Colombia + 20

27 Mar 2022 - 2:00 a. m.

Las mieles de la paz que buscan sostenibilidad en comunidades de Cauca y Valle

Entre Cali y Cajibío (Cauca) nació una alianza para la reincorporación, que no solo permitió cambiar fusiles por colmenas, sino imaginarios comunitarios sobre el rol de los antiguos combatientes de las Farc, para construir proyectos productivos e incentivar el desarrollo rural en su región.
Camilo Pardo Quintero

Camilo Pardo Quintero

Periodista Proyectos especiales
ODS 17: Alianzas para el desarrollo.
ODS 17: Alianzas para el desarrollo.
Foto: El Espectador

El bloque Oriental de las extintas Farc se hizo nacionalmente conocido en la guerra por innumerables hechos atroces y, particularmente, por tres conductas durante el conflicto: la ejecución de “pescas milagrosas” -en su gran mayoría ordenadas por Henry Castellanos ‘Romaña’- en diferentes vías de los Llanos Orientales; la toma de Mitú (Vaupés), en 1998, único suceso en la historia en el que esta guerrilla ganó el control de una capital departamental; y su deseo de poder en Bogotá mediante la Red Urbana Antonio Nariño (Ruan), frente comandado durante 19 años por el hoy senador Julián Gallo ‘Carlos Antonio Lozada’.

En la Ruan, que después de años de fortaleza estratégica -a pesar de su corta estructura militar- vieron desde mitad de la década de los 90 cómo el Estado los iba acabando de a poco, bien fuera con capturas o con bajas como las de la recordada masacre de Mondoñedo.

Hacia 2006, en los días más bajos de la red urbana, estaba dentro de sus filas Johan Andrés Niño, un excombatiente que tras el Acuerdo de Paz comenzó a idearse las formas de cambiar las armas por colmenas de abejas, para unir a poblaciones del Valle y del Cauca con miel.

En video: Jóvenes caucanos le apuestan al café para reemplazar la economía de la coca

“En 2011 fui capturado. Luego del proceso en La Habana me liberaron condicionalmente y me sometí a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Posteriormente hice mi transición a la vida civil en el antiguo ETCR Carlos Patiño, en Buenos Aires (Cauca), lugar desde el cual comencé a realizar cartografías sociales y pedagogía de paz. Me gustó el tema de participación política, entonces me sumé a asambleas municipales y departamentales con el aval del entonces llamado Partido FARC y desde allí tomé la decisión de irme a vivir al Valle, particularmente a Cali”, narró Niño.

En 2018 su vida como activista terminó, desvinculándose a su vez del partido, para iniciar una formación en el mundo de la apicultura. En esos primeros días como nuevo emprendedor en potencia tenía fresca la idea de que si en su vida de miliciano vio la guerra desde la ruralidad hasta los centros urbanos, en su reincorporación debía hacer lo mismo.

“Poco o nada se habla de una reincorporación urbana que construya ciudades sin olvidar el campo, entonces partí de esa necesidad. Me capacité para desempeñarme en el mundo de las abejas y desde el inicio de la pandemia la idea fue comenzar a autogestionar colmenas, para trabajarlas entre Cali y municipios al norte del Cauca. Así no solo se iban cumpliendo los sueños de trabajar responsablemente en función de la naturaleza, sino que se iban forjando relaciones progresivas con la comunidad, con aquellos a quienes en su momento les hicimos tanto daño. En 2020, finalmente, nació Cosechas del Valle”, comentó Niño.

Lea también: “Huellitas del Futuro”: el centro de cuidado de hijos de la paz

Esta es una apuesta por impulsar la reincorporación urbana a través de la economía colaborativa y enmarcada en la iniciativa Ciudad Paz, una red por la paz y la reconciliación que acompaña a exguerrilleros en sus proyectos de vida, cuyas labores se concentren en la promoción del tejido social de las comunidades, el fortalecimiento de lazos comunitarios y la articulación de esfuerzos que permitan llevar tranquilidad e ideas innovadoras a lugares en los que antes solo se aparecían los grupos armados al margen de la ley.

La idea de negocio en la que se basa este emprendimiento es colaborativa, y con proyección sostenible desde distintos puntos de vista. Mientras que Johan Niño y su equipo sacan tarros de miel de sus apiarios en Cali, en el municipio de Cajibío (Cauca) cuentan con un convenio de economía solidaria que les permite a indígenas y campesinos locales cultivar frutas deshidratadas orgánicas, que son puestas en un mismo fondo común con el proyecto en la capital valluna y así se generan empleos e ideas mancomunadas entre antiguos actores de la guerra.

Si bien sus canales de distribución y expansión de marca aún funcionan de forma rudimentaria, desde organizaciones estatales, como la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), se le ha dado un impulso a esta iniciativa, para que no pierda su vocación sostenible y generadora de paz.

“El trabajo articulado entre el sector público y privado es el camino para generar oportunidades a quienes le apostaron a construir un nuevo proyecto de vida desde la legalidad. Desde la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) hemos avanzado con más de 231 iniciativas, en articulación con aproximadamente 227 actores privados (sector empresarial, tercer sector y academia nacional) que apoyan la Política Nacional de Reincorporación”, afirmó Andrés Stapper, director de la ARN.

Esta entidad creó el “Enlace de alianzas por la paz: desde la raíz”, una plataforma de comercio electrónico para que 22 emprendimientos de personas reincorporadas a la vida civil puedan visibilizar sus productos. Cosechas del Valle es uno dentro de este colectivo de empresas, y sus mieles y frutos secos se están exponiendo dentro del mundo digital en la Tienda de la Empatía, un proyecto también surgido del proceso de paz que ha ganado reconocimiento, entre otras cosas, por vender artesanías elaboradas por víctimas en los Montes de María, particularmente de El Salado (Carmen de Bolívar), apelando a su memoria y resiliencia.

Le puede interesar: Mujeres en La Guajira: cocinando memorias para sobrevivir al conflicto

“Desde que nacimos como pequeño emprendimiento, las personas que nos formaron recalcaron en la necesidad de que siempre nos tiene que mover el respeto por la población rural, la honra de los más afectados por el conflicto y la generación de una armonía con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Creemos que cumplimos con esto último, porque nos inspiramos en algunos de estos puntos para generar empleo e intentar mitigar la pobreza de personas que nos colaboran en etapas de producción”, aseguró Johan Niño.

La miel, producto estrella de este proyecto, todos los días toca puertas para abrirse paso en la industria de la apicultura. Hasta el momento, La Casa de la Paz, el Mercado de Jamundí y el Mercado San Antonio ya le han abierto espacio, a la espera del alcance que pueda lograr en la Tienda de la Empatía próximamente.

Además de expandirse, Johan y su equipo se forman en nuevas metodologías de producción para que su miel valluna aporte en el cuidado medioambiental, en las buenas prácticas para afrontar el cambio climático y en difundir su imagen como sinónimo de desarrollo local en los municipios que componen el macrocaso 05 de la JEP.

“Vamos a polinizar al Valle y al Cauca. Muchos compañeros aún prefieren pasar inadvertidos por su condición de excombatientes. Queremos que un día esto acabe, para mostrarles a todos lo valiosas que son las segundas oportunidades. Nos reconocerán por la dulzura y no por los viejos fusiles”, concluyó el apicultor.

Este texto hace parte del gran especial de aniversario de los 135 años de El Espectador, que analiza cómo podemos tener un futuro más sostenible. Encuentre aquí el especial completo.

Síguenos en Google Noticias