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La pérdida de biodiversidad podría influir en que los mosquitos piquen más a los humanos

Un pequeño estudio publicado en Frontiers in Ecology and Evolution analizó las fuentes de alimento de mosquitos en remanentes del Bosque Atlántico de Brasil y encontró que, entre las muestras identificadas, predominó la sangre humana.

Redacción Ciencia

15 de enero de 2026 - 08:31 a. m.
Identificar de qué se alimentan los mosquitos es importante para los científicos porque ayuda a entender cómo se comportan y cómo pueden transmitir enfermedades como el dengue, el zika o el chikunguña, presentes en Colombia. EFE/EPA/U.S. Centers for Disease Control
Foto: EFE - U.S. Centers for Disease Control
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Identificar las fuentes de alimento de los mosquitos permite a los investigadores saber sus patrones de alimentación y preferencias por diferentes fuentes de alimento. Esto ayuda a comprender su historia de vida y los factores que pueden influir en su búsqueda y elección de “comida”. Un nuevo estudio publicado en la revista científica Frontiers in Ecology and Evolution sugiere que algunos mosquitos están mostrando una fuerte preferencia por la sangre humana.

Identificar de qué se alimentan los mosquitos es importante para los científicos porque ayuda a entender cómo se comportan y cómo pueden transmitir enfermedades como el dengue, el zika o el chikunguña, presentes en Colombia.

El tipo de huésped del que se alimentan influye directamente en la circulación de estos patógenos y, por tanto, en el riesgo para la salud humana. ¿Por qué? Porque al alimentarse de determinadas especies, y en especial de los seres humanos, los mosquitos pueden actuar como puentes biológicos que facilitan el paso de los virus desde un huésped infectado hacia nuevas personas. Cuando un mosquito pica a un humano portador de un patógeno y luego se alimenta de otro individuo, puede transmitir la enfermedad y sostener su propagación en la comunidad.

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En entornos como el Bosque Atlántico de Brasil viven numerosas especies animales y vegetales. Los mosquitos, en teoría, tienen múltiples opciones de alimentación. Los investigadores eligieron entonces dos áreas remanentes de ese ecosistema en Río de Janeiro: la Reserva Ecológica de Guapiaçu (REGUA) y la Reserva del Sítio Recanto. El objetivo fue identificar las fuentes de alimento de los mosquitos presentes en estas zonas, para aportar información que ayude a comprender mejor tanto la dinámica ecológica como la epidemiológica de estas poblaciones.

Para lograrlo, los investigadores utilizaron técnicas moleculares avanzadas. En particular, un procedimiento que permite identificar con alta precisión el origen de la sangre ingerida por los mosquitos. En total, los científicos capturaron 1.714 mosquitos, pero solo 145 hembras (el 6,98 %) habían ingerido sangre. Esto es importante porque solo las hembras que han ingerido sangre permiten estudiar las fuentes de alimento y, por tanto, las posibles vías de transmisión de patógenos.

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De las 145 hembras de mosquito que habían ingerido sangre, solo 55 pudieron analizarse con éxito mediante técnicas de PCR, lo que equivale a cerca del 38 % del total. Aún más, las limitaciones del método hicieron que únicamente en 24 de esas muestras fuera posible identificar con claridad el origen de la sangre. En ese grupo reducido, la mayoría de los casos correspondió a sangre humana: 18 muestras, frente a unas pocas de otros animales, lo que indica que entre los mosquitos analizados, la mayoría se alimentó predominantemente de personas.

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“Los mosquitos son conocidos por su plasticidad conductual y adaptabilidad a las condiciones ambientales, principalmente debido a su capacidad para adaptarse a diferentes fuentes de alimento, incluyendo la sangre de vertebrados y los recursos disponibles en la vegetación. Sin embargo, en algunas situaciones, especialmente cuando hay una reducción en el número de hospedadores vertebrados, las especies de mosquitos pueden recurrir a fuentes de sangre alternativas, como los humanos”, escriben los autores del estudio. En otras palabras, los mosquitos ajustan su comportamiento alimentario según lo que tengan disponible en su entorno.

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Pero factores físicos y químicos como la visión, el olfato, el calor y la humedad, pueden influir en esa búsqueda y comportamiento. “Con menos recursos naturales disponibles, los mosquitos se ven obligados a buscar nuevas fuentes de sangre, por lo que terminan alimentándose de humanos por conveniencia al ser los anfitriones más frecuentes de estas áreas”, le dijo a la Agencia SIC el coautor del trabajo y científico en la Universidad Federal de Río de Janeiro, Sergio Machado.

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¿Qué tiene que ver eso con la pérdida de biodiversidad? A medida que eso sucede, se reduce la variedad y abundancia de animales que normalmente sirven como hospedadores de los mosquitos. Cuando esos vertebrados desaparecen o disminuyen (por la deforestación, la fragmentación del hábitat o la presión humana) los mosquitos pierden opciones de alimentación y se ven forzados a recurrir con mayor frecuencia a los humanos. En ese contexto, la reducción de la biodiversidad no solo altera el equilibrio ecológico, sino que también puede aumentar el riesgo sanitario, porque incrementa el contacto entre mosquitos y personas y facilita la transmisión de patógenos como el dengue, el zika y el chikunguña.

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