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El Servicio Geológico Colombiano (SGC) publicó nuevos datos sobre el sismo del 10 de agosto que, hasta el momento, ha causado la muerte de 331 personas y ocasionó el colapso de 709 viviendas, además de otras 36.336 destruidas.
De acuerdo con la entidad, el sismo de magnitud 7.4 y cuya profundidad fue de 103 kilómetros, liberó una energía equivalente a 125 o 130 bombas como la que cayó en Hiroshima, en Japón, el 6 de agosto de 1945, y que significó un antes y un después en los conflictos bélicos.
(Lea Estos gráficos le ayudan a entender dónde (y por qué) hay mayor amenaza sísmica en Colombia)
Además, según el SGC, este sismo, cuyo epicentro fue San José del Palmar, en Chocó, también “generó una dinámica sísmica compleja en el subsuelo”.
A lo que se refiere es a que sus investigadores detectaron dos diferencias claves en los 1.340 sismos que se han presentado desde ese 10 de agosto hasta el 31 de agosto y que han tenido magnitudes que han oscilado entre 0,6 y 4,8.
El SGC divide esos sismos en dos grupos. El grupo 1 está compuesto por más de 260 sismos concentrados alrededor de San José del Palmar, con profundidades entre 70 y 105 km.
“Por su ubicación y la disminución progresiva de su frecuencia y magnitud, corresponden a réplicas del sismo del 10 de agosto”, aclara el SGC.
En el grupo 2 identificaron más de 900 sismos concentrados, principalmente, “en Sipí, Istmina, Medio San Juan y Litoral del San Juan, con profundidades entre 30 y 60 km”.
Es un comportamiento que es compatible con lo que los científicos denominan un “enjambre sísmico”.
Las razones por las que los clasificaron en esa categoría es porque, primero, “están a una profundidad y ubicación diferente del evento de magnitud 7,4″. Segundo, porque están “confinados en una región, presentando una actividad mayor a la observada en años anteriores”.
Lo que le sugieren a los investigadores de la entidad los análisis preliminares de la Red Sismológica Nacional es que el sismo del 10 de agosto produjo una ruptura dentro de la placa de Nazca, a 103 km de profundidad. Esta placa, como habíamos explicado en El Espectador, subduce la placa Sudamericana.
“Esta gran ruptura habría alterado el equilibrio de esfuerzos en la zona circundante al evento, lo que pudo desencadenar el enjambre sísmico”, dice el SGC.
Estos “enjambres” pueden durar días o semanas. Incluso, pueden tardar meses en disminuir. Aunque, explica la entidad, su presencia no significa que que ocurra un sismo de una magnitud mayor a los que ya ocurrieron, sí es esencial monitorear la actividad sísmica y “mantener las capacidades de preparación y respuesta en el país”.
De igual forma, es clave revisar la infraestructura que pudo verse afectada por anteriores sismos.
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