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3 Oct 2022 - 10:10 p. m.

¿Por qué Estados Unidos respalda el capítulo étnico del Acuerdo de Paz?

La historia del apoyo del gobierno estadounidense a lo acordado en La Habana, que se protocoliza hoy durante la visita del Secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, comenzó aún antes de que se firmara el Acuerdo Final. La bancada afro del Congreso y actores claves del gobierno de Barack Obama tuvieron gran incidencia en este histórico hecho.
Gloria Castrillón Pulido

Gloria Castrillón Pulido

Directora Editorial de Colombia 2020
De acuerdo con la vicepresidenta Francia Márquez, "el apoyo de EE.UU. es una demostración de que vamos por buen camino, la esperanza sigue creciendo para que venzamos el miedo que somete a nuestra gente, nuestros líderes y lideresas".
De acuerdo con la vicepresidenta Francia Márquez, "el apoyo de EE.UU. es una demostración de que vamos por buen camino, la esperanza sigue creciendo para que venzamos el miedo que somete a nuestra gente, nuestros líderes y lideresas".
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga

Detrás del acto protocolario de la tarde de este lunes, en el que el Secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, formaliza el apoyo de su país a la implementación del capítulo étnico del Acuerdo de Paz hay una historia de esfuerzo y constancia de los líderes de las organizaciones afros e indígenas para hacer que el Estado colombiano y las Farc reconocieran sus reivindicaciones en el texto firmado en el Teatro Colón.

Ese acompañamiento que hoy se formaliza, tiene una historia de vieja data, que empieza cuando las organizaciones indígenas, afro, palenqueras y raizales se organizaron para hacer que las delegaciones del gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc incluyeran sus peticiones en el Acuerdo de Paz que estaban negociando en La Habana.

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Las gestiones que emprendieron los líderes de estas organizaciones llegaron hasta Estados Unidos, donde varios de ellos tenían relaciones y algún nivel de interlocución con actores claves en estos temas. Tocaron puertas de organizaciones no gubernamentales y de la bancada afroamericana en el Congreso, hasta que lograron ser oídos.

Fue la presión de esa bancada, de la que hacen parte al menos 50 Senadores y Representantes a la Cámara de ambos partidos, de organizaciones como la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos, WOLA, y de funcionarios del Gobierno de Barack Obama la que logró que la Comisión Étnica de Paz que crearon en 2016 lograra ir a La Habana a hablar con la mesa de negociación, después de casi cuatro años de intensas gestiones para ser oídos.

Los primeros que empezaron esa labor de incidencia fueron los líderes afrocolombianos que crearon el Consejo Nacional de Paz Afrocolombiano, Conpa. Viajaron a Estados Unidos y lograron recolectar más de 50 cartas del Congreso de Estados Unidos al secretario de Estado de la época, al presidente Obama, al gobierno colombiano y a la mesa de negociaciones de La Habana. Luego se unieron con los lideres indígenas y empezaron a trabajar juntos.

Ese primer viaje se produjo en a finales de junio de 2016. Diez diez miembros de las comunidades negras, diez de las comunidades indígenas y dos de las comunidades Rrom viajaron acompañados por el Ministerio del Interior y pudieron, por primera vez, manifestar que el Acuerdo de Paz debía considerar de manera especial sus peticiones y preocupaciones.

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A partir de allí empezaron a trabajar de manera conjunta un texto que se convertiría luego en el capítulo étnico. Pero los resultados de esa primera reunión con la mesa de negociación no fueron satisfactorios. A su regreso a Colombia la Comisión Étnica de Paz se quedó esperando que los llamaran a La Habana de nuevo para concertar el texto que sería incluido el Acuerdo Final.

La llamada nunca llegó. La mesa estaba ocupada en temas como la concreción del cese al fuego y de hostilidades y el cronograma para la dejación de armas que incluía la definición de los sitios donde se concentrarían los hombres y mujeres que hacían parte de la guerrilla. La agenda de los pueblos étnicos terminó otra vez relegada.

Pero un mes después, alguien llamó desde La Habana a los integrantes de la Comisión Étnica de Paz. “El Acuerdo de Paz se firma mañana y ustedes no están”. Marino Córdoba uno de esos líderes que logró interlocución de alto nivel en Estados Unidos durante los 12 años que estuvo exiliado en ese país, llamó de inmediato a sus contactos. Pasadas unas cuantas horas, recibieron la llamada del entonces ministro del Interior Juan Fernando Cristo: debían viajar a La Habana.

La presión de los estadounidenses surtió efecto. Gracias a ellos, los líderes negros y afros lograron reunirse con la mesa faltando apenas unas horas para que anunciaran formalmente el cierre de las negociaciones del Acuerdo. “Salimos en un avión y llegamos directo al salón donde estaban las Farc y el Gobierno. Nos dijeron que no hubo tiempo de incluirnos y que habían metido un parágrafo sobre los temas étnicos. Nosotros les propusimos que como quedaba poco tiempo mejor creáramos una comisión para redactar un documento. En hora y media sacamos tres páginas y media de lo que hoy se conoce como el Capitulo Étnico”.

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Córdoba dice sin titubeos que fue gracias a esa presión de los Estados Unidos que lograron incluir ese capítulo que hoy es uno de los más rezagados en su implementación. Lo mismo piensa Armando Valbuena, secretario de la IAEMPE, quien le entrega formalmente el documento a Blinken para su firma. “Hay que tener en cuenta que ese capítulo se definió en las 24 horas antes de firmar el Acuerdo y, a diferencia de los otros puntos, no hubo un padrino ni un gobierno que se comprometiera, quedó desamparado”.

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La más reciente publicación -de junio de este año- sobre el nivel de cumplimiento del Capítulo Étnico del Acuerdo realizado de WOLA e IAENPE, recoge las conclusiones del informe de la Contraloría General con relación a este tema: “se reiteran deficiencias en el logro de objetivos y el incumplimiento o rezago en temas estructurales para los pueblos étnicos. En particular, el trazador presupuestal para la paz continúa sin dar cuenta de la programación y ejecución de recursos para el cumplimiento del capítulo étnico… llama la atención que en el Plan Nacional de Desarrollo (2018–2022) en su llamado Pacto de Construcción de Paz no incluyó de manera estricta las temáticas del Acuerdo de Paz, ni especificó el total de indicadores del Plan Marco de Implementación, en especial no incluyó ninguno de los indicadores étnicos, como lo había contemplado el Acuerdo de Paz y recomendado por el CONPES.

Por eso es tan importante que el Gobierno de Gustavo Petro, a través de la vicepresidenta Francia Márquez formalicen que el Estados Unidos ejercerá formalmente ese acompañamiento y verificación para las disposiciones previstas en ese capítulo se cumplan a cabalidad.

Este no es solo un acto de reconocimiento político, sino el compromiso de un gobierno con recursos y, por qué no decirlo, presión de alto nivel para exigir lo acordado.

Esa presión ha funcionado. No solo porque fueron los congresistas y lideres de ONG estadounidenses los que lograron que la mesa escuchara a los líderes de los pueblos étnicos, sino porque ha servido, por ejemplo, para que en su momento Paula Moreno fuera nombrada ministra de Cultura por el gobierno de Álvaro Uribe.

No es gratuito que el embajador de Colombia en Estados Unidos sea el exgobernador del Chocó Luis Gilberto Murillo. Y tampoco sorprende la gira de alto nivel que cumplió la hoy vicepresidenta Francia Márquez ante de su posesión y que sirvió para que el acto que se cumple hoy fuera una realidad.

Marino Córdoba resalta que este apoyo político del Secretario de Estado es la continuación de un respaldo que ya venían recibiendo a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo, USAID. “Empezó con Peter Natiello y continuó con Larry Sacks. Ellos han mantenido su apoyo a la implementación, sobre todo después de que el gobierno de Iván Duque asumiera la postura de no cumplir el Acuerdo. Hoy las organizaciones étnicas somos socios de Usaid en varios proyectos”, dice.

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