especies, sugiere que hasta ahora solo conocemos la punta del iceberg en cuanto a la historia natural de las ranas. Por eso, entender su comportamiento y estar presente en estos momentos mágicos hace que estudiar estos pequeños cantantes sea tan especial y gratificante.

*Estudiante de Doctorado, Universidad de los Andes.

Síguenos en Google Noticias

Temas relacionados

RanasAnfibiosBiodiversidad