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¿Revocatoria del mandato? (Opinión)

Fabiola Calvo

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Columna de opinión por Fabiola Calvo.

En medio de la tormenta que propicia una extrema derecha, Colombia y decenas de países necesitan nuevas propuestas políticas que respondan a la urgencia que pone una agenda tomada de la ideología del nazismo, falangismo y fascismo, llena de horrores, a lo cual suman el componente de la Santa Inquisición por lo que la misma Iglesia Católica pidió perdón públicamente en la “jornada del Perdón” en el Jubileo del año 2000.

En Colombia el actual gobierno del señor Abelardo de La Espriella, con mediocridad, entrega por dosis el recorte y pérdida de derechos. Por supuesto hay que reaccionar, no obstante, un partido de oposición no puede quedarse ahí, necesita dedicar toda su energía y capacidad a iniciativas que profundicen en salidas. Los egos disfrazados enrarecen el ambiente de cara a una necesidad de salvamento de la raquítica democracia y la ya remendada Constitución de 1991.

El actual gobierno está erosionando los intereses económicos, políticos, sociales y desde diferentes frentes enarbola una batalla cultural para borrar la historia, o eso cree, está aboliendo las conquistas de las mujeres para decidir sobre su cuerpo, de la población LGBTQ, de los trabajadores y trabajadoras creando decretos para impedir la movilización social… ¿Cuál debe ser el papel de la sociedad si ante sus ojos están violando el acuerdo que de convivencia se tiene, ese contrato llamado Constitución?

Un amplio sector de la sociedad, el movimiento social en sus variadas expresiones orgánicas y no orgánicas salió a la calle para expresar su descontento y enojo. Ha superado a los partidos y ¿eso es bueno o malo? Ni lo uno ni lo otro, deberían ser complementarios con funciones diferentes.

Es cierto que las principales ciudades del mundo han sido protagonistas de grandes movilizaciones que dan muestra del gran descontento social y ¿Dónde están las propuestas políticas? Es posible que no se necesite nada nuevo, pero sí algo que encante, reúna, junte, organice, que sume la diversidad de propuestas y necesidades, un partido político con derrotero, que encause el desencanto de miles y miles de votantes que no vieron venir el panorama que hoy viven.

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Los partidos en una democracia deben hacer de puente entre la sociedad y el Estado, expresan la pluralidad, canalizan la voluntad popular, presentan candidatos, organizan gobierno y también a la oposición. ¿Qué pasa si el gobierno rompe los pactos de la democracia y los establecidos por la ley?

La revocatoria del mandato es un derecho político, pese a que la Ley 134 de 1994 no incluye al presidente, sí reconoce la Consulta Popular. Hay incumplimiento de promesas de campaña y violación de la Carta Magna.

El Pacto Internacional por los Derechos Civiles y Políticos de Naciones Unidas (1966) dice en su preámbulo “Reconociendo que, con arreglo a la Declaración Universal de Derechos Humanos, no puede realizarse el ideal del ser humano libre en el disfrute de las libertades civiles y políticas y liberado del temor y de la miseria, a menos que se creen condiciones que permitan a cada persona gozar de sus derechos civiles y políticos, tanto como de sus derechos económicos, sociales y culturales…”

La oposición no puede ser sólo bancada parlamentaria (entre otras, cuenta con mujeres con mucha capacidad), debe presentar propuestas que vislumbren que las respuestas hoy necesitan ser locales y globales porque global es el saqueo, las masacres, el exterminio de pueblos, la pérdida de derechos. Las extremas derechas se unen.

El obscurantismo y el miedo no pueden ser el eje de una administración ni una sociedad madura con partidos fuertes puede admitirlo. Quizá el momento está dando la oportunidad de hacerlo y asumirlo ¿Por necesidad?

Es necesario que, como personas, como colectivo cualquiera que sea, se den pasos serios para superar la polarización, el nosotros y ellos, votar por propuestas que solucionen no por la emoción de las frases y la pantalla o el deseo de querer ser ese otro que me obnubila, pero que no representa mis intereses. Es un problema estructural que nos obliga a una profunda revolución dentro de cada persona, de cada grupo que nos conduzca a una relación como seres humanos, sentir que dentro de mí existe la humanidad.

Colofón: Si soy invitada a una casa por cuatro días, tal invitación no me confiere el derecho de destruir los álbumes familiares del núcleo, de sus ascendientes o de sus amistades, al margen de quienes sean. Las fotografías y objetos simbólicos o no, cuentan una historia que puede tener varias interpretaciones… El Museo Nacional nos pertenece a todos, a todas, es tu historia o la mía. Es la que es, el pasado no cambia

Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.

 

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