14 Apr 2020 - 4:18 p. m.

“Las aplicaciones de rastreo de personas deben ser usadas con mucho cuidado”

Entrevista con Caroline Buckee, profesora de epidemiología en la U. de Harvard y quien lleva más de 10 años usando datos de celulares para estudiar el comportamiento de enfermedades infecciosas.

Pablo Correa

Caroline Buckee, profesora asociada de epidemiología en la U. de Harvard.  / Escuela de Salud Pública de la U. de Harvard.
Caroline Buckee, profesora asociada de epidemiología en la U. de Harvard. / Escuela de Salud Pública de la U. de Harvard.

Existe una gran diferencia entre la pandemia de 1918 que cobró la vida de 30 a 50 millones de personas y la del coronavirus que hoy nos amenaza. Entre una y otra nacieron los teléfonos celulares que hoy llevamos en los bolsillos y nos acompañan en medio de la soledad de la cuarentena. Para las personas que estudian epidemias como Caroline Buckee de la Escuela de Salud Pública de la U. de Harvard cada uno de esos aparatos es un tesoro de información y un arma contra los patógenos. (Lea; Los celulares pueden ayudar contra el coronavirus). 

Los celulares van dejando “migajas de información” que indican dónde y cúando estamos, los lugares a los que nos movemos. Si alguien recopila millones de esas migajas lo que obtiene es un mapa de los patrones de movilidad de poblaciones enteras. ¿Para qué? Por ejemplo para saber si estamos cumpliendo con la cuarentena, el distanciamiento social y otras medidas adoptadas por los gobiernos para combatir la pandemia, si bajó o aumentó la concurrencia en mercados, transporte público, calles o parques. 

Otro uso con gran potencial es usar esa información para rastrear los contactos de una persona diagnosticada con COVID-19 o crear mapas de riesgo de lugares con más infectados. La información de un celular permite rastrear todos los otros celulares que se cruzó a menos de dos metros durante varios días ese usuario. Exactamente lo que necesita saber un epidemiólogo que rastrea los pasos de un virus. 

Buckee, profesora de epidemiología, ha usado datos de celulares para entender y combatir brotes de malaria y dengue en diferentes partes del mundo. En 2013 fue nombrada una de las 35 innovadoras menores de 35 años de MIT Tech Review y ese mismo año pasó a dirigir  el Centro de Dinámica de Enfermedades Transmisibles de la U. de Harvard.

Con la irrupción del coronavirus en nuestras vidas está reenfocando su experiencia y la de su grupo de investigación para ver cómo pueden aportar información para tomar mejores decisiones en el control de la pandemia. 

“A medida que la epidemia de la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19) empeora, es fundamental comprender la efectividad de los mensajes públicos y las intervenciones de distanciamiento social a gran escala. Las comunidades de investigación y respuesta de salud pública pueden y deben utilizar los datos de movilidad de la población recopilados por empresas privadas, con las garantías legales, organizativas y computacionales adecuadas”, reflexionaba Buckee en un artículo publicado recientemente en la revista Science

En Colombia el gobierno ya está invitando a los colombianos a descargar una aplicación (CoronApp). Un intento de integrar estas mismas estrategias en el control de la pandemia. Esto le contó a El Espectador la investigadora desde Boston. (Lea una entrevista con Sandy Petland, padre del Big Data). 

¿Cuándo comenzó a usar información de teléfonos para rastrear epidemias?

Por 10 años he trabajado con operadores de celulares y proveedores de datos para agregar esa información en modelos epidemiológicos y que nos ayuden a entender cómo los patrones de movilidad esparcen las enfermedades. En Pakistán y Bangladesh lo hemos hecho para entender epidemias. Hemos trabajado en malaria y dengue. Ahora estamos tratando de entender el impacto de las intervenciones de distanciamiento social en la pandemia del coronavirus. Queremos entender la transmisión del coronavirus y que tipo de políticas podrían ayudar a mitigarlo. 

¿Qué dificultades han encontrado en esa tarea?

La dificultad siempre es cómo estandarizamos la agregación y datos de diferentes operadores. Algo que tampoco tenemos aún para el caso del coronavirus son los parámetros básicos epidemiológicos. Podemos usar los datos de movilidad para ver cómo cambia el comportamiento humano con las medidas que se toman en las localidades, pero tendremos luego que ver toda esta información en relación con contagios y muertes por coronavirus. Eso será difícil porque la vigilancia epidemiológica no es tan completa en muchos lugares. 

China y Sur Corea han implementado ya este tipo de rastreos a partir de aplicaciones. ¿Esos modelos también tienen deficiencias?

Todos los modelos sufren con parámetros que no están claros. No creo que exista ningún modelo preciso. Pero ahora sabemos más de la enfermedad que antes y China definitivamente tiene más experiencia. Corea del Sur ha hecho un gran trabajo con el distanciamiento social. La gran pregunta es qué va a ocurrir cuando se relajen las normas de distanciamiento social y cómo podemos hacerlo basados en evidencia sin arriesgar el resurgimiento de la epidemia. 

¿En qué consiste exactamente esta tecnología y qué tan compleja es? ¿Países pobres y de mediana renta podrán usarla?

Los datos vienen de los teléfonos. No importa si es un teléfono inteligente. Cuando usas el celular que está atado a una antena puedes saber la localización aproximada de las personas y puedes comenzar a ver el patrón de movimiento entre localidades de esa persona. Para Facebook y otras aplicaciones que usan GPS es igual porque al final también los agrupas en tiempo y espacio. Esto te permite saber cuántas personas estuvieron en un lugar y a donde se movieron. El asunto es que en estas agregaciones de datos necesitas proteger la identidad de las personas. El reto con países baja y media renta son dos cosas. Una es un sesgo demográfico. No tienes datos de poblaciones sin celular como los más pobres. También tienes un sesgo geográfico pues vas a tener mejor resolución en lugares urbanos, mientras en zonas rurales hay menos celulares y torres de transmisión y los datos están menos disponibles. 

¿Cree que las empresas y gobiernos que tienen mejor desarrollados los modelos de análisis para la pandemia los van compartir?

Algunas compañías ya están compartiendo públicamente sus datos. Google ha hecho algo al respecto. Creo que comenzará a ocurrir. Soy parte de una red de datos de movilidad global y nosotros trabajamos con proveedores de datos bajo acuerdos específicos, lo hacemos como instituciones de investigación. Esos datos los usamos para agregarlos de una manera que sea relevante para la toma de decisiones y compartimos con los tomadores de decisiones. Creemos que los datos deben ser usados bajo los protocolos de privacidad más que simplemente hacerlos público para todos. En parte para evitar malinterpretaciones y evitar malos usos. Imagine que identifica comunidades que no están logrando el distanciamiento social. Eso implicaría un riesgo de ser castigados socialmente. Estamos siendo conservadores en el acercamiento a estos datos. 

¿Qué otro tipo de datos puede obtener a partir de celulares para enfrentar la pandemia?

Nosotros no tenemos nada más. Y esto es para proteger a los individuos. Algunos usan datos de edad. Pero creemos que para desagregar información más allá de lo que he contado hay que ser muy cautelosos. Nosotros solo buscamos comprender la dinámica general de la comunidad, nada individual. 

Estamos en una carrera contra el tiempo. Muchas comunidades necesitan implementar este tipo de análisis en tres o cuatro semanas. ¿Qué tanto tiempo toma integrar esto en las estrategias de mitigación para un país?

Hay metas a corto plazo y a mediano plazo. En el corto plazo se trata de mirar los patrones de movilidad en respuesta a las intervenciones de distanciamiento social: cuándo se mueve la gente, qué tan lejos van, los viajes entre regiones que realizan. Este tipo de resultados se pueden compartir con los tomadores de decisiones. Pero la urgencia es integrar esto en los modelos epidemiológicos. Esto toma más tiempo porque necesitas hacer análisis más cuidadosos y unir la reducción en movilidad con la tasa de contagio. Si lo logras podrías saber, por ejemplo, qué significa una reducción del 30% en la movilidad en términos de impacto de la enfermedad. 

¿Y el uso de esta misma tecnología para rastrear contactos de personas infectadas?

No hacemos seguimiento de individuos. Hay muchas preocupaciones con esto. Ese es un segundo nivel. Nosotros solo agregamos información. No hacemos seguimiento de contactos. 

¿Pero lo van a necesitar los países?

Mi opinión es que los apps de rastreo de personas deben ser usadas con mucho cuidado. Está por verse qué tan útiles van a ser, cuándo y cómo usarlas. 


 

Entrevista con Caroline Buckee, profesora de epidemiología en la U. de Harvard y quien lleva más de 10 años usando datos de celulares para estudiar el comportamiento de enfermedades infecciosas.

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