13 Nov 2019 - 8:30 p. m.

Las proteínas que permitieron conocer al primate más grande que pisó la Tierra

Un grupo de científicos logró rescatar material biológico de un diente de hace 1,9 millones de años que le pertenecía a un primate que medía más de tres metros y pesaba más de 500 kilos. El material es el más antiguo rescatado hasta ahora y su hallazgo permitió resolver varios enigmas sobre este simio llamado Gigantophitecus.

- Redacción Ciencia

Representación artística de Gigantopithecus blacki (izquierda) y mandíbula fósil de esta especie (derecha). / Ikumi Kayama y Wei Wang con Theis Jensen
Representación artística de Gigantopithecus blacki (izquierda) y mandíbula fósil de esta especie (derecha). / Ikumi Kayama y Wei Wang con Theis Jensen

Durante la década de 1930, las muelas de un género extinto de primates, se vendieron como un remedio tradicional en China bajo el nombre de “dientes de dragón”. Hasta que en 1935, el paleontólogo Ralph von Koenigswald, que sabía que en esas “tienduchas” curiosas de Hong Kong habían valiosos fósiles, identificó uno molar de más de 2,5 cm de grande y aseguró que provenía de un enorme primate al que llamó Gigantophitecus. (Ver más: Fósiles del primer simio erguido revelan cómo pudieron caminar en dos patas los primates)

Averiguó que esta especie llegó a medir tres metros y a pesar más de media tonelada. Que vivió durante casi dos millones de años en las selvas de China, Vietnam, Tailandia y que, seguramente, pudo encontrarse con los humanos actuales. Sin embargo, hasta ahora, no se sabía a ciencia cierta los motivos de su extinción o su parentesco con nuestra especie.

Aunque se conocen cientos de dientes de esta especie -que usaban para masticar bambú, hojas y frutos, pues eran herbívoros-, e incluso, algún trozo de mandíbula, nunca se ha encontrado un solo cráneo que permitiera averiguar de su evolución. ¿Es un ancestro de los humanos? ¿Es un pariente de otros simios? ¿Es una nueva y desconocida rama del árbol genealógico de primates? 

Este miércoles, investigadores del Instituto de Biología Evolutiva y el Globe Institute de la Universidad de Copenhague publicaron un estudio en la revista Nature que, finalmente, logra resolver ese enigma gracias al análisis de proteínas fosilizadas. En este, el diente de un gigantopiteco encontrado en 2006 es una cueva del sur de China, y que tiene 1,9 millones de años fue el objeto de estudio. Claro que, por su antigüedad, ni la mejor tecnología hubiera podido recuperar muestras de ADN de allí. El récord, hasta ahora, es ADN extraído de un homínido que vivió hace 400.000 años en Burgos. Así que se usó otra técnica. (Ver más: Por primera vez cultivan embriones fuera del útero por 20 días)

Lo que sí pudieron hacer los científicos fue extraer de la muela miligramos de esmalte y dentina, que después secuenciaron en busca de proteína fosilizadas. ¿El resultado? Lograron recuperar casi 500 aminoácidos correspondientes a seis proteínas del esmalte dental que se han conservado durante millones de años. Se convirtieron en los restos moleculares más antiguos que se han extraído de un fósil.

Estas proteínas de simio gigante fueron comparadas con las de los humanos y con otros primates actuales y, por fin, se pudo conocer que el gigantopithecus era una especie hermana de los orangutanes, que se separó evolutivamente de ellos hace unos 10 millones de años. (Ver más: Siete especies de primates, al borde de la extinción por culpa de los humanos)

“Hasta ahora, todo lo que se sabía sobre esta especie se basaba en la morfología de los dientes y mandíbulas encontrados, propios de un herbívoro”, comenta Enrico Cappellini, investigador en la Universidad de Copenhague a la Agencia Sinc. “Ahora, el análisis de las proteínas antiguas de su esmalte, o análisis paleoproteómico, nos ha permitido reconstruir la antiquísima historia evolutiva de este pariente lejano”, añade.

“El análisis de paleoproteínas es la nueva revolución en el campo de la evolución humana, será un golpe de timón como el que hace una década supuso el análisis de ADN en estudio de nuestros orígenes”, asegura María Martinón-Torres, directora del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana al diario El País, de España. “Por muy increíble que parezca, se sigue debatiendo si algunos fósiles que se han atribuido a Homo erectus pueden en realidad no ser humanos y pertenecer o bien alguna especie de orangután o a algún primate no conocido. Estudios como el de las paleoproteínas podrían suponer una herramienta utilísima para resolver este tipo de debate”, detalla al mismo diario.

 Lo que sigue siendo una incógnita es su motivo de desaparición. Se especula que, al vivir en selvas espesas, las fluctuaciones del clima pudieron afectarle; o también la presión añadida por la llegada de los primeros humanos modernos a las junglas de Asia.

Sin embargo, el avance en la técnica es esperanzador: “Por ahora la técnica nos ha permitido recuperar proteínas fosilizadas en el esmalte de los molares. Pero podría utilizarse con muchos otros restos óseos para revelar la vasta antigüedad de la evolución humana, que aún desconocemos en gran medida”, concluye Tomàs Marquès-Bonet, investigador del IBE y del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont, y colíder del trabajo a Sinc.

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