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El fondo del océano y la vida en la superficie pueden tener una relación que hasta el momento se desconocía. Un grupo de investigadores encontró que los terremotos submarinos profundos pueden estimular el crecimiento de floraciones masivas de fitoplancton, los organismos microscópicos, similares a las plantas, que flotan en las capas superiores del océano y constituyen la base de la cadena alimentaria oceánica.
En 2019, una investigación descubrió que el hierro de las fuentes termales submarinas, llamadas respiraderos hidrotermales, alimentaba las floraciones de fitoplancton en el Océano Austral que rodea la Antártida. En ese momento, los autores del estudio se propusieron averiguar por qué la productividad, es decir, la velocidad a la que las algas convierten la luz, el dióxido de carbono y los nutrientes en biomasa, de una floración en particular variaba drásticamente de un año a otro, pues una mayor productividad da lugar a floraciones más densas y extensas.
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Recientemente, los investigadores dieron a conocer los resultados de un nuevo estudio en el que identificaron los factores que han hecho que esa floración que les llamó la atención haya alcanzando el tamaño de California, uno de los estados de Estados Unidos, según Casey Schine, autor principal del estudio publicado hace unas semanas en la revista Nature Geoscience.
“Nuestro estudio demostró que el principal factor que controla el tamaño de esta floración anual de fitoplancton fue la actividad sísmica de los meses previos”, sostuvo Schine.
En 2014, cuando Schine y sus colegas estaban en un crucero, muestrearon la gran floración de fitoplancton que está a lo largo de la Dorsal Antártica Australiana del Océano Austral. Esta pronunciada elevación es una parte poco explorada del sistema de dorsales oceánicas, una cadena montañosa submarina volcánicamente activa que se extiende por todo el planeta.
Después de esa expedición, otros científicos descubrieron que la zona estaba salpicada de respiraderos hidrotermales, y que siempre se desarrollaba en el mismo lugar y al mismo tiempo, pero su tamaño variaba notablemente cada año.
Esa observación inspiró a los investigadores a explorar qué podría estar influyendo. “Cuando descartamos posibles factores más obvios de esta variación, comenzamos a pensar en las propias fuentes de nutrientes de hierro: las fuentes hidrotermales”, explicó Schine.
Según explican los investigadores, otros estudios han mostrado que el temblor del suelo puede alterar las tuberías internas de los respiraderos, abriendo conductos obstruidos y abriendo nuevas vías de escape para los fluidos calientes. Por esto, más terremotos podrían bombear más hierro al Océano Antártico, propuso Schine.
El equipo consultó los registros de terremotos registrados por varias estaciones de monitoreo sísmico de la región. Esos datos mostraron que cuando ocurrieron terremotos de magnitud 5 o mayor en los pocos meses previos al verano en el hemisferio sur, el período de máximo crecimiento del fitoplancton, las floraciones finales se volvieron mucho más densas y productivas.
Estos resultados muestran que la actividad sísmica podría tener una profunda influencia en la red alimentaria basada en el fitoplancton, que alimenta a los crustáceos y al krill que sustentan a animales más grandes, incluidos pingüinos, focas y ballenas.
Para los investigadores, debido a que las floraciones de fitoplancton, además, capturan dióxido de carbono de la atmósfera, comprender los factores que impulsan su crecimiento puede ayudar a los científicos a mejorar los modelos que predicen cuánto carbono pueden absorber los océanos en el futuro.
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