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Estos gráficos le ayudan a entender dónde (y por qué) hay mayor amenaza sísmica en Colombia

Colombia es un país sísmicamente activo y hay regiones donde la frecuencia y severidad de los sismos son mayores. Aquí le explicamos cuáles, por qué sucede esto y le contamos sobre los esfuerzos de los científicos por construir modelos que permitan prever los riesgos que eso implica.

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Sergio Silva Numa
19 de agosto de 2026 - 01:05 a. m.
Mapa que ilustra la amenaza sísmica en Colombia.
Mapa que ilustra la amenaza sísmica en Colombia.
Foto: Adaptado del SGC
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Empecemos con un breve recuento:

31 de enero de 1906: un tsunami en el Pacífico hizo que las playas de Tumaco, Francisco Pizarro (Salahonda), Mosquera, El Charco, Iscuandé, Guapi y Timbiquí quedaran sumergidas bajo el agua. Olas de entre 2 y 5 metros arrasaron con personas, animales, viviendas y enseres. La magnitud del sismo fue de 8.8, el mayor registrado en Colombia.

4 de febrero de 1938: en Aguadas (Caldas), Santa Rosa de Cabal (Risaralda), Salento (Quindío) y en pueblos del sur de Antioquia hubo colapsos de viviendas por un sismo de magnitud 7.0. Sus ondas se sintieron en Quibdó, Tunja, Bogotá, Popayán, Cúcuta y Bucaramanga, donde reportaron daños leves.

14 de julio de 1947: un sismo de magnitud 6.0 causó daños tan graves en el Hospital San Pedro de Pasto que tuvo que ser demolido. El Palacio Municipal, el Palacio de la Gobernación, la plaza de mercado, el matadero municipal, la Universidad de Nariño y el colegio San Francisco Javier también resultaron afectados. Otras 500 casas de adobe y ladrillo tuvieron que ser demolidas.

30 de julio de 1962: la mayoría de viviendas de tapia y bahareque que había en los municipios del sur de Antioquia tuvieron que ser demolidas. Entre ellas, las de Sonsón, Nariño y Valparaíso. También las de Aguadas (en Caldas), las de Quinchía (en Risaralda) y las de El Águila y Ansermanuevo, en el Valle del Cauca. Fue un sismo de 6.5 de magnitud que sacudió al Eje Cafetero.

(Lea ¿Por qué estas gráficas sobre el fenómeno de El Niño tienen preocupados a los científicos?)

23 de noviembre de 1979: otra vez, el Eje Cafetero resultó averiado por un sismo de magnitud 7.2. En Manizales colapsó un colegio y algunas viviendas. En Medellín, hubo afectaciones en un hospital y un teatro; en Cali, una iglesia y edificios con oficinas tampoco se libraron; y en Armenia, los habitantes reportaron grietas en sus casas.

12 de diciembre de 1979: otro tsunami, causado por un sismo de magnitud 8.1, destruyó viviendas entre Guapi, al norte, y Tumaco, al sur.

31 de marzo de 1983: aunque la magnitud del sismo fue menor que el de los anteriores (5.6), casi todo el patrimonio histórico arquitectónico de Popayán sufrió daños profundos. También hubo colapsos y daños en la tubería de agua potable. En todo Cauca, 4.964 construcciones quedaron destruidas. Otras 13.796 viviendas sufrieron daños.

25 de enero de 1999: El Eje Cafetero quedó hecho pedazos: 36 mil viviendas quedaron destruidas. Otras 79.500 resultaron afectadas. Fallecieron más de mil personas. El sismo fue de 6.1, pero su profundidad, una variable que siempre piden tener presente quienes saben de sismo, fue mucho menor: 21.6 kilómetros. Es decir, su “foco” o “hipocentro” —como se le llama al punto exacto donde se produjo— estuvo más cerca de la superficie donde estamos en pie.

La anterior lista hace parte de algunos de los “principales” sismos que han ocurrido en el occidente de Colombia, al clasificarlos por su magnitud (es decir, la energía liberada desde el foco) y su intensidad, que, palabras más, palabras menos, es una medida que indica cómo se sintió el movimiento y cuáles fueron sus efectos entre las personas. Claro: el grupo de eventos destacados es mucho más amplio si se incluyen los sismos del nororiente, cerca a Venezuela, otro lugar en el que, históricamente, han ocurrido terremotos catastróficos, como el de Pamplona de 1644 o el de Cúcuta de 1875.

El listado fue publicado en 2020 por el Servicio Geológico Colombiano (SGC) y la Fundación Global Earthquake Model en un documento llamado Modelo nacional de amenaza sísmica para Colombia. Como señalan sus autores en un apartado, permite “hacerse una idea sobre el potencial destructivo de los sismos en Colombia, así como una distribución geográfica de las zonas históricamente afectadas”.

Precisamente, en esas 300 páginas, un grupo de científicos intentó estimar la severidad y la frecuencia de los sismos que pueden ocurrir en Colombia para detallar por qué es un lugar sísmicamente activo. “Tenemos que construir una memoria y una cultura de lo que implica vivir en una zona sísmicamente activa. Debemos estar preparados”, le dijo a este diario hace unos meses Julio Fierro, director del SGC.

El siguiente mapa ilustra mejor a qué se refiere ese esfuerzo. Muestra con más precisión dónde estamos parados y cuáles son los lugares donde la amenaza es mayor, como el caso de todo el Pacífico, el Eje Cafetero, el nororiente del país y el llamado “borde llanero”, una franja sobre la cordillera Oriental donde están Villavicencio y Tauramena, otro municipio célebre por los sismos.

Dicho en términos un poco más precisos, ese modelo indica que para sismos con 10% de probabilidad de ocurrencia en 50 años, en el 54.4% del territorio de Colombia puede haber un movimiento fuerte a muy severo, explica la geóloga Mónica Arcila.

Allí está el 90% de la población.

¿Por qué tantos sismos?

Arcila es PhD en Geología e Ingeniería Geológica y se ha dedicado a estudiar el comportamiento de los sismos. Fue quien lideró ese Modelo nacional de amenaza sísmica en el SGC y habla desde Manizales, donde por casualidad la agarró el terremoto del pasado lunes, mientras visitaba a su familia.

Dice que darle una mirada a ese trabajo es útil porque muestra una proyección de dónde pueden ocurrir los sismos en el futuro y cuál podría ser su intensidad.

“Es un insumo para saber cómo tendríamos que diseñar nuestra infraestructura en esos territorios, aunque eso no quiere decir que de allí salgan los parámetros para diseñar las edificaciones para que resistan esos probables sismos”, señala. “Establecer esos parámetros lleva implícitas decisiones de riesgo que, como sociedad, estamos dispuestos a asumir. Es un balance de decisiones técnicas, políticas y económicas, que no toma una sola entidad o agremiación”.

Arcila siempre hace una salvedad cuando le preguntan sobre el modelo: no es una predicción, sino una proyección probabilística que construyeron luego de reunir una buena cantidad de información. Saltándonos varios detalles técnicos, sus autores revisaron registros históricos de los sismos que ha habido en Colombia, las fallas geológicas activas que pueden causar terremotos en el país y la estructura profunda de la Tierra.

Una de sus conclusiones, entre otras cosas fue la elaboración de mapas de amenaza que detallan las mayores “aceleraciones pico”, que es, para decirlo en términos muy simples, ese “jalón” brusco que sufre el suelo durante un terremoto. Mientras en la Costa Atlántica, los Llanos Orientales y la Amazonía hay aceleraciones pico menores de 0,1 g (gravedad), en el Pacífico pueden estar entre 0,4 g y 0,9 g, y en Norte de Santander, Boyacá y Arauca entre 0,4 y 0,6 g. También en Santander, donde está el popular Nido Sísmico de Bucaramanga, el tercero más activo que hay en el planeta.

Son esos lugares, precisamente, junto con algunos puntos del Huila, donde están las zonas con mayores intensidades sísmicas de Colombia. La siguiente imagen —también extraído del trabajo de Arcila y su equipo— , refleja eso: es un resumen de la distribución geográfica de los sismos y de su impacto.

Hace falta ver este mapa para comprender mejor a qué se refieren los geólogos cuando repiten que Colombia es sísmicamente activa. En él están ubicados los sismos que se detectaron en el país entre 2013 y 2017.

Si quisiéramos hacer una fotografía más reciente, esta indicaría, de acuerdo con los datos del SGC, que en los últimos 5 días hubo 480 sismos en Colombia, la mayoría imperceptibles para nosotros. En el momento en el que escribimos estas líneas, el último tuvo como epicentro Sipí, en Chocó, y tuvo una magnitud de 2.9. Su profundidad fue de 49 kilómetros.

Una fotografía un poco más amplia, como señalan Edward J. Tarbuck y Frederick K. Lutgens en Ciencias de la Tierra: una introducción a la geología física, un libro que suele pasar por las manos de los geólogos primíparos, indicaría que cada año se producen 300.000 sismos en la Tierra que sí podemos sentir. Pero, únicamente unos 75 son terremotos significativos, aunque varios se originan en regiones remotas.

En el caso de Colombia, dijo hace unos días a El Espectador Carlos Alberto Vargas, profesor del Departamento de Geofísica de la U. Nacional y PhD en Ingeniería, se debe, además de las fallas, a que estamos entre tres placas tectónicas: la de Nazca, la placa Sudamericana y la Caribe. Como las otras que conforman la capa más externa de la Tierra (ven este otro mapa), esas tres están en constante movimiento y su roce constante es lo que hace que se generen tantos sismos en algunos lugares como el Pacífico de Sudamérica.

En el caso de la placa de Nazca, añade Arcila, está “deslizándose” bajo la de Sudamérica. Es el llamado proceso de “subducción”, para usar la palabra correcta.

Aunque es un movimiento imperceptible para cualquier humano sin un sismógrafo, ambas se están desplazando. Para ser precisos, la de Nazca se está acercando hacia la placa Sudamericana a una velocidad promedio de 54 milímetros por año (en el norte de la región), mientras que la Sudamericana se mueve de oriente a occidente a unos 10 o 12 milímetros por año.

En Chile, la placa de Nazca se mueve más rápido: a 70 milímetros por año, lo que explica que haya sismos más frecuentes y de mayores magnitudes.

Cerca de saber con más certeza el “costo” de un sismo

Otro de los motivos por los que ha sido útil tener un Modelo de Amenaza Sísmica tiene que ver con un trabajo que unió a 14 universidades de Colombia desde 2021: la elaboración del “Modelo Nacional de Riesgo Sísmico”.

A diferencia del “modelo de amenaza”, el de “riesgo sísmico” busca “calcular los impactos o consecuencias que puede generar un terremoto tanto en las personas (en términos de heridos y muertos), como a nivel económico y financiero”, explica Juan Carlos Reyes, profesor del Centro de Investigaciones en Materiales y Obras Civiles de la Universidad de los Andes y quien participó de ese trabajo.

Para construirlo, añade Carlos Arteta, su coordinador académico desde la Universidad del Norte e integrante de la junta directiva de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica, tuvieron en cuenta varios elementos. En términos muy resumidos, partieron del Modelo de Amenaza Sísmica del SGC, para luego construir un modelo de exposición que detalló, manzana a manzana, las viviendas (solo residenciales) que había en 64 ciudades y el material en el que estaban construidas.

El tercer modelo que elaboraron fue el de vulnerabilidad, que les indicó la probabilidad de que una vivienda tenga daño severo o colapse y cuál sería el costo de la reparación o reposición de ese inmueble.

Con esos tres modelos en sus manos, en el cual participaron 25 consultores, 17 profesores y estudiantes de pregrado, maestría y doctorado, lograron el primer Modelo de Riesgo Sísmico de Colombia, que hace un par de meses recibió el Premio Codazzi de la Sociedad Colombiana de Ingenieros.

“Estos modelos son útiles para prepararse”, agrega el profesor Reyes. “Con él uno puede estimar qué tipo de catástrofe puede haber si se presenta un sismo de cierta magnitud en cierto lugar. Nos da una idea de la probabilidad de las viviendas que pueden colapsar y cuánto valdría su reposición, o de cuántos fallecimientos se esperan. Así, podemos, por ejemplo, tener capacidades en los hospitales para atender la emergencia o tener un estimativo de los recursos que se requieren”.

Por el momento, dice Arcila, del SGC, y quien también lideró ese modelo, están desarrollando una aplicación más amigable para que las autoridades de los municipios puedan utilizarlo y planeen mejor la gestión de riesgo y la manera en la que ordenan su territorio.

Lo que sucedió el pasado 10 de agosto, advierte, fue un impulso que les “metió” premura para convertirlo en una herramienta de acceso público que puede ser vital en un país sísmicamente activo.

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Sergio Silva Numa

Por Sergio Silva Numa

Editor de las secciones de ciencia, salud y ambiente de El Espectador. Hizo una maestría en Estudios Latinoamericanos. También tiene una maestría en Salud Pública de la Universidad de los Andes. Fue ganador del Premio de periodismo Simón Bolívar.@SergioSilva03ssilva@elespectador.com
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