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La jornada electoral de este domingo, en la que el país votó para Congreso, consultas interpartidistas, Cámara, Senado y las Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz (Citrep), coincidió con una nueva escalada de violencia en Aracataca, Magdalena. En zona rural de ese municipio, combates entre el Clan del Golfo —autodenominado Ejército Gaitanista de Colombia (EGC)— y las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN) dejaron víctimas civiles y encendieron alertas humanitarias.
La Defensoría del Pueblo pidió la apertura urgente de un corredor humanitario para atender a los heridos y reiteró su llamado a que ambos grupos armados cesen los combates y excluyan a la población civil de las hostilidades.
Según la entidad, los enfrentamientos se dieron en el sector de Cerro Azul, en la parte alta de la comunidad indígena Serankwa. Como resultado, un integrante de la comunidad murió tras la explosión de una granada y al menos seis civiles del pueblo arhuaco —entre ellos un niño de seis años— resultaron heridos y necesitan atención médica urgente.
Además, fueron reportadas dos mujeres desaparecidas y la incineración de viviendas, corrales y animales de propiedad de la comunidad. Las actividades escolares están suspendidas y hay restricciones a la movilidad por la presencia de material bélico en la zona, lo que aumenta el riesgo de confinamientos y desplazamientos forzados.
“En la Sierra Nevada un combate sucesivo e intermitente entre el Clan del Golfo (EGC) y Los Pachencas (ACSN) tiene confinada a la población indígena. Hay dos mujeres desaparecidas, un hombre habría muerto y un niño está herido. No hay condiciones de ingreso para las autoridades ni para una misión humanitaria. Urgente: pedimos a los grupos permitir un corredor humanitario”, dijo en su cuenta de X la defensora del Pueblo, Iris Marín.
En la Sierra Nevada un combate sucesivo e intermitente entre el Clan del Golfo (EGC) y los pachencas (ACSN) tiene confinada a la población indígena. Hay dos mujeres desaparecidas, un hombre habría muerto y un niño está herido. No hay condiciones de ingreso para las autoridades ni… https://t.co/jJUTQk0Irs
— Iris Marín Ortiz (@MarnIris) March 9, 2026
Los enfrentamientos entre estas dos estructuras armadas se registran de forma intermitente desde el pasado 17 de febrero en esta zona de la Sierra Nevada de Santa Marta.
El episodio también tensiona los acercamientos del Gobierno con estos grupos en el marco de la política de paz total. Tanto el Clan del Golfo como las ACSN participan en espacios socio-jurídicos de conversación con el Ejecutivo y, según recordó la Defensoría, en febrero habían asumido compromisos para respetar el derecho internacional humanitario y proteger a la población civil.
Ante la situación, la entidad insistió en habilitar un corredor humanitario libre de minas antipersonal que permita evacuar a los heridos y facilitar el ingreso de misiones humanitarias a la zona. También pidió a las autoridades territoriales activar planes de contingencia junto con la Unidad para las Víctimas ante posibles desplazamientos o confinamientos en las comunidades rurales de Aracataca.
La Defensoría advirtió que los riesgos para las comunidades ya habían sido señalados en la Alerta Temprana Estructural 020 de 2025 sobre la Sierra Nevada, en la que se advertía sobre la disputa territorial entre grupos armados en esta región.
Según el informe “Mapas y factores de riesgo electoral” de la Misión de Observación Electoral (MOE), la guerra entre las ACSN tenía a siete municipios de esa Citrep en riesgo medio. Entre ellos, Santa Marta, Ciénaga y Fundación, en Magdalena; Dibulla y San Juan del Cesar, en La Guajira; y Valledupar, en Cesar.
La curul de paz de Serranía de Perijá, que cobija a municipios de La Guajira y César, fue ganada por Jorge Rodrigo Tovar, hijo del exparamilitar Jorge 40. Con 23.842 votos, Tovar logró reelegirse en ese escaño.
Aracataca repite el ciclo de violencia
Aracataca ya conoce esta historia, la de la violencia. El paramilitarismo la grabó en su tierra hace más de treinta años.
En febrero de 1993, las Autodefensas del Palmor —también conocidas como Los Rojas— entraron a una vereda, mataron a cuatro pobladores a los que acusaban de tener vínculos con la guerrilla y arrojaron tres cuerpos al río Tucurica. A sus familias las amenazaron para que no denunciaran y los expulsaron del territorio.
El grupo tenía presencia en la región desde mediados de los años setenta, apoyado entonces por Hernán Giraldo Serna, comandante del Bloque Resistencia Tayrona de las AUC, que durante décadas controló el narcotráfico en la Sierra Nevada.
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