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Los detalles inéditos que hallaron científicos en los objetos del galeón San José

Revelamos los hallazgos que hizo un grupo de científicos de varias entidades públicas colombianas al examinar las piezas que fueron recolectadas del galeón San José a finales del 2025. Se encontraron con varias sorpresas y ya saben con precisión algunos detalles de esos objetos que les habían generado muchas preguntas.

Sergio Silva Numa

04 de agosto de 2026 - 08:16 p. m.
Imagen de una de las macuquinas recolectadas del galeón San José y que están analizando investigadores.
Foto: Servicio Geológico Colombiano - David Amado Pintor
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A finales de noviembre del 2025, los colombianos vimos unas imágenes inéditas. Después de 10 años de espera, conocimos los primeros objetos del mítico galeón San José. Tras una semana de intenso trabajo a bordo del buque de la Armada Nacional ARC Caribe, en el que había unas cien personas, recolectaron del fondo del mar dos tazas de porcelana, junto con otros dos fragmentos y tres macuquinas de oro, el nombre que le daban a las monedas fabricadas de forma artesanal durante la Colonia. También lograron recolectar un artefacto que se robó todas las miradas: un cañón que no supera las dos toneladas de peso de los 64 que había en la embarcación.

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“Es quizás el mayor descubrimiento arqueológico submarino en América”, trinó el presidente Gustavo Petro, cuando presentaron el hallazgo de ese proyecto que llamaron “Hacia el corazón del galeón San José”.

Para saber qué escondían esos objetos había que tener “paciencia de arqueólogo”, escribió por esos días Nelson Freddy Padilla, editor dominical de El Espectador y autor del libro El galeón San José y otros tesoros. Por 25 años le ha seguido la pista a todas las discusiones y litigios que han rodeado los restos de ese naufragio que ocurrió el 8 de junio de 1708. A su parecer, esta vez Petro no exageraba con sus adjetivos.

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Esa impaciencia acaba de llegar a su fin. El equipo de científicos que estuvo al frente de ese minucioso proceso —del que vimos las primeras fotografías submarinas en 2015— ya tiene los resultados de los análisis que llevaron a cabo durante este tiempo. Fue una “misión silenciosa y extraordinaria” de seis meses que emprendieron investigadores del Servicio Geológico Colombiano (SGC), dice el narrador del documental en el que sintetizan esos hallazgos y que fue conocido por El Espectador. Dirigido por Mónica Jaramillo y David Amado Pintor, será presentado a las 6:30 p.m. este 5 de agosto en las instalaciones de la entidad y en su canal de Youtube.

Parte del equipo del Servicio Geológico Colombiano que ha trabajado con las piezas recuperadas del galeón San José.
Foto: Servicio Geológico Colombiano - David Amado Pintor

“La cantidad de información a la que accedimos es asombrosa. Mucha de esa información es nueva para nosotros. Con el trabajo del Servicio Geológico Colombiano hemos obtenido una gran cantidad de detalles y de datos que nos han permitido profundizar en nuestras preguntas de investigación”, cuenta Carla Riera Andreu, conservadora del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. “Es increíble ver esos objetos de cerca y poder estudiarlos”.

Riera Andreu estuvo en el buque de la Armada Nacional a finales de 2025, junto con investigadores de la Dirección General Marítima (DIMAR) y del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH). “Maravilloso” es otro de los adjetivos que repite para calificar los datos que ahora sabe con absoluta precisión.

Uno de los que le parece más llamativo tiene que ver con las porcelanas que recolectaron a 600 metros de profundidad, en el lugar donde está el galeón San José. Ya sospechaban que provenían del periodo Kangxi, en China, pero detallar su porosidad, sus pigmentos y los elementos que le dieron ese “azul” característico a aquellos objetos la llena de satisfacción.

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Imagen de una de las porcelanas recolectadas en noviembre de 2025.
Foto: Servicio Geológico Colombiano - David Amado Pintor

Para saberlo, explica el geólogo Andrei Contreras Fayad, tuvieron que trasladar las piezas, desde el Museo Nacional de Colombia, a la sede del Servicio Geológico Colombiano en Bogotá. Era un paso más en una cuidadosa cadena de custodia, que había iniciado en el Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas del Caribe de la Dimar, en Cartagena.

Saltándonos el papeleo que tuvieron que llenar quienes participaron del proceso, cuando las piezas llegaron a manos de Contreras Fayad y sus colegas, las llevaron al Laboratorio de microscopía electrónica de barrido, que permite observar el mundo microscópico a un detalle impensable para un ojo humano. A diferencia de un microscopio óptico normal —de esos de las clases de biología del colegio—, un microscopio electrónico de barrido usa un haz de electrones para “fotografiar” con mucho detalle la superficie. Para lograr la máxima resolución, dice el investigador de la Dirección de Asuntos Nucleares del SGC, recubrieron las muestras de oro.

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“El más mínimo dato nos está dando una información brutal de la globalización”.

Carlos del Cairo Hurtado, arqueólogo del ICANH

¿Los resultados? El azul está dado por una composición de cobalto y manganeso, unos elementos que dan una idea más certera a los científicos del lugar de donde fueron fabricados. Parafraseando la explicación que da en el documental el arqueólogo del ICANH Carlos del Cairo Hurtado, son análisis que pueden indicar hasta dónde estaban los talleres de producción en China.

“El más mínimo dato nos está dando una información brutal de la globalización, de la mercantilización y del comercio transatlántico”, respondió en el video cuando llegó su turno de ser entrevistado.

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Tres valiosas monedas de oro

Una de las "monedas" de oro que hallaron en el galeón San José.
Foto: Servicio Geológico Colombiano - David Amado Pintor

Si trasladar las muestras de las tazas al SGC requirió de una cadena de custodia, para llevar las monedas de oro a las oficinas, ubicadas en la calle 26 con 50, en Bogotá, se requirió un par de camionetas de la Policía más dos motocicletas. “Dar papaya” no era algo que estuviera en los planes de los investigadores, así sus análisis fueran hechos en completo silencio.

Para saber de qué estaban hechas esas macuquinas —para retomar el lenguaje de la Colonia—, recurrieron a la microscopía electrónica de barrido y a herramientas quimiométricas, explica en una llamada con El Espectador Diego Garzón Zuluaga, químico de la Dirección de Laboratorios del SGC.

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Momento en el que se custodian los elementos llevados al Servicio Geológico Colombiano.
Foto: Servicio Geológico Colombiano - David Amado Pintor

Aunque esperaban encontrarse con un material degradado se llevaron una sorpresa: con una matriz de oro (pese a que es una aleación de oro, cobre y plata), las monedas estaban en buen estado. Después de todo, explica el geólogo Contreras Fayad, el oro es inerte.

Lo otro que observaron, relata el investigador en el documental, es que cada macuquina puede esconder una historia muy diferente y analizarlas ayuda a entender cómo se acuñaban.

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Pero vistas con mucho más detalle, los científicos observaron un mundo oculto en el delicado relieve de esas monedas. En el material fino y arcilloso que tenían cuando las recolectaron del fondo del Mar Caribe, había una “buena cantidad” de materia orgánica que escondían unas algas unicelulares llamadas diatomeas. Examinarlas con el cuidado de quienes hacen micropaleontología (la rama que estudia los fósiles microscópicos), les permite armar el rompecabezas del ambiente marino en el que ha estado el galeón San José.

Imagen microscópica de una pirita hallada en sedimentos.
Foto: Servicio Geológico Colombiano

Las piezas de ese universo las han ido recopilando gracias a otra decisión que tomaron los investigadores que recolectaron los artefactos en noviembre del 2025: conservar el sedimento que estaba adherido al cañón. Al llegar a las manos de Jessica Hernández, geóloga de la Dirección de Geociencias Básicas del SGC, se puso manos a la obra para descubrir qué microfósiles había en esas sustancias.

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Sin entrar en los detalles del engorroso proceso que hay que seguir para preparar ese material para luego observarlo en un estereomicroscopio, Hernández halló esas formas familiares para alguien que analiza con otros ojos la vida del Mar Caribe, pero que desafían cualquier imaginario que tengamos de una especie. Encontró, por mencionar solo una, especies del género Globigerinoides, que parecen un diminuto copo de algodón.

Un mítico cañón con sorpresa a bordo

Foto del cañón que fue recolectado del galeón San José.
Foto: Servicio Geológico Colombiano - David Amado Pintor

Para analizar el cañón que se robó todas las miradas el año pasado y que tiene escudos e inscripciones en relieve de la Real Fábrica de Artillería de Sevilla, el proceso fue distinto. Los científicos del Servicio Geológico Colombiano viajaron hasta el Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas del Caribe de la Dimar, donde el artefacto está sumergido en una piscina de agua dulce.

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Allí, poco a poco, explica Carla Riera Andreu, del Minculturas, lo desalinizan para evitar su deterioro irreversible. De no hacerlo con la paciencia de un monje, es impensable imaginar que en un futuro pueda estar exhibido en un museo y ayude a “contar” un fragmento de nuestra historia.

El cañón está en el Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas del Caribe de la Dimar, en Cartagena.
Foto: Servicio Geológico Colombiano - David Amado Pintor

En este caso, los investigadores, detalla el químico Diego Garzón Zuluaga, usaron una especie de pistola que llaman “técnica de fluorescencia de rayos X portátil”. Eligieron 27 puntos de manera aleatoria para comprobar cuál era el material de ese artefacto. Tras observar los resultados, no había duda de que estaba compuesto por bronce, estaño y plomo.

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Investigadores del SGC mientras analizan el cañón con la “técnica de fluorescencia de rayos X portátil”.
Foto: SGC - David Amado Pintor

Además, tomaron 14 muestras superficiales muy pequeñas, sin afectar la parte metálica para analizarlas en Bogotá. Al llevarlas al Laboratorio de microscopía electrónica de barrido, detectaron otras sorpresas, como la presencia de pequeñas partículas de mercurio, un elemento que no era ajeno en la época en la que se hundió el galeón San José y podría estar contenido en otros instrumentos (como en un termómetro, por ejemplo).

Pero la verdadera sorpresa del cañón fue una soga que estaba adherida a él. O, para usar el término correcto, un “cabo”, que hace creer a quienes están estudiando estos artefactos, que ese cañón estaba amarrado a la embarcación. Como explica Daniel González, fue el único objeto de origen orgánico que hallaron.

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Este es el "cabo" hallado en en el cañón del galeón San José.
Foto: Servicio Geológico Colombiano - David Amado Pintor

González, químico e integrante del equipo de la dirección de Asuntos Nucleares del SGC, fue el encargado de analizarlo bajo una técnica que ha cobrado mucha popularidad: la del Carbono 14, que les permite calcular su edad. Junto con otro par de técnicas, imposibles de resumir en este espacio, los análisis, añade González, “arrojaron un período que concuerda a la perfección con los hechos históricos: nos dio entre 1670 y 1779. Y el galeón San José se hundió en 1708”.

Julio Fierro Morales, el director del SGC, solo espera que, a muy pocos días de que empiece el nuevo gobierno, estas investigaciones sobre el patrimonio sumergido de Colombia, puedan continuar y que no se descuide la “robustez científica que ha logrado el Estado para investigar estos objetos”.

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Después de todo, como escribió Padilla en El Espectador, el galeón San José es “una de las naves más importantes del fin de la era colonial, más que por el tesoro suramericano que llevaba a bordo para la Corona española, por su significado para el patrimonio cultural sumergido de Colombia”.

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Por Sergio Silva Numa

Editor de las secciones de ciencia, salud y ambiente de El Espectador. Hizo una maestría en Estudios Latinoamericanos. También tiene una maestría en Salud Pública de la Universidad de los Andes. Fue ganador del Premio de periodismo Simón Bolívar.@SergioSilva03ssilva@elespectador.com
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