4 Jun 2021 - 7:54 p. m.

“La implementación del Acuerdo de Paz tiene potencial para mejorar la crisis social”: Stefan Peters

El director del Instituto Capaz, que esta semana recibió un reconocimiento del Ministerio de Educación y Ciencia de Alemania, advierte que para entender los inconformismos de los jóvenes hay que revisar la verdad del conflicto armado y la necesidad de construir una paz sostenible. También menciona la importancia de una reforma del sector de la seguridad en Colombia.
Stefan Peters, director del Instituto Colombo-Alemán para la Paz (Capaz).
Stefan Peters, director del Instituto Colombo-Alemán para la Paz (Capaz).
Foto: Capaz

Tan solo un mes después de que se firmara el Acuerdo de Paz entre el Estado colombiano y la extinta guerrilla de las Farc, nació un proyecto que tiene como fin acompañar la implementación de este pacto desde la academia: el Instituto Colombo-Alemán para la Paz (Capaz), un centro de investigación y docencia financiado por el Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD).

Esta plataforma de cooperación entre Colombia y Alemania ha buscado, desde hace cuatro años, el intercambio de conocimientos y de experiencias en la construcción de paz. Sus investigadores se han dedicado a estudiar este momento de transición y han brindado asesoría y pedagogía para hablar de aquello que a muchos sectores incomoda: la verdad del conflicto armado y los cambios urgentes que requiere el país en temas como los cultivos ilícitos o el sector de seguridad.

Gracias a su labor, acompañada constantemente por la sociedad civil, el Ministerio de Educación y Ciencia de Alemania decidió otorgarles un reconocimiento en “Diplomacia de la Educación y la Ciencia”. Stefan Peters, director de Capaz, habla sobre la importancia de este premio, pero también sobre el trabajo que han adelantado en Colombia. En medio de la crisis social que atraviesa el país, Peters resalta la importancia del diálogo, la historia del conflicto armado y la implementación de un acuerdo que bien podría ayudar a mitigar los inconformismos de quienes hoy están en las calles.

¿Qué significa este reconocimiento?

Pues es un reconocimiento que nos hace muy felices no solo por el trabajo que hemos hecho sino porque también nos permite ganar unos recursos para fortalecerlo y ampliarlo en cuanto a comunicar resultados académicos y científicos hacia grandes partes de la sociedad y medios de comunicación, para así tener incidencia política. Tenemos trabajo tanto en Colombia como en Alemania, y nuestro compromiso es seguir informando en ambas partes lo que ocurre con el proceso de paz, teniendo en cuenta que ha sido un acuerdo que ha causado muchísimo interés, principalmente, en la academia. En Colombia tenemos un especial interés en la enseñanza, circulación de conocimiento y asesoría en estudios de paz, que requieren investigaciones rigurosas. Pero lo cierto es que la construcción de paz no se hará en la torre de marfil de la academia sino que hay que hacerlo conjuntamente con los diferentes actores de la sociedad.

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¿Por qué es tan importante hacer este intercambio de experiencias y conocimientos?

No se trata de decir que las experiencias de Alemania y Colombia son idénticas o similares. Se trata más de entender cómo afrontar el pasado, a dialogar sobre los retos que habrá en ese proceso, la importancia de conocer la verdad de un pasado doloroso y, lo más importante, comprender que eso no debilita a una sociedad sino que la hace más fuerte, aunque sigan existiendo conflictos en medio de las transiciones. Ahora, también son importantes los espacios para trabajar esos temas. Ahí es clave la educación. Sabemos que hay voces que dicen que hablar de verdad y pasado puede ideologizar a los muchachos, pero lo problemático es no tocar estos temas en los colegios. La sociedad debe discutir y, especialmente, los jóvenes deben contar con herramientas para dialogar sobre el pasado y la verdad. Probablemente no se llegue a un consenso, pero todo se discutirá con argumentos y eso sí contribuye a la construcción de paz. Ellos entenderán que los conflictos se trabajan y resuelven de forma pacífica.

Ustedes han tenido un trabajo cercano con la sociedad civil, ¿qué ejemplos puede contarnos? ¿Cómo ha sido ese resultado de la academia fuera del escritorio?

Antes de la pandemia hicimos un ejercicio interesante: hicimos escuelas de verano en Colombia con estudiantes de aquí y de Alemania. Adicionalmente, había personas de la fuerza pública, excombatientes en reincorporación y representantes de la sociedad civil. En ese espacio académico se pudo discutir varios temas relacionados con procesos de paz. Nos dimos cuenta que en escenarios sencillos, como una cena, funcionan como oportunidad de diálogo. No se ponen todos de acuerdo, aunque eso es tampoco un objetivo, pero son espacios valiosos en los que se puede aprender a escuchar. Y esto debe aprenderlo también la academia: escuchar más, sobre todo a esas comunidades más marginalizadas.

A propósito de los conflictos, ¿cómo evalúa lo que está pasando ahora en Colombia? ¿Era el descontento social una olla a presión que los gobernantes no supieron manejar?

Esa metáfora de la olla a presión creo que es la adecuada para lo que está pasando en este momento. Si bien sabemos que las protestas tienen demandas heterogéneas, veo que hay cierta tendencia de las personas que están en las calles de decir: basta ya. Sabemos que la reforma tributaria era un detonante, pero no era la única causa. Hay causas estructurales de largo aliento, como trabajo, educación, salud, la implementación del Acuerdo de Paz, la no fumigación con glifosato. Estos temas no se pueden tapar más. Me atrevo a decir que incluso hay un debate más profundo sobre qué es lo público y qué queremos con él. Eso se traduce en qué se le debe garantizar a todos los colombianos y colombianas.

¿Por qué es tan difícil el diálogo en el país, no solo en el marco del paro sino también sobre la verdad del conflicto armado?

Eso no es solo complicado en Colombia. Eso pasa en todo el mundo. Son temas que duelen y que muchos no quieren enfrentar. Alemania vivió un proceso similar. Después de la Segunda Guerra Mundial, mucha gente no quería hablar de eso. Para eso las reivindicaciones de las víctimas son importantes porque nos dicen: hay que hablar. En España sucedió lo mismo después del franquismo cuando se instaló un pacto de silencio. Uno puede taparlo por un tiempo, pero en algún momento vienen esos reclamos de la sociedad sobre la verdad de los hechos horribles. En Colombia hay esfuerzos valiosos de verdad y memoria, como la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad y otras instituciones de la justicia transicional. También hay medios de comunicación interesados, como el trabajo que hizo Colombia+20 con los colegios. Muchas veces hacer esto es difícil, toca con las uñas, pero es clave para la construcción de paz.

Uno de los grandes reclamos de las manifestación es la lentitud de la implementación del Acuerdo de Paz. ¿Cómo ve el Instituto Capaz este proceso?

Para evaluar cómo va la implementación tenemos que dejar de lado los extremos de “lo bueno” y “lo malo”. Siempre hay zonas grises. Tenemos avances que, creo, debemos subrayar, especialmente, en la justicia transicional. El trabajo que hace la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la Comisión de la Verdad y la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas es muy bueno. Esperamos que a finales de noviembre de este año esté el informe de la Comisión. Se dará en un contexto difícil no sólo por las discusiones que hay entre instituciones sino también el contexto de la pandemia y ahora las protestas. También veo que la reincorporación funciona, pero hay problemas graves como el asesinato de excombatientes, líderes sociales y defensores de derechos humanos. Falta también la implementación del punto uno, que está lento y es central. Otro tema álgido es el problema de los cultivos ilícitos y veo con preocupación que el Gobierno Nacional quiera volver a la fumigación. Desde la evidencia académica sabemos que eso no va a resolver el problema, que más bien desencadena en otros. Necesitamos cambiar la política contra las drogas que no ha funcionado.

¿Qué tanto la implementación del Acuerdo de Paz puede ayudar a resolver los reclamos de quienes hoy están en las calles en Colombia?

La implementación del Acuerdo de Paz tiene mucho potencial para mejorar la crisis social. Por ejemplo, soluciona en gran medida los reclamos por el inicio de la aspersión del glifosato. También hay otras reivindicaciones que no están tan vinculadas a simple vista. Muchos de los jóvenes que protestan reclaman que los derechos sociales se cumplan. Pero, claro, muchos de esos problemas que tiene Colombia están vinculados con la historia del conflicto. Eso se ve en las personas más empobrecidas de las grandes ciudades, como Bogotá, Cali, Medellín, que llegaron allí por culpa del conflicto. Por eso no podemos entender lo que hoy está pasando hoy sin tener en cuenta el conflicto armado y, por supuesto, la necesidad de la construcción de paz que permita un desarrollo social y económico sostenible, con salud, educación y menos pobreza. Si se quiere fortalecer la democracia, se necesita la paz en Colombia.

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¿Cuál es el papel de la comunidad internacional en estos reclamos que incluyen la implementación del Acuerdo de Paz?

Habría que preguntarles esto más los jóvenes que a mí. Creo que la comunidad internacional sí tiene interés en Colombia en lo que está pasando, tanto en la implementación del Acuerdo como el paro nacional. Se ha expresado la preocupación por el uso desmedido de la fuerza por parte de la fuerza pública que hemos visto. Sobre la implementación es relevante, pero insisto en que la paz debe ser de los colombianos y las colombianas en todos los lugares, desde las veredas más alejadas, y en la cotidianidad. Sin eso no se puede construir una paz exitosamente.

¿Cómo se proyecta el Instituto Capaz?

Seguiremos con las investigaciones y ofertas académicas en cuanto a cursos virtuales. Esperamos abrir varios espacios con distintos temas relacionados al Acuerdo de Paz y también vamos a seguir el acompañamiento a instituciones de la justicia transicional tanto en Colombia como Alemania. En cuanto a las protestas, hemos propuesto un proyecto que tiene que ver con las posibilidades de reforma del sector de seguridad. Eso claro que en estos momentos, por lo que vemos en las denuncias de noticias y redes sociales, es un tema urgente. Se debe trabajar en fortalecer la protección de los derechos humanos. La pregunta es qué tipo de policía o fuerza pública queremos para una sociedad que está en medio de una transición a la paz. Allí la academia puede apoyar con análisis de otros contextos. Sin embargo, esto no se trata de copiar, como ya lo dije, porque no va a funcionar bien. Otro tema que tenemos proyectado son los cultivos ilícitos, ¿cómo podemos pensar en una respuesta más inteligente a este problema? Y finalmente seguiremos detrás de cómo poner la verdad y la memoria en espacios educativos y queremos diseñar propuestas auto didácticas para trabajar sobre estos temas controversiales.

Sobre este punto de la reforma de seguridad, ¿qué han indagado?

Aunque hemos visto estos días excesos de la fuerza pública también sabemos que no es la primera vez. Si nos acordamos, por ejemplo, del año pasado en septiembre cuando hubo una discusión similar en el marco de otras manifestaciones o también lo que se ha registrado en las zonas rurales de conflicto. Muchas veces esos conflictos donde la fuerza pública interviene tiene consecuencias de heridos. Eso no puede ser normal. No puede ser normal que en una protesta haya muertos, desaparecidos o heridos. Es un problema que no se trata de casos aislados y necesita soluciones ya. Los derechos humanos y la protección de la vida deben estar en el centro y ser la prioridad.

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