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11 Nov 2022 - 10:29 p. m.

Forfupaz: de la violencia a la resiliencia de las mujeres en el Meta

A la 1:45 de la madrugada de un viernes, golpearon en la casa de madera en donde vivía Flor Silvestre, una joven de 21 años que a esa hora descansaba junto su hija de apenas 17 meses. Al abrir la puerta, encontró a un guerrillero de las Farc que cumplía la orden de su comandante de llevarla al campamento ubicado en una vereda del municipio de San Martín de los Llanos (Meta).

Emma Ávila Garavito

En la noche, la luna iluminaba el camino que fue obligada a recorrer atravesando los potreros que bordeaban una quebrada hasta llegar a la parte montañosa. Allí, en medio del monte, se enfrentó al hombre que semanas atrás la venía acosando y quien, a pesar de las súplicas, le rapó a su hija de los brazos, le arrancó la blusa y la arrojó al piso, en donde la violó por más de una hora.

Ese no fue el primer ni último hecho victimizante al que se ha visto sometida; antes vivió la desaparición forzada de una hermana y después varios desplazamientos forzados. En el 2009 se acercó a los procesos de reconocimiento a las víctimas de la mano de organizaciones que la orientaron en los trámites de denuncia y le brindaron acompañamiento psicosocial.

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Así, hace cuatro años conoció a Elizabeth Cometa, quien lidera la organización Forjando un Futuro por la Paz (Forfupaz ), creada en el 2016 tras encontrar a mujeres con historias de vida marcadas por la violencia, en particular por la violencia sexual en el marco del conflicto armado interno. Desde allí, las ha escuchado, acompañado y empoderado para que denuncien.

Este círculo de mujeres es el refugio en donde no solo se encuentran para escucharse, sino para sanar esas heridas que dejó el conflicto y tejer procesos de resiliencia a través de proyectos productivos, arte y procesos de educación popular para la prevención de las violencias basadas en género.

Entre sus actividades se destacan tres experiencias significativas: la primera es el proyecto de producción de artesanías “Más turbantes, menos violencia: moda social incluyente”, en donde se confeccionan, cosen y tejen turbantes, que se han convertido no solo en un medio de vida para las mujeres que los producen, sino también en un símbolo de su organización.

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La segunda experiencia es la pieza teatral Las guapuchonas, en donde once mujeres no solo narran con sus cuerpos las violencias a las que fueron sometidas, sino que buscan, en la interacción con el público, impactar y alertar sobre la normalización de estas violencias. Finalmente, la tercera experiencia es sobre educación popular, que adelantan con niños, niñas y adolescentes (NNA) en el barrio San Antonio, en Villavicencio.

Todo esto es Forfupaz, una organización que nació en el seno del trabajo comunitario de las mujeres y se fortalece desde la riqueza de las habilidades de cada una de ellas: diseñan, confeccionan, tejen, venden y hasta modelan lo que fabrican. Hablan, se acompañan, comparten la palabra y desde su experiencia lloran, se abrazan y sonríen de nuevo.

Flor Silvestre es una mujer muy valiente quien, a sus 53 años, mira atrás y recuerda que, después de esa noche de luna clara, también hubo un amanecer. Ella, al igual que Cometa y las otras mujeres de la fundación, nos enseña que tras años y heridas causadas por la violencia, como sociedad también debemos abrazarnos desde la resiliencia y tejer en fraternidad la paz como nuestro nuevo amanecer.

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