8 Oct 2021 - 11:57 p. m.

¿Qué aportan los premios Nobel a la ciencia y a la sociedad?

Esta semana se entregaron los galardones en Física, Química y Medicina. El anuncio plantea varias preguntas: ¿Para qué son útiles? ¿Cuál es la importancia de recibirlos? ¿Se debería premiar a más de una persona?

José David Ruiz Álvarez

Esta semana se anunciaron los famosos y tradicionales premios Nobel, con su típico componente en ciencias: Medicina o Fisiología, Física y Química. Estos premios se han convertido históricamente en la panacea del mundo científico, al menos en las disciplinas que son entregados. ¿Siguen siendo al sol de hoy igual de relevantes? (Lea Guía para entender el Premio Nobel de Química del 2021)

Más allá de la coyuntura del 2021 y de poner en la lupa o cuestionar los científicos que fueron galardonados este año, lo que puede ser más relevante es cuestionarnos sobre qué aportan estos premios a la ciencia y a la sociedad y si efectivamente premian lo que debería premiarse en estas ciencias. Son preguntas difíciles, mas no inatacables. (Lea Esta es la primera vez que le otorgan el Nobel de Física a científicos del clima)

La primera pregunta es ¿qué aportan estos premios a la ciencia y la sociedad? Para el galardonado puede ser bastante evidente la función del premio, el reconocimiento a su trabajo y a su aporte a la ciencia. Sin embargo, para la ciencia y la sociedad constituyen algo distinto. Su principal aporte podría resumirse en que dan un referente. Es decir, al exaltar a un o una científica le dan a ese trabajo un papel de relevancia y a la o las personas reconociendo su importancia. Esto puede tener varios efectos.

Este reconocimiento crea figuras de cuasi idolatría y adoración dentro del mundo científico. Han existido inclusive universidades especializadas en acumular premios Nobel, ofertando cantidades de dinero descomunales para contratarlos. Estos premios crean casi semidioses un poco más allá del bien y del mal en el mundo científico. ¿Es esto útil o contraproducente? Ambos. La ciencia se basa en un método que debería ser independiente de las personas para producir conocimiento, sobre todo para la evaluación y validación de hallazgos. Los ídolos podrían llegar a estar por encima de estas reglas y esto para la ciencia es más contraproducente que benéfico.

Adicionalmente, el hecho de tener ídolos crea una idea, al menos errada, de lo que significa hacer ciencia, y lleva a creer que la meta es obtener un reconocimiento similar. La ciencia es sobre todo una empresa por el conocimiento y no por el reconocimiento social. Pero no todo es malo, estás figuras pueden ayudar a conseguir fondos, en su papel de premio Nobel, que de otra forma sería muy difícil o imposible conseguir. Y en el mundo real la ciencia necesita dinero para hacerse. Los pros y contras analizados no pretenden ser exhaustivos, pero sí, al menos, ilustrativos de los puntos más importantes.

Ahora, la segunda pregunta, ¿se premia algo realmente merecedor de tan alto reconocimiento? No es del caso analizar las temáticas año a año, sino mejor el hecho del reconocimiento personal y particular de personas de la empresa científica. Newton dijo en algún momento que su trabajo había ser posible porque estaba parado en hombros de gigantes, para hacer referencia al aporte de los que lo precedieron y que pusieron la semilla de su trabajo. Este modelo de Newton crea el mito de las grandes mentes, que con el tiempo pareciera convertirse en una suerte de linaje donde la herencia no se da por sangre sino por el legado epistemológico y el avance en la ciencia logrado. Este mito instala en el imaginario social la idea de que existen aquellos capaces de hacer estos grandes avances y descubrimientos, los nombres de los que todos nos acordamos, y que el resto de los científicos, no es más que eso, el resto, que básicamente no importa. Un mito bastante similar a nuestra estructura social donde son las cabezas visibles, gerentes y demás, del sistema productivo, los que se llevan todos los méritos.

Para salvar un poco a Newton, en su época eran realmente pocos los que trabajaban en ciencia; además, la ciencia estaba naciendo. Pero este no es el caso para nuestra actualidad. Ahora, leído en alguna parte, no podemos decir que alguien que haga un gran descubrimiento estaba parado en hombros de gigantes sino más bien en hombros de muchedumbres. Son muchas las personas trabajando en ciencia, miles de artículos son publicados por año en cada disciplina, existen cientos de conferencias y un sistema de comunicación que casi que impide que los científicos se encuentren aislados y, para completar, las herramientas informáticas nos permiten un intercambio de información nunca antes visto. Cabe entonces preguntarse, ¿es en la actualidad el trabajo científico tan individual como para premiar a una, dos o tres personas?

Para dar una respuesta a esta pregunta podemos examinar ejemplos de los más grandes descubrimientos de los últimos años. ¿Merecerían los desarrolladores de las vacunas contra el SARS-CoV-2 un Nobel? Probablemente sí, muy probablemente sí. Pero estas vacunas fueron el resultado del trabajo de centenares, sino miles, de personas. ¿A quién le darían el premio? ¿Sería justo que se los dieran a los jefes de los proyectos? Muy probablemente no. Otro ejemplo, ¿la observación de ondas gravitacionales merece un premio Nobel? Sí, casi que sin lugar a dudas. ¿A quién se lo darían? ¿A la persona que hizo el análisis de datos? ¿A las personas que calibraron los equipos para poder tomar adecuadamente los datos? ¿Al grupo de personas que tuvo la idea que desembocó en el descubrimiento? Muy probablemente todas estas opciones serían injustas. ¿Merecen los científicos experimentales que descubrieron el bosón de Higgs tanto el Nobel como a los teóricos que se les otorgó? Claro que sí, estamos hablando de un descubrimiento experimental. ¿A quién o cuál grupo de las 5000 personas involucradas se le daría?

La ciencia de este siglo ya no es un esfuerzo de unos pocos, ni de unos solitarios genios, es la construcción de un conglomerado de personas con diferentes especialidades y que sin esa interlocución entre experticias y nacionalidades no se podría construir. Es hora de repensarnos el modelo de ídolos y caer en la cuenta de la realidad de la ciencia. Si bien, seguramente, los premios Nobel se sigan entregando a grupos de máximo tres personas, como sociedad debemos ser conscientes que esa no es la ciencia de la actualidad. Para que nuestros niños y niñas crezcan con el ideal de contribuir a esta gran empresa humana, de poner su granito de arena, más que con la idea de ganarse un Nobel.

*Profesor Asistente - Instituto de física, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, Universidad de Antioquia

Twitter: @ruizjosedavid

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