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Sismos: kit de sensaciones

Opinión | “Este fenómeno natural, cuando ocurre, puede causar desastres para la vida humana, como el ocurrido el pasado 10 de agosto. Claro, es un desastre, pero no es natural. La naturaleza no tiene la culpa. Es un desastre porque no hemos sido precavidos al decidir dónde y cómo vamos a vivir”.

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Lisbeth Fog Corradine
26 de agosto de 2026 - 02:30 a. m.
Imagen de referencia. El terremoto de 7.4 del pasado 10 de agosto afectó a varias regiones de Colombia.
Imagen de referencia. El terremoto de 7.4 del pasado 10 de agosto afectó a varias regiones de Colombia.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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Primero lo primero. Más de 15 días acompañando desde Bogotá a las miles de familias afectadas por el terremoto. A quienes perdieron a alguien cercano; a quienes perdieron su hogar o su comercio; a los cientos que quedaron heridos no solamente de manera física, sino a quienes no han podido sacarse de la cabeza los difíciles momentos vividos durante casi dos angustiosos minutos en que ‘el mundo se nos vino encima’. Literalmente. Y a los gobernantes y tomadores de decisión de cuanta entidad exista, que tienen la responsabilidad directa de iniciar de inmediato la recuperación de la población y del territorio.

Mi solidaridad con el terremoto de Venezuela fue tímida, y aunque con la de mis compatriotas también envié agua y mercados, lo más fácil, —uno esperaría que llegue al que lo necesita—, el liderazgo de mi profesora de tejido nos ha hecho ser mucho más activas y puntuales: habíamos tejido 24 colchas que iban a una fundación de Bogotá, pero cambiamos el destino y se fueron para una casa de la tercera edad en Manizales; luego se le ocurrió que lo que pocas personas envían es ropa interior nueva, entre todas le llevamos lo que más pudimos y ella se encargó de armar decenas de cajas y enviarlas a quien puede repartirlo entre las que más lo necesitan, con el detalle de sus hijos que a cada paquete les incluyó un mensaje de aliento; ahora está pensando en armar kits de cocina para las familias que están empezando a armar de nuevo sus hogares. Con un liderazgo así, Nancy querida, estamos en tus manos para lo que necesites.

No dejo de pensar qué sentiría yo si estuviera en los zapatos de los afectados. Quedarme solo con lo que tengo puesto y tener en frente la imagen de esa casa en la que cada rincón, cada pared, cada cajón, cada silla tenía una historia y ahora lo que ven mis ojos es solo destrucción. Se van hasta los recuerdos; se desdibuja la memoria. Y a mí, que no me pasó nada, me faltan horas y sensatez para saber cómo prepararme para una eventual situación como la que vivieron, viven y vivirán quienes sobrevivieron al terremoto de la región pacífica colombiana. Porque gran parte del país está ubicado en una región sísmicamente activa y eso significa que tarde o temprano viviremos esa experiencia. La amenaza sísmica de la Amazonía es baja comparada con el Pacifico.

En contexto: Estos gráficos le ayudan a entender dónde (y por qué) hay mayor amenaza sísmica en Colombia

Para entender un poco más sobre el tema, como además de tejer, actividad reciente, mi vida la he dedicado al periodismo científico, les cuento que en mis investigaciones encontré que una de las primeras publicaciones no religiosas que circuló en Santafé de Bogotá en 1785 fue El Aviso del Terremoto, producido en la imprenta que los jesuitas habían traído a la ciudad.

Así se informó al respecto: “Este día se vió esta Capital en la mayor consternación, dimanada del espantoso Terremoto, que experimentó como a las siete y tres quartos de la mañana, perciviéndose el terrible movimiento del Sur al Norte en los primeros baibenes, quedando tan fuerte el movimiento de trepidación vertical que parecía deshacerse los Edificios: y aunque el conflicto en que nos vimos no permitió observar su duración, se conceptúe el de dos minutos, haviendo sido mayor al concluir, que al comenzar, pasado el primer continuo movimiento, se sintió otro menor como a las diez y media del día…” Transcribo tal cual. Así se publicó.

Hoy en día, si bien aún es imposible predecir cuándo y cómo ocurrirá, la ciencia ha avanzado enormemente, tanto que conocemos con mayor precisión qué es lo que ocurre debajo del suelo que pisamos todos los días. Y quienes informamos debemos ser precisos, por ejemplo, cuando hablamos de este fenómeno natural, que cuando ocurre, puede causar desastres para la vida humana, como el ocurrido el pasado 10 de agosto. Claro, es un desastre, pero no es natural. La naturaleza no tiene la culpa. Es un desastre porque no hemos sido precavidos al decidir dónde y cómo vamos a vivir.

Y aquí entra otro término que también he escuchado y leído en informaciones periodísticas, tanto por parte de mis colegas periodistas como de sus fuentes, incluso internacionales. El Servicio Geológico Colombiano, SGC, lo aclara: “Ninguna edificación puede impedir que ocurra un sismo. Por eso, expresiones como “construcción antisísmica” o “edificio antisísmico”, son erradas y pueden llevar a interpretaciones equivocadas. El término adecuado es sismorresistente. Las edificaciones sismorresistentes están diseñadas para responder de manera adecuada ante los movimientos del terreno y reducir el riesgo de colapso, de acuerdo con criterios y normas de diseño estructural que tienen en cuenta la amenaza sísmica”.

También es importante saber que cuando hablamos de 7.4 se trata de la magnitud del sismo que no se mide en grados. Lo correcto es hablar de una magnitud de 7.4, que es el valor que caracteriza el tamaño del sismo y la energía liberada durante el evento. La intensidad describe cómo se percibió el movimiento y cuáles fueron sus efectos en los diferentes sitios, lo que puede variar de un lugar a otro. El SGC concluye que los datos que describen un terremoto son entonces la magnitud, la ubicación, la hora y la profundidad del movimiento. Cuando hablamos de intensidad, empezamos a medir los efectos que provocó el sismo en la ciudadanía y su entorno.

Mi solidaridad con los afectados, con los responsables de paliar esta crisis, y con mis colegas periodistas que han tenido que cubrir esta lamentable noticia. A todos nos ha roto un poco el corazón. Un llamado de atención al ciudadano colombiano para que se prepare para futuros sismos en nuestro territorio porque el planeta se mueve y continuará haciéndolo. De eso no hay duda.

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Por Lisbeth Fog Corradine

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