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Hallan restos de piel en reptil marino que habitó Villa de Leyva hace 120 millones de años

Científicos encontraron restos de piel alrededor del cráneo de un ictiosaurio que vivió hace unos 120 millones de años en lo que hoy es Villa de Leyva. Se trataría de la primera caracterización de tejidos blandos en un reptil marino del Cretácico en el norte de Suramérica.

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21 de enero de 2026 - 03:04 a. m.
Para analizar el fósil, los científicos utilizaron diversas herramientas modernas como microscopios ópticos y electrónicos.
Para analizar el fósil, los científicos utilizaron diversas herramientas modernas como microscopios ópticos y electrónicos.
Foto: Edwin Cadena
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Paleontólogos colombianos y alemanes encontraron restos de piel alrededor del cráneo de un ictiosaurio que vivió hace aproximadamente 120 millones de años en el territorio de Villa de Leyva. El equipo identificó pequeñas estructuras con forma de red, similares a fragmentos de las capas internas de la epidermis, además de láminas delgadas parecidas a la piel que, después de millones de años, se mantienen flexibles.

El hallazgo llamó la atención de los científicos, pues la preservación de tejidos blandos como células, vasos sanguíneos y piel en vertebrados fósiles no es frecuente, mucho menos si los restos están en rocas de bajas latitudes como las de Colombia.

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El equipo, en el que trabajaron investigadores de la Universidad del Rosario, de la Universidad de los Andes y del Centro de Investigaciones Paleontológicas de Villa de Leyva, evidenció que el material de piel de este ictiosaurio es fragmentario. Sin embargo, presenta señales químicas que dan cuenta de la preservación de restos de proteínas que pudieron ser originales de la composición de este tipo de tejido.

“Este hallazgo revela las condiciones especiales que tenía el ambiente marino en que gran parte de los reptiles de Villa de Leyva se preservaron, con poca presencia de oxígeno y la presencia de ciertos microorganismos, que permitieron su preservación excepcional”, comunicó la U. del Rosario.

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Para analizar el fósil, los científicos utilizaron diversas herramientas modernas como microscopios ópticos y electrónicos. Estos instrumentos permiten observar detalles diminutos usando luz o electrones para crear imágenes de estructuras tan pequeñas como fracciones de un milímetro o, incluso, más pequeñas.

El equipo también empleó técnicas que estudian la forma en que la luz interactúa con el material, con el fin de conocer de qué está compuesto y si realmente proviene de un tejido como la piel. La técnica, además, les permitió distinguirlo entre otros posibles orígenes como los tapetes bacterianos.

El resultado se suma al conocimiento de la paleontología molecular, un campo que “busca entender cómo se pueden preservar células, vasos sanguíneos, piel y otras estructuras blandas en fósiles de millones de años”, de acuerdo con el Dr. Edwin Cadena, profesor del programa en Ciencias del Sistema Tierra de la U. del Rosario.

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Manuel Martínez, miembro del Grupo de Investigación en Paleontología Neotropical Tradicional y Molecular (PaleoNeo) de esta misma universidad, afirmó que “encontrar tejidos blandos, como músculos, algunos órganos y, en este caso, la piel, es poco común, pues estos tejidos, una vez el organismo ha muerto, se descomponen rápidamente”.

Martínez agregó que, en particular, en las regiones tropicales existen muy pocos registros de este tipo de preservación, lo cual hace de esta la primera caracterización de tejidos blandos en un reptil marino del Cretácico en el norte de Suramérica. El descubrimiento, según el investigador, enriquece la comprensión sobre los mecanismos que llevan a la preservación excepcional de los fósiles en estas regiones.

De este estudio, publicado en la revista Cretaceous Research, también hicieron parte científicos de la Universidad de McGill, en Canadá, y el Museo Estatal de Historia Natural de Stuttgart, en Alemania.

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