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Perros “superdotados” aprenden nuevas palabras al oír a sus dueños, como niños pequeños

Un estudio en Science muestra que un pequeño grupo de perros con habilidades excepcionales puede aprender nuevas palabras simplemente escuchando conversaciones entre humanos, sin que se les hable directamente. El hallazgo apunta a que algunos procesos cognitivos básicos del aprendizaje del lenguaje, comparables a los de niños de 18 meses, no serían exclusivos de nuestra especie.

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13 de enero de 2026 - 01:57 p. m.
El hallazgo, sostienen los investigadores, podría abrir nuevas pistas para entender cómo surgieron las capacidades cognitivas relacionadas con el lenguaje y cómo pueden manifestarse, en formas más simples, en otras especies. /Getty
El hallazgo, sostienen los investigadores, podría abrir nuevas pistas para entender cómo surgieron las capacidades cognitivas relacionadas con el lenguaje y cómo pueden manifestarse, en formas más simples, en otras especies. /Getty
Foto: Getty Images - Lysandra Cook
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Los niños comienzan a adquirir palabras nuevas al escuchar cuando se les habla o cuando escuchan por casualidad una interacción entre dos personas, por ejemplo, padre y madre. ¿Es posible que algo similar pueda ocurrir con los perros?

Parece una comparación algo absurda, pero podría ser una buena explicación a esa sensación que muchos dueños de perros tienen de que sus animales entienden muchas palabras cuando les hablan. Una investigación publicada en Science esta semana sugiere que un pequeño grupo de perros “superdotados” para el aprendizaje de palabras, que poseen un amplio vocabulario de etiquetas de objetos, puede aprender nuevas etiquetas al escuchar las interacciones de sus dueños. Además, los científicos dicen que comprobaron que estos perros son capaces de establecer la relación entre una palabra y un objeto incluso cuando ambos no se presentan de forma simultánea, una habilidad cognitiva comparable a la que muestran niños humanos de alrededor de 18 meses y que sugiere que algunos procesos básicos del aprendizaje del lenguaje no son exclusivos de la especie humana.

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El hallazgo, sostienen los investigadores, podría abrir nuevas pistas para entender cómo surgieron las capacidades cognitivas relacionadas con el lenguaje y cómo pueden manifestarse, en formas más simples, en otras especies.

Los perros superdotados

Se sabe que el lenguaje es exclusivamente humano, pero algunas habilidades cognitivas subyacentes a su evolución son compartidas con otras especies. Los investigadores plantean que si un animal puede escuchar a otros hablar y asociar palabras con objetos, eso indica que posee habilidades sociocognitivas similares a las que usan los bebés cuando aprenden observando a un adulto interactuar con otra persona. Este tipo de aprendizaje ya se había documentado en casos excepcionales, como dos bonobos criados en contacto con humanos y un loro gris africano, aunque en este último caso hubo también enseñanza directa.

Los perros ocupan un lugar especial en este debate porque evolucionaron junto a los humanos y se adaptaron a vivir en nuestro entorno. Esa convivencia los convirtió en un modelo ideal para estudiar una cognición social “similar a la humana”, escriben los autores. Numerosos estudios muestran que los perros, incluso desde muy pequeños, exhiben comportamientos comparables a los de niños pequeños, como seguir la mirada, responder a gestos o atender a la voz humana. Aprender al escuchar conversaciones humanas podría haberles dado una ventaja evolutiva.

De hecho, investigaciones recientes que los autores reseñan en este nuevo estudio han demostrado que los perros reconocen palabras de acciones cotidianas (“siéntate”, “abajo”) incluso cuando no se les habla directamente.

Sin embargo, aprender nombres de objetos es mucho más complejo que aprender comandos, y hasta ahora solo se había observado con claridad en un grupo muy reducido de animales: los llamados perros superdotados para el aprendizaje de palabras. Estos perros pueden aprender espontáneamente los nombres de juguetes u objetos durante el juego, sin entrenamiento formal, lo que sugiere que tienen capacidades sociocognitivas especiales para vincular palabras con cosas.

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Un problema en este tipo de estudios es diferenciar si el animal realmente aprende la relación entre una palabra y un objeto, o si simplemente elige por descarte (por ejemplo, seleccionando el objeto nuevo cuando oye una palabra nueva). Este problema también existe en estudios con niños pequeños. Para evitarlo, los investigadores deben presentar varios objetos y varias etiquetas nuevas, aunque en los perros esto puede generar confusión si se hace demasiado rápido.

Por eso, en este estudio los científicos diseñaron un protocolo cuidadoso y progresivo. Primero comprobaron si diez perros superdotados podían aprender dos nuevas palabras en condiciones naturales cuando sus dueños les hablaban directamente. Luego evaluaron el punto central del estudio: si estos perros podían aprender palabras solo escuchando interacciones entre humanos, sin que se les hablara a ellos. También probaron el mismo método con perros comunes, sin vocabulario previo, para comparar resultados. Finalmente, inspirados en investigaciones con bebés de 18 meses, los científicos dieron un paso más: analizaron si los perros podían aprender la relación entre una palabra y un objeto incluso cuando no aparecían al mismo tiempo, es decir, cuando el objeto estaba fuera de la vista. Esto pone a prueba una habilidad cognitiva aún más avanzada.

¿Qué descubrieron?

En el primer conjunto de pruebas, los investigadores trabajaron con diez perros que ya tenían un vocabulario amplio de juguetes. A estos animales se les presentaron dos juguetes nuevos y se les expuso a sus nombres durante varios días, ya sea de forma directa (el dueño hablándole al perro y jugando con él mientras repetía el nombre del objeto) o de forma indirecta, en una condición muy importante del estudio: el perro solo observaba y escuchaba cómo su dueño usaba el nombre del juguete al interactuar con otra persona, sin dirigirse al animal. Posteriormente, los perros fueron evaluados en pruebas en las que debían traer el juguete correcto cuando se les pedía por su nombre, entre muchos otros objetos conocidos.

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Los resultados mostraron que estos perros aprendían los nombres nuevos con una precisión muy superior al azar en ambas condiciones, y que no había diferencias entre aprender “escuchando” o aprender mediante interacción directa.

Además, cuando se analizó solo el primer intento de cada prueba (para descartar que aprendieran durante el examen), los perros ya acertaban, lo que confirma que el aprendizaje ocurrió antes. En experimentos adicionales, los científicos comprobaron que estos perros podían aprender incluso cuando el nombre del objeto se decía después de que el juguete desaparecía de su vista, rompiendo la continuidad temporal entre palabra y objeto, y que esas asociaciones se mantenían al menos durante dos semanas, lo que indica una memoria estable. En contraste, cuando se aplicó el mismo protocolo de “escucha casual” a perros comunes sin experiencia previa con nombres de objetos, estos no mostraron un aprendizaje real: aunque a veces elegían bien, su comportamiento se explicaba mejor por una preferencia por la novedad y no por entender la relación entre palabra y objeto.

“Nuestros resultados demuestran que los procesos sociocognitivos que permiten aprender palabras a partir de conversaciones oídas no son exclusivos de los humanos. En las condiciones adecuadas, algunos perros muestran comportamientos notablemente similares a los de los niños pequeños”, afirma la autora principal, Shany Dror, del Clever Dog Lab del Instituto de Investigación Messerli de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, citada por esa institución. Dror enfatiza que estos perros ofrecen un modelo excepcional para investigar las capacidades cognitivas que permitieron el desarrollo del lenguaje en humanos. También aclara que la mayoría de los perros no aprenden de esta manera.

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