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Minciencias apostó por llevar robótica a 40 colegios, pero no ajustó todas las tuercas

Con una inversión de COP 14.000 millones, el Ministerio de Ciencias, liderado por Yesenia Olaya, ha entregado 34 laboratorios de robótica a colegios colombianos, para promover “vocaciones científicas”. Pero sus críticos señalan que es una estrategia desarticulada y que no hay un camino para evaluar su impacto. Además, no es claro cómo seleccionaron los lugares a donde los llevaron: uno se lo dieron a la institución donde estudió el presidente Gustavo Petro.

Fernán Fortich

19 de julio de 2026 - 09:00 a. m.
Los salones están equipados con kits de robótica y diferentes elementos para el aprendizaje.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga
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El pasado miércoles, funcionarios del Ministerio de Ciencias regresaron al colegio de Sierra Morena, ubicado en la localidad de Ciudad Bolívar, en Bogotá. En el transcurso del día revisaron e inauguraron uno de los dos laboratorios de robótica que le habían prometido a la comunidad educativa y que habían desatado una intensa discusión entre la cabeza de esa cartera, Yesenia Olaya, y la Alcaldía de Bogotá.

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El 30 de mayo, Olaya se había quejado públicamente de que funcionarios del colegio no la habían dejado entrar a ella y a su equipo y habían impedido “la llegada de un laboratorio de robótica”. Era, escribió en sus redes sociales, “la imagen visible de muchas otras puertas que históricamente han permanecido cerradas para las juventudes populares de Colombia”.

La Secretaría de Educación le salió al paso a las declaraciones de la ministra de Ciencias. Dijo que sus afirmaciones no eran ciertas. El 23 de junio aclaró que solo hasta mediados de junio ese ministerio les había entregado “las especificaciones técnicas” y estaba hasta entonces haciendo las adecuaciones del aula. A ojos de algunos funcionarios de la entidad, lo que planeaban hacer en el colegio era un evento político preelectoral y no entregar un laboratorio.

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No era la primera vez que el Minciencias sacaba pecho por la entrega de uno de esos laboratorios, que hacen parte del Programa Colombia Robótica. En varias oportunidades compartió comunicados y publicaciones en redes sociales en los que los presentaba como una apuesta por acercar a las niñas, niños y jóvenes a los métodos STEAM, una sigla en inglés que se refiere a cinco áreas del conocimiento: ciencia, tecnología, ingeniería, artes y matemáticas. Hacer énfasis en estos con la primera infancia había sido una de las principales recomendaciones de la Misión de Sabios en 2019, como lo recuerda Clemente Forero, uno de sus integrantes y actual presidente de la Academia de Ciencias Económicas.

Con una inversión de COP 14.000 millones hasta el momento, el Minciencias señala haber entregado 34 laboratorios en 24 municipios de Colombia. La mayoría (15) están ubicados en Tumaco (Nariño), la ciudad natal de Yesenia Olaya. También hay uno en Zipaquirá, en el colegio donde estudió el presidente Gustavo Petro: La Salle.

Mientras conversamos en el aula de esa institución, ubicada a pocas cuadras del centro histórico y cerca del trazado de la antigua vía del tren, Adney Ramírez, secretaria de Educación del municipio, confiesa que la selección del colegio para recibir el laboratorio no obedeció a una decisión técnica.

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Sentada en medio del laboratorio, vacío durante la época de vacaciones, la funcionaria recuerda cómo hace alrededor de tres meses fue contactada para su instalación. “Nos llamaron y nos dijeron que querían hacer un laboratorio en el municipio, lo cual es una oportunidad que rara vez se da, así que dijimos que sí. Nos contaron que querían hacerlo en el colegio La Salle, y nosotros les respondimos que había otros colegios que lo necesitaban más. Pero nos dijeron que no, que tenía que ser ahí porque era donde el Presidente había estudiado, y era un regalo que quería hacerle a la institución”, sostiene.

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Como Ramírez, hay algunas personas que no están del todo conformes con esta iniciativa del Minciencias. Uno de ellos es Óscar Sánchez, el exviceministro de Educación del Gobierno Petro y hoy director del programa Computadores para Aprender del Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicaciones —que cuenta con un presupuesto de COP 68.000 millones—. Cree que la estrategia liderada por Minciencias “entrega muy poco. En nuestros programas hemos entregado 2.500 laboratorios STEAM, de robótica, entre otros kits para colegios, en los que hemos entendido que la tecnología no es mágica y que estas herramientas no enseñan por sí solas. Lo que educa es un proyecto pedagógico claro, y dentro de los intereses de la comunidad educativa”.

El exviceministro de Educación reitera que de ninguna manera quiere “tirarle” al Ministerio de Ciencia, pero dice que “hay que ser honestos: lamentablemente en el país este tipo de estrategias siguen desarticuladas”, aunque está de acuerdo en que “representan una oportunidad para que maestros y estudiantes participen en concursos internacionales y realicen proyectos que realmente impacten sus comunidades y los procesos educativos”.

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La Secretaría de Educación de Bogotá es otra de las entidades que cree que el impacto real del programa de Minciencias es muy reducido. “Solo dota a una institución de las 412 que tenemos en la ciudad”, menciona para sintetizar su opinión.

Pero la cartera que lidera Yesenia Olaya tiene una posición muy diferente. Al preguntar por el programa, desde el Minciencias dicen que Colombia Robótica se ha consolidado “como una de las principales apuestas para promover vocaciones científicas, fortalecer la educación STEAM y acercar la ciencia, la tecnología y la innovación a niñas, niños, adolescentes y docentes en todo el país”.

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Esperan que antes de que culmine el 2026, puedan entregar otros seis laboratorios, que serán destinados a Cajamarca (Tolima), Garzón (Huila) y Cúcuta (Norte de Santander). ¿Cómo eligieron qué colegios los merecen? Aunque en los términos de referencia de la convocatoria del programa había un listado inicial de municipios priorizados para implementar la estrategia, entre ellos zonas PDET y ZOMAC, el Minciencias aclaró que estos podrían “cambiar dependiendo de las situaciones en el terreno”.

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“La selección”, responde esa cartera, “se realizó conforme a las reglas de la convocatoria y a las condiciones propias de cada territorio con el propósito de garantizar la adecuada ejecución del programa y el cumplimiento de sus objetivos, y cualquier modificación obedeció al no cumplimiento de los requisitos”. Solo colegios con mínimo cinco años de experiencia en la ejecución de proyectos con enfoque STEAM, señala la entidad, podían ser seleccionados.

Hay laboratorios, pero, ¿y ahora?

La idea de entregar laboratorios de robótica es una iniciativa implementada desde el 2024 por la Universidad Nacional. Aunque varía según la institución educativa, consiste, en pocas palabras, en dotar un aula con un televisor táctil, cinco kits de robótica educativa (hay un chasis de aluminio anodizado, resistente y compatible con piezas mecánicas Makeblock y Lego), gafas de realidad virtual, dos estaciones de soldadura, LEGO Education SPIKE Prime (un kit de robótica y programación diseñado especialmente para estudiantes), sensores, microcontroladores, herramientas de programación, recursos de fabricación digital e impresión 3D. También, en algunos casos, señala Karen Herrera, líder del proyecto en la U. Nacional, “recursos de realidad virtual, cortadora láser u otros equipos según las capacidades definidas para el territorio”.

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En el caso del colegio La Salle, de Zipaquirá, el laboratorio está en un salón de 25 metros de ancho por 10 metros de largo. Allí, repartidas en diferentes mesas, hay cajas con los elementos que recibieron. En uno de los costados hay una torre, con un vidrio transparente y polarizado que es una máquina de impresión 3D, ubicada frente a una pared con los logos de “Colombia Robótica”.

El objetivo del programa es “instalar ambientes de aprendizaje que conecten ciencia, universidad, colegios, docentes, estudiantes y territorios”, añade Herrera. Además, como complementa Minciencias, hay un acompañamiento a los maestros que busca “fortalecer capacidades institucionales y promover el aprendizaje en áreas como robótica, programación, pensamiento computacional e inteligencia artificial”.

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El objetivo del programa es crear ambientes de aprendizaje en ciencia y robótica para los estudiantes.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga

Sin embargo, el acompañamiento oficial es de diez meses y, como se lee en la convocatoria, a “la finalización y liquidación (del proyecto) se definirá la custodia y cuidado de tales bienes”. Esto implicaría la entrega formal al colegio o la entidad territorial que se comprometa.

Hoy hay municipios que se preguntan cómo mantendrán esos laboratorios. Cuando los recibieron, firmaron una carta en la que se comprometían a sostener los equipos, una tarea “por naturaleza costosa”, según Ramírez, secretaria de Educación de Zipaquirá. “Por fortuna, en el municipio tenemos una política de ciencia e innovación en la que se pueden comprometer recursos en el futuro, pero depende mucho de la voluntad política”, dice Ramírez.

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La Institución Educativa San Francisco de Asís, en Apartadó, en el Urabá antioqueño, la tiene un poco más difícil. Jaminton Vives, secretario de Educación del municipio, dice que está muy agradecido con el Ministerio de Ciencias, pues sus estudiantes siempre han sido inquietos a la hora de hablar de robótica y en el pasado hasta hacían “vaca” entre ellos para adquirir elementos por Temu.

“Estos espacios han servido para desarrollar semilleros y para los docentes que, junto con estudiantes, en particular niñas, ya han mostrado sus habilidades al desarrollar previamente prototipos, como bastones para personas ciegas, entre otros”, cuenta por teléfono.

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Sin embargo, Vives sabe que al tener el único laboratorio en los once municipios de Urabá, ubicado en lo que él llama la “invasión más grande de Latinoamérica”, hay un desafío que no sabe cómo sortear: “Somos un municipio de tercera categoría y no tendríamos la posibilidad de hacerle mantenimiento, pues no hay destinación específica para esto”.

Asegura que el municipio invirtió COP 42 millones solo en la adecuación de la sala en temas eléctricos, así como en la instalación de aire acondicionado. “Pienso mucho en los colegios en Nariño, donde entregaron varios, y no es claro cómo van a mantenerlos”, dice.

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“Aún falta claridad frente al mantenimiento de los equipos, la actualización del software e incluso el recambio de los equipos, pues sin eso puede terminar siendo un elefante blanco, a mediano o largo plazo”, añade Laura Arbeláez, investigadora del Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana, quien viene siguiéndole la pista al programa de Minciencias.

Frente a las dudas sobre la sostenibilidad, tanto Minciencias como la U. Nacional responden que uno de los objetivos es el fortalecimiento de los Proyectos Educativos Institucionales (PEI), a través del enfoque STEAM. Además, aseguran que será clave lo que denominan la Red STEAM, en la que se busca crear una comunidad entre docentes, instituciones, universidad y aliados que “permita compartir experiencias, circular recursos, resolver dudas y acompañar a los docentes después de la entrega física del laboratorio”.

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“Hola, Fernán. Quisiera hacerte dos precisiones.

”Nuestro aporte no se limita a la implementación de los laboratorios, sino que comprende el diseño pedagógico, la formación docente, el acompañamiento territorial y doctoral, y el desarrollo de proyectos de investigación escolar y STEAM. Ese componente, que constituye el valor agregado de la Universidad en el programa”, agrega Herrera.

Un programa sin “Ondas”

Colombia tiene ya una larga historia de experiencias en la entrega de equipos tecnológicos para los colegios. “Esas iniciativas pasadas dejan lecciones muy relevantes, y la principal es que la infraestructura sin acompañamiento pedagógico realmente sostenido, al final, termina en una subutilización de lo que se entrega”, resume Arbeláez, del LEE de la Javeriana.

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La investigadora asegura que esto último parece haber sido aprendido por el programa de Minciencias, que le apostó a la formación de cerca de 750 docentes, con la meta de llegar a 820 para apropiarse de metodologías que permitan utilizarlas en sus clases.

Herrera, líder del proyecto en la U. Nacional, reitera que “un elemento diferencial es el acompañamiento de profesionales con formación doctoral. Este acompañamiento permite pasar de la capacitación técnica al diseño de proyectos de investigación escolar con niñas, niños y adolescentes”.

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Sin embargo, reconoce que hay desafíos. “Hay un reto pedagógico y es que muchos docentes quieren innovar, pero necesitan tiempo, acompañamiento y confianza para incorporar robótica, programación, impresión 3D o inteligencia artificial en sus clases. También hay temas culturales relacionados con imaginarios que hacen pensar que la tecnología es solo para estudiantes con habilidades técnicas previas o que la robótica está más asociada a los niños que a las niñas”.

Pero en medio de su análisis, Arbeláez cree que hay otro punto que no se puede echar en saco roto a la hora de hablar de Colombia Robótica: la desconexión que hay con el Programa Ondas, una iniciativa que se ha implementado desde 2001 y que ha buscado que los estudiantes formulen sus propias preguntas y resuelvan problemas de su entorno real mediante proyectos de investigación, guiados por sus maestros y con acompañamiento científico.

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Desde el LEE de la U. Javeriana dicen que, aunque Programa Ondas, hoy en mano del Minciencias, aporta la pedagogía de la investigación, y Colombia Robótica aporta el laboratorio físico y la tecnología, no es claro cómo esa articulación es explícita entre ambas.

William Cotrino, presidente de la Federación Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia —un organismo creado hace poco luego de las dificultades que ha habido con las convocatorias de regalías lideradas por el Minciencias— coincide en esa lectura. “El Ministerio de Ciencias paralizó el programa Ondas para la formación de vocaciones científico-tecnológicas en niños, niñas y adolescentes. Prefirió hacer esfuerzos aislados de dotación de algunos laboratorios STEAM sin una estrategia de fortalecimiento de semilleros de investigación”, argumenta.

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“Es realmente una lástima que no se esté integrando con Ondas, que ha dejado cosas maravillosas en el país, y poder lograr el desarrollo del pensamiento científico digital”, concuerda Óscar Sánchez, director del programa Computadores para Aprender del MinTic.

Frente a las críticas, el Minciencias se defiende asegurando que Colombia Robótica “contribuye a la formación de nuevas generaciones con interés en la ciencia, la tecnología y la innovación, más aún en una era donde investigar cada vez genera más desidia, fortaleciendo el talento humano que el país requiere para consolidar una sociedad basada en el conocimiento y ampliar el acceso a estas oportunidades desde el sistema educativo”.

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Otro punto por el cual Colombia Robótica ha recibido críticas, precisa Herrera, que la evaluación se apoya en bitácoras, portafolios, evidencias fotográficas o audiovisuales, registros de prototipado y ejercicios de validación.

“El resultado de fondo es la instalación de capacidades. Se espera que más docentes puedan diseñar experiencias STEAM, que más estudiantes tengan acceso temprano a robótica, programación, pensamiento computacional e inteligencia artificial, y que los territorios cuenten con espacios para crear soluciones a sus propios problemas”, sintetiza.

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Como constatamos en la visita al laboratorio del colegio de Zipaquirá, las bitácoras consisten, en parte, en hojas de papel en las que los estudiantes dejan sus nombres, otros datos y lo que hicieron en el laboratorio. En algunas de ellas se detallan los proyectos en los que trabajaron. Hay una hoja en blanco para ser llenada cuando inicien las clases.

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Por Fernán Fortich

Periodista con enfoque en temas ambientales, posthumanistas y sociales.@fernanfortichrffortich@elespectador.com
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