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La mayoría de las personas duermen durante la noche. Las rutinas diarias están adecuadas para trabajar, alimentarse y hacer otras actividades durante el día, para terminar el día con descanso. Esto ocurre porque nuestras rutinas de sueño han evolucionado para tener un mejor descanso cuando hay oscuridad.
El sueño es un comportamiento que se ha estudiado ampliamente en varios animales, pero sobre todo en los humanos. Gracias a eso, no solo sabemos que nos favorece dormir en las noches, sino que necesitamos de entre seis y ocho horas de sueño, que los ciclos de descanso varían según la edad y que tener malos hábitos de sueño podría afectar nuestra salud.
Durante mucho tiempo se ha creído que este es un comportamiento propio de los animales que tienen cerebro, como los mamíferos. Entonces, se entiende como un espacio del día que el cuerpo toma para que el centro de su sistema nervioso repose y se recupere.
Sin embargo, en los últimos años eso se ha puesto en duda. En 2017, un grupo de científicos planteó por primera vez la posibilidad de que las medusas y las anémonas, dos animales que se caracterizan por tener una red nerviosa con neuronas, pero no cerebro.
Los investigadores notaron que estos animales tenían un comportamiento similar al sueño en los humanos. Ahora, con base en ese estudio, se dieron a la tarea de estudiar por primera vez en detalle este comportamiento. Sus hallazgos se publicaron en la revista Nature Communications.
Para hacerlo, estudiaron a dos especies. Por un lado, la medusa invertida (Cassiopea andromeda), y, por el otro, a la anémona estrella (Nematostella vectensis). Aunque ambas dormían, fue la medusa la que mostró un comportamiento más cercano al sueño de los humanos.
La cantidad de luz y la autorregulación del cuerpo fueron dos de los factores clave en el sueño de las medusas. Dormían principalmente en la noche, y tomaban siestas cortas hacia el mediodía, según los autores. La anémona estrella, en cambio, dormía principalmente al amanecer.
Ambas dormían, como lo hacen los humanos, una tercera parte del día. Es decir, alrededor de ocho horas.
Entonces, ¿para qué sirve el sueño?
Si no es un comportamiento exclusivo de los animales con cerebro, entonces, ¿cuál es la función que cumple el sueño en el cuerpo? Los científicos se plantearon esa pregunta y realizaron varios experimentos con estas especies, tanto en un laboratorio como en su hábitat natural.
El principal hallazgo, que les sirvió para plantear una posible respuesta, lo encontraron en el ADN de estos animales. De acuerdo con los autores, el estado de sueño generó un ambiente propicio para la estabilidad del ADN, mientras que durante los períodos de vigilia, se evidenciaba un mayor daño en el ADN y más estrés en las células nerviosas.
Para hacer una prueba más, los científicos crearon un ambiente en el que, usando radiación ultravioleta, propiciaron un mayor daño en el ADN de sus neuronas. Después, tanto las medusas como las anémonas buscaron dormir más.
Algo similar pasó con la privación del sueño, que también indujo un mayor daño y generó una presión para dormir más. Estos resultados, concluye la investigación, plantean que el sueño evolucionó como un mecanismo para proteger al cuerpo del daño en el ADN y el estrés en las células que recorren las redes nerviosas.
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