16 Jul 2018 - 12:00 p. m.

“La caja negra” del módulo lunar ¿De qué hablaban los astronautas en la superficie de la Luna?

Una llamada con el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, descripciones sobre el paisaje y la búsqueda de pruebas para traer a la Tierra fueron algunos de los diálogos que acompañaron a Neil Armstrong y Buzz Aldrin durante las casi dos horas que estuvieron sobre la superficie lunar.

Jorge Manrique Grisales*

Neil Armstrong fue el comandante de la misión espacial tripulada. Fue él, quien pisó por primera vez la Luna, inmortalizando el momento al decir: "Un pequeño paso de un hombre. Un salto gigantesco de la humanidad”. / NASA
Neil Armstrong fue el comandante de la misión espacial tripulada. Fue él, quien pisó por primera vez la Luna, inmortalizando el momento al decir: "Un pequeño paso de un hombre. Un salto gigantesco de la humanidad”. / NASA

Después del azaroso concierto de alarmas en la cabina que precedieron el suave alunizaje en el Mar de la Tranquilidad, Armstrong y Aldrin tomaron un descanso antes de prepararse para caminar sobre la superficie recién conquistada de la Luna. Había llegado el momento. “Todo marcha bien y con mucho sol”, dijo Aldrin, escrutando por la ventanilla que permitía ver el desolado panorama selenita. Mientras tanto, Armstrong terminaba de ajustar los detalles de su traje. “¿Puedes abrir un poco más la puerta?, le dijo a su compañero. (Lea: Los objetos que se quedaron en la Luna) 

La escotilla, en forma de cuadro y de un poco más de un metro de lado, permitía ver el comienzo de la escalerilla por la que Armstrong comenzó a descender lentamente. “Ya podemos ver cómo bajas por la escalerilla”, dijo uno de los controladores a 384.000 kilómetros de distancia en el Centro Espacial Houston. La cámara de televisión estaba funcionando y las imágenes borrosas comenzaron a llenar los televisores de todo el mundo.

“Estoy al pie de la escalera. Los discos de las patas del módulo lunar apenas se han hundido en la superficie una o dos pulgadas. Vista de cerca la superficie parece ser de granos muy finos, finísimos. Tiene aspecto casi de polvo”, describió el comandante de la misión al final de la escalerilla del módulo Lunar, bautizado como El Águila. El tiempo no avanzaba. El mundo contenía la respiración. “Voy a bajar del módulo lunar ahora… Un pequeño paso de un hombre. Un salto gigantesco de la humanidad”, dijo en medio del frenesí que se vivía en La Tierra.

Como carbón en polvo

Sus primeras pisadas en la superficie le causaron curiosidad a Armstrong. Seguía diciendo que el polvo era muy fino y se adhería a sus botas como “carbón vegetal en polvo”. Trató de hacer un cálculo a simple ojo de cuánto se hundía su pie en el suelo. Habló de un octavo de pulgada (unos 3 ó 4 milímetros).

Cuando quiso avanzar en medio de la gravedad lunar comprobó que no era tan difícil. “Es incluso más fácil que en los ensayos que hicimos en los simuladores con un sexto de la gravedad terrestre”, afirmó. Enseguida confirmó que el motor de descenso no dejó ningún cráter en la superficie. Giró su cabeza hacia El Águila indicándole a Buzz que era hora de bajar otra de las cámaras.

Aldrin ya estaba listo para descender. Del centro de control informaron que transcurrieron 109 horas, 24 minutos y 20 segundos entre el momento del lanzamiento en Cabo Cañaveral y el primer paso del hombre en la Luna.

Buzz Aldrin desciende del módulo lunar. Foto: NASA

Armstrong espera a su compañero al pie de la escalerilla. En ese momento el médico de la misión en Houston reporta que los signos vitales y en general la salud de los astronautas estaban bien. El comandante del Apolo anuncia que va a salir a la luz del Sol para tomar las primeras fotos, pero también está pendiente de recoger cuanto antes las primeras muestras, pues se les había dicho que esta era una tarea prioritaria ante la eventualidad que tuvieran que despegar de emergencia. “Dondequiera que excavo con el recolector de muestras, tropiezo con una superficie muy dura”, dice. Descubre un par de piedras y procede a recogerlas.

“Un paisaje muy bello”

Aldrin se deja impactar por la vista que tiene desde la escotilla.  “Desde aquí el paisaje es muy bello, Neil”, exclama, a lo que su compañero responde: “Es una belleza severa, singular. Se asemeja mucho a las alturas desérticas de los Estados Unidos”. Un poco impaciente, Buzz le pregunta a Armstrong si ya es hora de que descienda, a lo que Armstrong le responde que espere un segundo mientras remueve algo del pasamanos de la escalerilla, recordando las dificultades que tuvo para salir.

Aldrin se percata que debe dejar la escotilla semicerrada. Sería catastrófico que después no pudieran entrar al módulo lunar. “Buena idea”, celebra Armstrong la precaución de Buzz, quien agrega que “este será nuestro hogar por un par de horas más y tengo que cuidarlo bien”. A diferencia de su compañero que bajó la escalerilla con mucha precaución, Aldrin comprueba que es más fácil saltar de escalón en escalón.

Armstrong procede a descubrir una placa metálica adherida a una de las patas de El Águila en la que se lee: “Aquí el terrícola pisó por primera vez la Luna, en julio de 1969, D. J. C. Vinimos en son de paz representando a toda la humanidad”. Lleva las firmas de los tripulantes del Apolo 11 y el presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon.

Placa conmemorativa del alunizaje ubicada en una de las patas del módulo lunar. Foto: NASA

El comandante de la misión Apolo 11 observa el paisaje lunar y descubre al frente dos cráteres alargados como de doce y seis metros de diámetro y dos de profundidad. Ensaya los saltos de canguro que practicó en los entrenamientos en tierra y comprueba que avanza más poniendo un pie primero y luego el otro, es decir, como se camina normalmente. Sin embargo, advierte que caminar en la Luna “podría ser demasiado agotador después de unos cien pasos”. Considera que esto ocurre más por efecto del traje que por las condiciones gravitatorias del satélite.

Nixon al teléfono

Houston le avisa a los astronautas que el presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon está en el teléfono. Armstrong y Aldrin escuchan el saludo presidencial que también fue visto por los televidentes de todo el mundo. “Gracias señor presidente. Es un gran honor y privilegio estar aquí representando no sólo a los Estados Unidos sino a los hombres en paz de todas las naciones”, respondió”, Armstrong.

Terminada la llamada presidencial, Armstrong hizo otros experimentos con su cuerpo. Trató de patear fuerte para medir la resistencia en la gravedad de la luna y también le comentó a su compañero que al pasar de la luz solar a la sombra queda en su retina un reflejo que reduce la visibilidad y hay que esperar un momento para acostumbrar de nuevo la vista. Por su parte, Aldrin, nota que el color azul de su bota ha desaparecido completamente bajo una capa de polvo que describe de color “cacao-ceniciento”.

Los dos astronautas se concentran en describir la textura del suelo, los colores y los cráteres que tienen cerca. Armstrong se aproxima nuevamente al módulo lunar y lo inspecciona. Nota que las patas están en buen estado y las antenas están debidamente orientadas. Tampoco hay novedades con los motores.

NASA

Aldrin recuerda que les habían dicho que al momento de descender y apagar el motor podrían ver algún tipo de gas saliendo de la superficie de la Luna. Eso no pasó. Armstrong se concentra en unas rocas que observa más de cerca. “Estas rocas parecen de basalto y probablemente contienen un 2 por ciento de cristales blancos”, indica.

Adiós amigo”

Los instrumentos que van a quedar en la Luna son instalados y calibrados. Aldrin instala el sismógrafo y Armstrong el reflector de rayos láser. Ha transcurrido cerca de una hora y cincuenta minutos desde el momento en que Armstrong pisó la Luna. Aldrin recoge una muestra de polvo lunar con un tubo al que debe aplicarle un poco de fuerza para que se hunda en el suelo. El centro de control les indica que revisen qué otra cosa pueden recoger del suelo antes de culminar la actividad extravehicular. “Atención, Neil y Buzz. Apresúrense a recoger el cargador de la cámara de vistas fijas, y a cerrar el recipiente de muestras. Se nos está acabando el tiempo”, dice una voz desde Houston.

Antes de subir por la escalerilla, Aldrin dice en español “¡Adiós, amigo”! y pregunta si hay algo más que hacer. “No, para arriba”, dice uno de los controladores de la misión desde la lejana Tierra. Al momento de subir las muestras del suelo lunar, ayudados por una cuerda, Armstrong nota que algo le cae en el traje. “Es como hollín”, dice Aldrin antes de ayudar al comandante a entrar en el módulo lunar.

Una vez adentro, notan lo estrecho del espacio ahora que tienen el cargamento de muestras. “Cerraré la escotilla… Ya está cerrada y atrancada”. Desde ese momento el mundo entró en vilo, pues era el momento en que el módulo lunar con un empuje de 1.600 kilogramos debía dejar la base con las patas y elevarse en busca del módulo de mando en el que esperaba Michael Collins.

*Docente de Periodismo. Doctorando en Comunicación, Universidad de Huelva.

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