12 Oct 2021 - 4:38 p. m.

Tras la búsqueda del chef vasco que quiso armar una guerrilla en el Cesar

Pedro Baigorri creció en la dictadura de Francisco Franco en España; fue el chef de Fidel, Raúl Castro y el Che Guevara en Cuba, e intentó unirse al Eln en Colombia. Sin embargo, murió en una emboscada del Ejército colombiano y desde entonces su familia no sabe de su paradero. Luego de 49 años, la Unidad de Búsqueda de Desaparecidos trata de localizar su cuerpo en el cementerio de Curumaní.

La primera vez que la historia del vasco Pedro Baigorri se conoció públicamente en Colombia fue en 2013, a través de una columna de Alfredo Molano Bravo, quién lo conoció en su juventud. En ella relató la violencia en el Cesar, desde la colonización del sur de la Serranía del Perijá, en la década de los 50, hasta la llegada del paramilitarismo a la región. Y en dos párrafos contó una parte de la vida de Baigorri, un nombre rodeado de misticismo dentro de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (Eln).

“A San Diego (Cesar) habían llegado un tiempo antes los supérstites de otro grupo guerrillero fundado también en Cuba por Tulio Báyer, comandante de un frustrado levantamiento en el Vichada en 1962, encabezados por Pedro Baigorri, un vasco que había sido amigo y cocinero del Che y de Fidel en La Habana.

Baigorri abrió la zona y murió hacia el 70 en un enfrentamiento con el Ejército Nacional en la vereda Media Luna, donde el Eln echó raíces”.

En vida, Pedro Baigorri tuvo un paso fugaz por Colombia, pero aquí quedó su cuerpo enterrado desde entonces. Llegó a finales de los 60 acompañado justamente por Báyer, a quien mencionó Molano. Junto a un compañero más, William Ramírez Tobón, se instalaron dentro de la selva de la Sierra Nevada de Santa Marta para crear un foco guerrillero que nunca tuvo éxito. Regresó a Bogotá y para sostenerse trabajó como chef en algunos de los hoteles de lujo en el centro de la ciudad, mientras entraba en contacto con los mandos del Eln para poder ingresar.

Le puede interesar: ‘Buscamos a Martha Gisela, militante del M-19 desaparecida’

En 1970, volvió a adentrarse en las montañas colombianas con el mismo propósito, pero con nuevos compañeros: Tomás Antonio Arévalo, un hombre conocido como el tío Ramón que luego se convirtió en un comandante del Eln, y Remberto Ortuduana. Se fueron al sur de la Serranía del Perijá, en el departamento del Cesar, en la zona rural de Curumaní.

“Mucha gente pensó que era sacerdote porque era callado y le confundieron con Domingo Laín”, cuenta Unai Aranzadi, documentalista, periodista y fotógrafo vasco que, desde 2005, le ha seguido el rastro a la historia y vida de Baigorri. Espera que pronto la familia pueda encontrar su cuerpo y así también terminar el documental que lleva haciendo hace más de una década sobre él.

Domingo Laín era el sacerdote español que había entrado a las filas del Eln, en 1970, junto con el cura Manuel Pérez y Jose Antonio Jiménez, también españoles. Los tres ingresaron a la guerrilla siguiendo los ideales de Camilo Torres. Laín cayó en un combate cuatro años después de su ingreso y, a partir de los ochenta, el Eln le puso su nombre a uno de sus frentes que opera en Arauca.

Aunque Baigorri no tuvo nada que ver con ellos, la confusión a causa de su acento y nacionalidad provocó un gran operativo por parte del Ejército colombiano, específicamente del Batallón La Popa, para matarlo. El 6 de octubre de 1972 emboscaron a los cuatro hombres, los bombardearon y dispararon, provocando su muerte inmediata. Solo el tío Ramón logró escapar.

Vea también: La búsqueda de un tupamaro desaparecido en Colombia

“La muerte de Baigorri se produjo el día 8 de octubre a las 18:00 horas. No fue el 6, como se ha publicado”, le dijo el tío Ramón a Aranzadi en una entrevista inédita que compartió con este medio. “Nosotros fuimos creando la base social del Eln. Nuestra base de operaciones estaba en la Serranía del Perijá, pero ya en el lado venezolano. El campamento se llamaba El Desengaño. Éramos un grupo de 12 y Pedro Baigorri, cuyo nombre de guerra era Andrés, comandaba la mayor parte de las operaciones junto a Tomás Arévalo, cuyo nombre de guerra era Camilo”.

La noticia en los medios fue la supuesta muerte de Domingo Laín. Así incluso lo recogió El Espectador, que luego en noticias del 9 y 10 de octubre de ese año tuvo que aclarar que era Baigorri.

Los cuerpos de los tres hombres fueron enterrados en una fosa a las afueras del Cementerio Santísima Trinidad Curumaní. A quienes eran catalogados de vándalos, ladrones, cuatreros o guerrilleros no se les enterraba dentro del camposanto. La guía que tiene la familia del español y de Tomás Arévalo de donde podrían estar enterrados es un árbol de ceiba que queda cerca a la vía que cruza el cementerio.

Pedro Baigorri murió a los 33 años. Luego de 49 años, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) está buscando su cuerpo, el de sus dos compañeros y a otras víctimas del conflicto armado en el país. La entidad estuvo durante 15 días, hasta este 10 de octubre en este cementerio, recuperando cuerpos de personas no identificadas de las bóvedas y osarios. Además, exploró con georradares el sitio donde podría estar la fosa.

Para la época de la muerte, la familia de Tomás Arévalo supo el lugar donde fueron enterrados por el Ejército, desenterró uno de los cuerpos y lo llevó al osario familiar. Este cuerpo ya fue recuperado por el equipo forense de la Unidad de Búsqueda para ser entregado a Medicina Legal y que se contraste el material genético para dar con su identidad. Puede que este cuerpo sea el de Tomás Arévalo o Pedro Baigorri, o que este último continúe en la fosa que la UBPD tiene que ubicar.

“Hay una cosa que nos contó el mismo Alfredo Molano y es que hay la posibilidad de que le cortaran la mano, que era una práctica habitual del Ejército para evidenciar a quién habían capturado”, dice Unai Arazandi, en señal de que puede ser una manera de identificarlo.

La acción hace parte del Plan Regional de Búsqueda Centro del Cesar, del que hacen parte diez municipios de este departamento y uno de Magdalena. Agustín Codazzi, Curumaní, La Jagua de Ibirico, Pailitas, Pelaya y Becerril son los municipios con el mayor número de casos de personas desaparecidas.

La UBPD estableció que el universo inicial de víctimas de desaparición en el centro de Cesar es de 1.685 personas, según el cruce de 30 fuentes oficiales y no oficiales, entre ellas las bases de datos de la Jurisdicción Especial para la Paz, la Comisión de la Verdad, el Centro Nacional de Memoria Histórica, la Fiscalía, el Registro Único de Víctimas, la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, el Sirdec y organizaciones de la sociedad civil.

Hasta el 10 de octubre, la entidad recuperó de ese cementerio 14 cuerpos en condición de no identificados y que tienen signos de muerte violenta. Entre esos, existe la posibilidad de que esté el cuerpo de Baigorri o Arévalo. El siguiente paso será contrastar con las muestras genéticas que les han tomado a ambas familias. En el caso de la familia Baigorri, la muestra fue tomada por el antropólogo forense español Francisco Etxeberria y ya fue enviada a Colombia.

Dos vidas

Pedro Baigorri Apeztegia nació el 1 de noviembre de 1939, en la localidad de Zabaldika, en Navarra. Fue hijo de Pablo Baigorri y Josefina Apeztegia, y hermano mayor de María de los Ángeles y Pablo.

“Cuando vivió aquí le tocó toda la posquerra española, sobre todo porque mi abuelo estuvo en la Guardia Civil. Le tocó ver gente que pasaba miseria y hambre, entonces en aquellos tiempos él entiende que tiene que luchar por un mundo mejor desde el comunismo”, cuenta su sobrino Peio.

De su vida clandestina nunca le habló a su familia. Fue un hombre atento y cariñoso con ellos, de escribirles cartas para contarles cómo estaba, pero sin dar detalles de dónde, con quién o qué estaba haciendo. Desde los 18 años, empezó con la cocina y trabajó en hoteles de lujo de España y Francia.

En este último país tuvo relación con el Frente de Liberación Nacional de Argelia, en París. En 1962, llegó a Cuba y a través de la cocina terminó siendo amigo de Raúl, Fidel Castro y el Che Guevara. Se convirtió en persona de confianza de Fidel y en su chef estrella.

“A mi tío siempre le conocido a través del testimonio de mi abuelo y de mi madre, sobre todo desde su dolor. Al final de su vida mi abuela tenía demencia senil, casi no reconocía a nadie, pero siempre recordaba que había tenido un hijo que murió en Colombia”, asegura.

España todavía estaba en la dictadura de Francisco Franco cuando Pedro muere y la familia se ve coartada e incluso vigilada por esa realidad. “Tener un familiar guerrillero no estaba bien visto en esos tiempo. No pudieron investigar, ni saber nada de la vida política y guerrillera de mi tío. Todo lo que sabemos ahora es con base en investigaciones que han hecho Unai y Marco Tobón”, agrega Peio.

Vea: La búsqueda de desaparecidos, una puerta que abrió el Acuerdo de Paz

Marco Tobón es un antropólogo colombiano que se interesó en la historia de Pedro a raíz de la columna de Alfredo Molano. En 2017, publicó su biografía: “Baigorri. Un vasco en la guerrilla colombiana”. Tanto Tobón como Arazandi le han ayudado a la familia a unir el rompecabezas de la vida de Pedro, a seguir sus pasos desde que dejó España y ahora a encontrar su cuerpo. Ambos, en momentos distintos y por separado, fueron quienes pusieron la denuncia de la desaparición de Baigorri y quienes convencieron a la familia de hacerse la toma de muestra y hacer la solicitud de búsqueda en la UBPD, creada por el Acuerdo de Paz con la extinta guerrilla de las Farc.

A raíz de la búsqueda de Baigorri, se conformó el colectivo Ceiba de la Memoria, del cual hace parte Marco Tobón. A través del colectivo se han recuperado los recuerdos de él en Colombia y han trabajado con las dos familias, tanto de Pedro, como de Tomás, para avanzar en la búsqueda.

Toda la información que han recopilado en estos años se la entregaron a esta entidad para aportar con la localización de su cuerpo. En ese proceso descubrieron quién fue su gran amor: una bailarina mexicana llamada Colombia Moya. También hallaron distintas facetas de su personalidad, como su hermetismo y discreción, su fascinación por el cine y habilidad con los cuchillos, su disciplina con la judoca y su poca gracia para bailar. Esto ha sido un tesoro para la memoria de su familia.

Desde España, Peio cuenta cuán importante es para su familia recuperarlo: “Lo que queremos es cerrar ese círculo que todo ser humano necesita de despedida de nuestras personas. En este caso mi mamá y mi tío que no lo han podido cerrar, porque mis abuelos ya fallecieron. A mí me gustaría que mi madre, el Día de los Santos, cuando también cumplía Pedro, tenga un sitio donde pueda llevarle unas flores, donde pueda reencontrarse de alguna forma con su hermano”.

Comparte: