1 Jul 2021 - 2:00 a. m.

“Espero que Colombia pueda retomar la vía del diálogo”: embajadora de Francia

Antes de asumir su cargo como directora para las Américas de la Cancillería en París, Michèle Ramis reconoce los avances de Colombia en los últimos 40 años, aboga por el diálogo para superar el conflicto social y se muestra confiada para que la campaña electoral no signifique retrocesos en nuestro país.

Michèle Ramis estuvo apenas nueve meses como embajadora de Francia en Colombia. Llegó a finales de 2020, en plena pandemia, y aunque planeaba una estancia más larga, tiene que dejar su misión esta semana. La razón: asume el cargo de directora para las Américas en la Cancillería francesa, un lugar desde el que promete que trabajará para hacer realidad el sueño de fortalecer el intercambio cultural de Colombia con su país y desde el que seguirá con atención la implementación del Acuerdo de Paz y la campaña electoral, dos temas que siguen siendo de su interés. Se va algo frustrada porque tuvo que cancelar cerca de la mitad de los viajes que planeó durante estos meses. El COVID-19 limitó su agenda a visitar Medellín, Cali, Cartagena, Pereira, Bucaramanga, Puerto Carreño y Arauquita, pero asegura que volverá al país acompañando visitas de alto nivel de su gobierno.

¿Qué impresión se lleva de Colombia?

Al comienzo de mi carrera pasé dos años y medio en Colombia, y conocí bien el país de los años ochenta. Eso me da una perspectiva y un elemento de comparación interesante. Puedo decir que descubrí un país diferente, con avances, con progresos; un país que ha ganado un peso económico importante, que ha ganado credibilidad; Colombia es un gran actor en América Latina. Redescubrí un país con un Acuerdo de Paz (a mí me tocó vivir con cuatro guerrillas, casi no podíamos salir) y ese es un salto enorme. El país se liberó de algunos de sus demonios y tiene un gran potencial para explotar.

(Lea también: “Dialogar es la única manera de resolver las frustraciones de los jóvenes”: embajadora de Suecia)

¿Qué idea se lleva de la implementación del Acuerdo de Paz? Aquí hay pesimismo, escepticismo y nos sigue dividendo mucho…

Por haber conocido al país hace 40 años puedo ver el avance. Trabajé en Guatemala y sabemos que los procesos de paz son difíciles. Si hubo una guerra es porque había razones, profundas fracturas que eran motivo de insatisfacción, y esas no se corrigen de un día para otro. En apenas cinco años se ha hecho mucho. El Acuerdo toca temas muy profundos y delicados de la sociedad colombiana que no son fáciles de resolver. Soy bastante optimista, porque comparo la Colombia de los ochenta y la de hoy, y este otro país. Creo que los jóvenes no son conscientes de en qué país viven, de dónde vienen.

Hay descontento por los incumplimientos, ¿cómo analiza esa situación?

Es cierto que algunos capítulos del Acuerdo de Paz se están implementando de manera diferente, pero debemos reconocer que la justicia transicional, un tema tan sensible, tiene enormes avances, como la imputación de los ex-Farc por secuestro y el reconocimiento de responsabilidades de los excombatientes, los dos autos en casos de falsos positivos y la extensión del mandato de la Misión de Verificación de la ONU para las sanciones propias. Esta justicia es la condición para lograr la reconciliación y la sanación de las heridas. Claro, siempre habrá una parte de la sociedad que dirá que esas sanciones no son suficientes para castigar los delitos de lesa humanidad y los crímenes de guerra, pero hay que escoger entre esta paz, que es imperfecta, y la continuación de la guerra. Entre las dos no se debe vacilar, la guerra afecta el potencial de un país, su economía, no existe un acuerdo de paz perfecto en ningún lugar. Este Acuerdo de Paz es una joya, puede ser modelo para otros países. Y sí, es un tema que divide, que polariza, entiendo muy bien las frustraciones de personas indignadas porque los excombatientes están en el Congreso, pero hay un precio a pagar por la paz; mejor tener paz con algunas concesiones, que no tener paz. En América Latina tener un país que no está en paz es anacrónico.

¿En qué aspectos reconoce que hay que hacer más esfuerzos?

La reforma rural está atrasada, igual que la sustitución de cultivos de uso ilícito y la reforma política. El problema mayor es la seguridad en los territorios, la seguridad de los excombatientes. Esa es una real amenaza para el proceso, la seguridad es condición sine qua non para su implementación. Hay mecanismos en el Acuerdo que deben ser activados para mejorar esta situación. El tema de las mujeres y de los indígenas debe tenerse en cuenta; el Acuerdo marca esos cambios que son históricos, societales, por eso genera resistencias y eso es normal, hay que acompañarlo positivamente, no agregar críticas, sino ayudar a que el proceso siga.

Y el tema de líderes sociales…

Participamos en la campaña Defendamos la vida, acompañamos a cinco defensores de derechos humanos: Abid Manuel Romaña, coordinador del Foro Interétnico del Chocó; Yanette Bautista, de la Fundación Nydia Erika Bautista; Hernando Chindoy Chindoy, líder del pueblo inga; Mayerlis Angarita, del colectivo Narrar para Vivir de los Montes de María, y Ludirlena Pérez, representante de mujeres víctimas. No entiendo por qué se amenaza a personas por defender la naturaleza, las hormigas, las flores, no veo el peligro que representan estas personas. Por eso estamos apoyando a estas personas, sus causas, diciendo que no representan una amenaza, seguro obstruyen algunos intereses, pero en una sociedad moderna es una barbaridad ser asesinado por defender la naturaleza. Estamos hablando con el Gobierno sobre estos temas, para la imagen de Colombia es importante tener en cuenta estos aspectos.

¿Qué lecciones aprendidas se lleva de Colombia?

Lo que me sorprende de Colombia es su resiliencia. No solo han sido 60 años de violencia interna, la amenaza transversal de las drogas, la crisis migratoria de Venezuela, golpeado por el COVID-19, y todavía tiene una situación económica fuerte, tiene unas instituciones sólidas. Colombia tiene una fuerza moral, política y psicológica muy importante. Este país ha superado muchas etapas complicadas de su historia con un sentimiento nacional que resiste a pesar de todas las fuerzas contrarias. Colombia ha tenido que enfrentar la migración de casi dos millones de personas a las que ha acogido, y merece un reconocimiento por el estatuto temporal de 10 años, que es un acto de solidaridad y responsabilidad política. Espero que la campaña electoral no sea muy perjudicial para que no se pierdan avances y se afecte la imagen internacional.

¿Qué mensaje le deja al país a raíz de las protestas ciudadanas?

El conflicto social no ha tenido solución porque no ha habido diálogo, que es la base para evitar las confrontaciones. Espero que Colombia pueda retomar la vía del diálogo a través de todos los mecanismos que están previstos en su democracia. Los jóvenes están preocupados por su futuro y esperando respuestas. Espero que no vuelva la confrontación, que no haya más muertes, el balance hasta ahora ha sido terrible. Tenemos un constante diálogo con el Gobierno, la nueva canciller habla mucho con los embajadores y estamos seguros de que escuchan nuestras experiencias. Ningún país tiene la solución, en mi país también hubo muchos conflictos sociales durante el gobierno de Macron. Colombia tiene que liberarse de la autocrítica, es un país con gran potencial, podría ir más allá.

¿Cómo le fue siendo la primera mujer embajadora de Francia en Colombia?

Trabajé mucho con mujeres jóvenes para empoderar la agenda feminista, es algo que he hecho durante mi carrera. Como primera mujer embajadora pude proyectar a las mujeres el mensaje de que sí es posible romper techo de cristal, manejar tema complicados y más “varoniles”. Fui embajadora en Rumania y antes en Guatemala, he llevado cargos en el Ministerio de Defensa y trabajé en Afganistán en temas de seguridad, desarme y no proliferación nuclear, que son considerados temas muy masculinos.

¿Cómo ha logrado moverse en esos cargos y en temas dominados por hombres?

Las mujeres tenemos ideas interesantes para resolver las crisis, buscamos otras vías, no siempre la demostración de fuerza ni la confrontación que predomina en los hombres. Nosotras negociamos de otra manera. Cuando me encuentro obstáculos con los señores, trato de ponerme en los zapatos de ellos, y manejo las cosas de otra manera, sabiendo que su ego es importante, busco que la situación resulte bien para ellos y para mí, y así no tener que imponer.

¿Cómo está ese tema en Francia?

La igualdad es una prioridad del presidente Macron y decidió progresar esa agenda, quiere nombrar a más mujeres en más cargos de responsabilidad, embajadoras, directoras. Las mujeres somos el 28 % de los embajadores, la cifra se dobló en 10 años. Francia presidió en julio el primer foro dedicado a mujeres después de la Conferencia de Beijing de 1995, porque vemos que hay retrocesos y derechos que se ponen en peligro.

(Vea: “Es muy extraño que Cuba no sea reconocida por entregar información”: embajador de Noruega)

¿El mundo está listo para ver mujeres manejando esos temas tan masculinos?

Los grandes países están mostrando el rumbo, por ejemplo la vicepresidenta de Estados Unidos. La tendencia mundial es abrir los puestos a las mujeres, no se puede ignorar la contribución de la mitad de la población, no se puede mantener a esa mitad en el rol de espectador. Con más mujeres se ofrece otra visión a la diplomacia, a la resolución de los conflictos. Tener equipos mixtos dan mejores resultados.

Usted es pianista y una gran aficionada a nuestra música, ¿tuvo acercamiento especial con nuestros artistas?

De niña estudié piano durante 10 años y hace seis retomé la práctica. Aparte de mis interlocutores políticos y las ong, los contactos más amistosos han sido con los músicos. Estoy convencida de que la música es un lenguaje universal y un factor de acercamiento, de pacificación, de progreso social. Tenemos un proyecto conservatorios itinerantes de Francia para que maestros franceses de piano, violín, violonchelo, arpa y violón puedan dar clases en Colombia y vinculen a jóvenes estudiantes de música de los territorios a sus recitales, que los talentos de aquí puedan ser detectados y se les apoye para hacer una carrera de música. Colombia tiene muchos talentos, pero le faltan estructuras de capacitación musical. El conflicto ha utilizado muchos recursos financieros, humanos y sicológicos, si se liberan esas energías para invertir en el arte, se logrará no solo un placer estético, sino un factor de progreso económico. Las industrias culturales en Francia representan 2,5 % del PIB. Queremos trabajar con las universidades, con la Fundación Batuta. Mi sueño es que la Orquesta de Cámara de París venga el año entrante y que introduzca en una función a jóvenes de estas escuelas. A través de la música se pueden tejer lazos que no se pueden hacer por otro canal, porque la música activa otros mecanismos que no pasan por el cerebro, sino por el alma. La música toca el plexus solar, las emociones de las personas, tiene un poder misterioso.

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