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La Sierra Nevada y el pulso que el Estado perdió con las ACSN en la principal vía del Caribe

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Alejandro Blanco Zúñiga y Lerber Dimas Vásquez
22 de junio de 2026 - 07:03 p. m.
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Lo de la Troncal del Caribe no es un simple cierre de vía. Fue una demostración de poder territorial. Una operación militar contra las Autodefensas Conquistadoras (ACSN) en la Sierra Nevada, terminó golpeando la movilidad, el turismo y las empresas en parte del Magdalena y La Guajira: uno de los corredores más sensibles del Caribe. Un bloqueo que duró cerca de 34 horas en al menos ocho tramos entre Santa Marta y Dibulla en el que el grupo armado reafirmó su poder.

El punto de inició fue la Quebrada del Sol, zona rural de Santa Marta. Allí hubo combates entre el Ejército y estructuras de las Conquistadoras. Desde ese punto, la tensión bajó de las montañas a la troncal, bajo una campaña certera de bloqueos y acciones militares del grupo armado calificables como terroristas. Atacaron con Drones la Estación de Policías de los Linderos, incineraron un camión del Ejército y un bus de servicio interdepartamental e instalaron cilindros bombas.

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La tensión se hizo evidente a tal punto que en dos de los bloqueos hubo tala de árboles para impedir el paso. Más de 80 vehículos quedaron represados mientras avanzaban los diálogos para levantar los cierres en medio de un comercio cerrado. Sin embargo, no se trataba solo de un problema de orden público, sino de una muestra de control territorial con capacidad de presión frente a una fragilidad institucional y estatal.

El operativo tampoco fue menor. El Ejército reportó la incautación de 7 fusiles calibre 5,56, 4 armas cortas, un mortero artesanal, 12 granadas de mortero, 1 dron y material de intendencia. No estamos hablando de una estructura improvisada y desde hace un tiempo importante se ha venido advirtiendo del poder de fuego de este grupo que ha impedido incluso el ingreso del Ejercito Gaitanista de Colombia. Ahora bien, las ACSN., no operan solo con fusiles. Su poder está en algo más difícil de desmontar. Controlan miedo, movilidad, silencios, economías locales y relaciones comunitarias. Por eso una presión en la Sierra se siente en la vía, en el turismo y en la vida diaria.

La Troncal del Caribe mostró algo más complejo. En la Sierra Nevada el Estado puede disputar el territorio, pero no siempre logra ordenar la vida cotidiana. Y cuando un grupo armado puede convertir una carretera nacional en instrumento de presión, el mensaje ya no es local, es regional y nacional con implicaciones que van más allá de una postura desafiante. Se trata de un grupo que logró instalar un sistema paralelo al Estado que goza de legitimidad y de silencios políticos-administrativos. Esto hace la diferencia entre la presencia militar y gobierno del territorio. El Estado puede entrar, combatir e incautar armas. Pero gobernar exige una legitimidad que no existe.

La negociación tampoco fue fácil y demostraron quienes ponen las condiciones. Lo primero es que el Ejército tuvo que devolver el drone incautado (no era para uso militar) y salir bajo la protección del Ministerio Público y la alcaldía de Santa Marta.

Las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada son consideradas como un grupo heredero del paramilitarismo.
Las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada son consideradas como un grupo heredero del paramilitarismo.
Foto: Julián Ríos Monroy

Lo segundo, es la incertidumbre de saber si se puede o no reanudar los diálogos de paz, aunque las Conquistadoras dejaron sentada su posición cuestionando la falta de confianza y el tipo de paz que quieren: “Hace una semana vino el señor Silva a hablar de paz y de la necesidad de seguir trabajando ¿está es la paz que quieren? ¿Quién puede confiar en un gobierno así?

Lo tercero es la garantía del proceso electoral. Algunos líderes afirmaron desde un discurso pasional que se trataba de un tema político del gobierno de Petro ante la respuesta a la decisión de apoyo al candidato De la Espriella, como si las operaciones militares no implicaran planificación y se tratara de réplicas automáticas y lo cuarto, un corredor humanitario para poder sacar heridos y personas muertas, del Ejército, la Policía y posibles civiles. Sobre estos últimos no hay información. Tampoco hay registros del operativo militar que pudo dejar también muertos y heridos.

Finalmente, la euforia por lograr una negociación que implique desbloqueos y restaurar la movilidad no puede ocultar los problemas reales que subyacen en el territorio. La Sierra Nevada no es periferia. Es territorio indígena, campesino, turístico, ambiental y criminalmente estratégico. Allí se cruzan rutas ilegales, economías formales, control social armado y una institucionalidad que llega tarde o llega solo con uniforme. Lo ocurrido no era una sorpresa. Era una crisis anunciada, como otras crisis que simplemente se han aplazado como la situación del Parque Tayrona y la gobernanza armada que impone las condiciones.

Se restableció el pasó, sí. Era necesario y gana la reapertura económica de la temporada turística. ¿Quién ganó el pulso? El que demostró que tiene más poder, legitimidad y capacidad de doblegar. El que envió el mensaje más contundente, aunque la euforia por lograr el desbloqueo oculte una realidad profunda.

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Por Alejandro Blanco Zúñiga

Por Lerber Dimas Vásquez

 

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