14 Jul 2021 - 8:58 p. m.

La familia Villarraga recibió el cuerpo de su hijo Raúl, excombatiente de las Farc

Entre el 12 y el 13 de julio, en Bogotá, se realizó la entrega digna del cuerpo de Raúl Villarraga, desaparecido desde hace 17 años luego de un combate con el Ejército, en Cundinamarca. La entrega estuvo a cargo de la Fiscalía, el Colectivo Orlando Fals Borda y la Unidad de Búsqueda de Desaparecidos.

Raúl Ernesto Villarraga hizo parte de una generación desperdiciada de jóvenes que en la década de los noventa y comienzos del 2000 vio en la guerra una opción de vida ante la falta de oportunidades de acceso a la educación y empleo digno. Tomaron las armas, desde alguno de los dos bandos, Ejército o Farc, y se convirtieron en responsables y víctimas del conflicto armado.

“Desafortunadamente, en ese momento del país, la única opción de transformación real que veíamos posible era mediante el ejercicio de las armas”. Así lo cuenta Carlos Villarraga, hermano mayor de Raúl y hoy integrante del Partido Comunes. Ambos, con sus otros dos hermanos, se fueron a las filas de las Farc en 2001 no sólo por el descontento político y social, sino por una trayectoria familiar que había detrás.

Sus padres pertenecieron a la Unión Patriótica y la familia entera vivió el acecho, las amenazas y el asesinato de compañeros, que desembocaron finalmente en el exterminio de este partido político, desd su creación en 1984 hasta el 2004. Se criaron en Bogotá y su trabajo se desarrolló en los pueblos de Cundinamarca cercanos al Páramo de Sumapaz, como Pasca, Arbeláez, San Bernardo, Cabrera y Gutiérrez.

Carlos fue el que jalonó a sus hermanos para que decidieran a ingresar a las Farc definitivamente. Él empezó desde el Movimiento Bolivariano, luego como miliciano, en el Partido Comunista y el último paso fue irse al monte con la guerrilla. En diciembre de 2001, los cuatro jóvenes que no superaban los 25 años pasaron a hacer parte del Frente Antonio Nariño, que por ese entonces era comandado por Julián Cubillos, más conocido como Carlos Antonio Lozada, hoy congresista del Partido Comunes.

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“Mi hermano tenía el sentido social que siempre nos inculcaron en la casa. Y era también el más amoroso y detallista con nosotros, sobre todo con mi madre”, dice Carlos sobre Raúl. Habla en pasado, porque luego de dos años en las Farc, Raúl cayó en un combate con el Ejército en la vereda La Graciela, en el municipio de San Bernardo (Cundinamarca). Tenía 21 años.

Como en ese entonces no estaban los cuatro hermanos en la misma zona, sólo se enteraron de que Raúl, quien trabajaba en la comisión de finanzas y era guardia de José Marbel Zamora Pérez o Chucho Nariño, segundo comandante del frente, fue el único en responder a una emboscada del Ejército.

“Ese combate duró como dos horas y él ya estaba sin munición. Al hacer la retirada, lo asesinaron. Luego comprobamos que fue arrastrado casi dos kilómetros hasta el lugar donde lo recogió un helicóptero del Ejército”. Desde 11 de noviembre de 2003, Raúl Villarraga se convirtió en uno de los 120.000 desaparecidos y desaparecidas que ha dejado el conflicto armado en Colombia, entre ellos los soldados y guerrilleros caídos en combate.

“Sabíamos que la posible ubicación de su cuerpo era en el cementerio de Fusagasugá. Hicimos la solicitud al Grupo trabajo de búsqueda, identificación y entrega de personas desaparecidas (Grube) de la Fiscalía para que hiciera la intervención en ese lugar y acompañamos a su madre para presentar la denuncia y hacerse la toma de la muestra genética”, relata Juliet Moreno, abogada del Colectivo Sociojurídico Orlando Fals Borda, organización que acompaña y representa a la familia Villarraga.

“Su madre nos decía que no denunció por temor”, añade Moreno. “Hace mucho sabían dónde podría estar, la causa de su muerte, pero no lo habían podido recuperar por miedo. Al parecer fue un combate en el que Raúl estuvo en estado de indefensión”.

Esto lo resalta Carlos también. Era difícil indagar por Raúl en medio de las dinámicas del conflicto armado. Con la firma del Acuerdo de Paz en 2016, los hermanos empiezan su búsqueda con la tranquilidad y el respaldo de que el Estado colombiano y las mismas Farc se comprometieron a dar con el paradero de soldados, guerrilleros y víctimas civiles de la guerra. Desde 2019, con la ubicación del pabellón en el cementerio, empieza el acompañamiento constante del Grube, el Colectivo Orlando Falso Borda y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), justamente, la entidad que nació de este Acuerdo para cumplir con esta labor humanitaria.

La familia recibió hace 20 días la confirmación de que el cuerpo exhumado en ese pabellón sí correspondía al de Raúl Villarraga y que la entrega de su cuerpo se haría entre el 12 y el 13 de julio. “El primer día dispusieron los restos de forma anatómica y nos explicaron la causa de su muerte. El estudio forense de la Fiscalía dice que muere por traumatismo causados por disparos, más de 20 impactos, cuatro de ellos en la cabeza que le destruyeron una parte del cráneo”, cuenta Carlos.

El segundo día de la entrega digna se hizo un homenaje a Raúl con familiares y compañeros de la exguerrilla. Carlos Antonio Lozada también estuvo presente. Lo recordaron como un joven destacado en el deporte y con mucha habilidad para el dibujo técnico. “Hubiera podido ser un excelente ingeniero o arquitecto”, dice Carlos.

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A pesar de lo doloroso del momento, pues la entrega revivió la partida del miembro más joven de la familia, lo importante es que pudieron cerrar el ciclo de duelo, según Carlos. Sus padres, por sus creencias, tienen la tranquilidad de que su hijo tendrá el descanso eterno y hay un sitio donde podrán ir a visitarlo.

El conflicto nos ha quitado esa visión de que la otra persona es un ser humano igual que yo, con otras creencias, posiciones y criterios. Y se considera que quienes estuvieron inmersos en el conflicto no merecen nada porque cometieron hechos ilícitos y porque los medios también mostraron solo esa imagen. Pero tienen familias que los buscan. Estas entregas son para dignificar a la persona y a la familia, a que cese el dolor permanente de la desaparición para un núcleo familiar”, expresa Juliet Moreno.

Ahora, Carlos estudia Administración Pública, trabaja con el senador Lozada y está criando junto a su compañera a su hija de tres años. Su otro hermano trabaja como escolta y su hermana fue una de la exguerilleras que accedieron a las becas para estudiar Medicina en Cuba, que se entregaron por el Acuerdo de Paz.

“Actos como el ayer son gracias al Acuerdo. Esperamos sean muchísimos más los actos de entrega digna de desaparecidos, no solo de excombatientes, sino también de soldados, campesinos y sindicalistas. Nuestro compromiso es incaudicable con el cumplimiento de lo firmado y lo tenemos que hacer para de alguna forma aliviar el dolor de muchas familias, no solo de excombatientes. Tenemos el compromiso de resarcir y reparar ese dolor”, concluye el excombatiente.

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