El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el lunes 10 de agosto dejó más de 290 víctimas mortales, así como un saldo, según las más recientes cifras del Gobierno Nacional, de más de 127.000 viviendas averiadas en Risaralda, Chocó, Valle del Cauca y los otros departamentos afectados por el sismo. Ha sido el de mayor intensidad registrado en el país en lo corrido del siglo XXI, de acuerdo con el Servicio Geológico Colombiano.
Además, de la búsqueda de desaparecidos, uno de los puntos clave es evaluar el estado de las casas y apartamentos. De hecho, mientras escribimos este texto, hay expertos e ingenieros que están en esos lugares afectados haciendo un primer análisis de la infraestructura. Aún hay muchas personas que no saben si pueden o no permanecer en sus hogares agrietados.
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¿En qué momento los habitantes deben pedir ayuda especializada? ¿Qué deben hacer mientras llegan a su puerta los profesionales? ¿Cómo tomar una buena decisión?
Con ayuda de varios especialistas, ayudamos a contestar esas inquietudes a medida que el proceso avanza.
Recuerde: es mejor que profesional sea el que evalúe su vivienda
Una de las principales recomendaciones de los expertos que consultamos es que solo una persona debidamente entrenada puede determinar si una vivienda es habitable o no después de un terremoto.
Orlando Arroyo, docente de la Universidad Industrial de Santander (UIS) e investigador adscrito a la Red Colombiana de Investigación en Ingeniería Sísmica (CEER, por sus siglas en inglés), lo resume con la siguiente analogía: “Tal como a uno en la medicina le dicen ‘no se automedique’, lo mismo pasa en el caso de un sismo. Las experiencias a nivel mundial sugieren que, primero, no hay que hacer un autodiagnóstico de la vivienda y, segundo, que hay que permitir que lo haga un profesional debidamente entrenado”.
Lo mismo opina Juan Francisco Correal, experto en ingeniería estructural y diseño sismorresistente de la Universidad de los Andes. “No es un asunto trivial; para que se haga una idea, en ocasiones son factores que ni un ingeniero civil puede determinar con facilidad o con información limitada”, sostiene.
Sin embargo, durante los últimos días, han circulado videos e imágenes en redes sociales en las que algunas personas señalan el tipo de grietas con las que hay que tener precaución, en caso de que se presenten en una vivienda. En algunos de ellos, mencionan las que están en diagonal o en forma de escalera. Pero, a ojos de Gilberto Areiza, presidente de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica (Asosísmica), estos signos no son suficientes.
“Una grieta por sí sola no permite determinar si un edificio es peligroso. Hay algunas en acabados y elementos no estructurales que pueden ser llamativas y no representar pérdida significativa de capacidad estructural, mientras que ciertos daños en columnas, muros estructurales, nudos o conexiones pueden ser mucho más importantes. Por eso, las evaluaciones deben realizarlas profesionales capacitados, siguiendo procedimientos organizados y bajo la coordinación de las autoridades competentes”, reitera.
¿En qué momento pedir ayuda?
Aunque es mejor que un experto haga la evaluación, sí hay algunas señales que puede seguir cualquier persona para saber si tienen que levantar la mano para pedir ayuda especializada. Incluso, desde la red CEER están desarrollando una guía práctica para que los ciudadanos puedan determinar qué tan crítico es la situación y pidan asistencia en sus hogares.
Uno de los puntos esenciales, según Arroyo, de la UIS, es ver si hay estructuras seriamente comprometidas, con columnas expuestas, muros caídos o en las que es visible el material interno.
“Otro elemento que es útil para saber si es necesario pedir una visita especializada es lo que se conoce como la regla del dedo o de la moneda. Si a usted en una grieta o fisura le cabe una moneda, ahí tiene que pedir ayuda a la autoridad”, añade Arroyo.
Desde el CEER resumen que, si las personas pueden observar fisuras importantes, se debe levantar la mano y pedir una inspección más detallada a las autoridades de su jurisdicción.
“Algo que se puede hacer de manera inmediata es averiguar cuándo la edificación obtuvo su licencia de construcción. Si el código de construcción fue entre el 98 y el 2010, se puede uno quedar bastante tranquilo porque la norma que cambió todo de manera significativa en Colombia fue la NSR-98. Para aquellas construidas antes del 98, las situaciones son más variadas y ahí la recomendación es que esas edificaciones requieren ser evaluadas”, agrega.
En opinión de Correal, de la Universidad de los Andes, otra buena sugerencia es que los habitantes tomen fotografías y las envíen a un profesional si la visita en sitio no es posible. “Esto es algo que ha funcionado en redes, pero debe ser un experto, como un ingeniero estructural, el que identifique algún daño. Pero esto ya es algo más personal que gubernamental”, asegura el ingeniero, quien insiste en que en estos casos se deben seguir los protocolos correspondientes.
En todo caso, el consenso general entre los ingenieros es tener paciencia y esperar que las alcaldías y las autoridades correspondientes realicen, en los próximos días, las evaluaciones correspondientes.
¿Qué evaluaciones se esperan en los próximos días?
Mientras usted lee estas líneas, equipos de ingenieros de diferentes partes del país se encuentran en las zonas afectadas por el sismo para categorizar las viviendas afectadas en el terreno. Entre estas se encuentra Jeannette Zambrano Nájera, profesora del Departamento de Ingeniería Civil y coordinadora de los equipos de evaluación estructural desde la Sede Manizales, quien ha sido una de las ingenieras que ha recorrido las zonas afectadas en la capital de Caldas.
“Desde el primer día, en coordinación con la Alcaldía, hemos estado recorriendo viviendas, asegurando que sean seguras para vivir. Uno de los principales retos, como ingenieros, ha sido el aspecto psicosocial, al tener que acompañar y explicarles a las familias cuándo no es seguro que se queden en su hogar”, sostiene en una llamada telefónica.
La labor que realizan los ingenieros es categorizar las viviendas en aquellas con riesgo de colapso, las que necesitan mayor revisión o intervención y las que son seguras para habitar o utilizar. Un ejercicio similar están realizando equipos capacitados por el CEER en Cali y Pereira.
“Lo que hemos encontrado es que las edificaciones que cumplen con las normas de sismorresistencia resistieron de manera positiva el temblor”, agrega Zambrano, de la U. Nacional.
Esto se suma a los esfuerzos que se realizan desde la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales (Asocapitales) y la Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito. A Pereira, por ejemplo, viajaron 24 ingenieros para revisar las estructuras afectadas.
“Su labor será, en últimas, ponerle nombre a la incertidumbre: caminar edificio por edificio, revisar grietas, columnas y cimientos, e informarles a los organismos responsables si las casas o edificios son seguros o si debe buscar otro lugar mientras se repara. Es un trabajo lento, técnico y silencioso, pero es también el primer paso para que las ciudades afectadas empiecen a pensar en la reconstrucción”, expresaron a El Espectador desde la Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito..
Otros grupos de ingenieros también se encuentran inspeccionando lo que pasó en las universidades del país. Así nos lo comentó el Ministerio de Ciencias, que ha reunido a funcionarios y docentes de las IES afectadas para revisar la Red de Universidades del Eje Cafetero.
“Se han visitado las sedes de la Universidad Nacional, la Universidad de Caldas, la Universidad Católica de Manizales y el Centro de Bioinformática y Biología Computacional. En la Universidad de Manizales no fue posible ingresar al edificio por indicaciones expresas de la Unidad de Gestión del Riesgo de Manizales”, comentó la cartera. “El propósito es que las fortalezas de cada institución en investigación y desarrollo científico puedan ponerse al servicio de la recuperación de los territorios golpeados por la emergencia”.
Un análisis más que se está llevando a cabo busca determinar los factores que llevaron al colapso de las edificaciones, cuyo número, para la tarde del domingo, ascendía a 197. Desde el CEER, ya tienen algunas pistas sobre lo que pudo haber causado algunos de esos colapsos, comenta Carlos Arteta, presidente y fundador de la red y quien ya recopiló algunos datos sobre lo ocurrido en Cali.
“Hemos visto una alta correlación entre el tipo de suelo y los colapsos, en particular aquellos que amplifican las ondas sísmicas. Es algo que se anticipa y que podría estar asociado”, sostiene Arteta.
Según Arteta, en lo que se refiere a la sismo resistencia, aún no todo está escrito. Recuerda, por ejemplo, el caso de lo que se conoce como “mallas electrosoldadas”, utilizadas para reforzar ciertas estructuras. “Durante 10 o 15 años se tenía la idea de que eran sismo resistentes, pero tras investigaciones que hemos hecho, encontramos que no lo son. Es decir, no es que las estructuras se vayan a caer, pero no es una materia que resista los temblores”, aclara.
“El terremoto reciente seguramente nos dejará nuevas enseñanzas, pero debemos esperar los estudios”, complementa Areiza, presidente de Asosísmica. “Un terremoto es, de alguna manera, una prueba a escala real de nuestras ciudades. Debemos estudiar dónde hubo daño, qué sistemas se comportaron bien, cuáles presentaron dificultades, qué influencia tuvieron los suelos, la edad de las construcciones, las irregularidades, los materiales y la calidad de ejecución. Lo que demuestre la evidencia deberá ser considerado en la evolución futura de nuestras normas”.
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