El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Crónicas de Carnaval: Peajes carnavaleros

El disfraz y el rebusque se encuentran en los Carnavales, sobretodo cuando hay un público que, aunque no celebra la fiesta, termina "vacunado" por quienes cierran las vías para exigir dinero a cambio de dar paso.

Jesús Álvarez - Alianza Uninorte/ El Espectador

04 de marzo de 2019 - 08:56 a. m.
Foto: Pixabay.
PUBLICIDAD

—Bueno, ¿y por dónde cojo?
—Decida usted. Pero ojo, que si va por el puente de 7 de abril va a encontrar peajes a la lata.

Son más sinceros que los políticos. Sacan plata, sí, pero no mienten diciendo que será usada para invertir en la sociedad. En sus rostros está el deseo por lucrarse e invertir para que la fiesta siga por, al menos, dos días más.

Usan pelucas multicolores, crestas puntiagudas, trenzas de cabello postizo o un simple trapo para cubrirse los rostros del "mono" que ataca sin compasión, minutos previos a la llegada del mediodía. Andan con los cabellos oxigenados, las caras enmaizenadas y los cuerpos aguardientados. Son apresados por el espíritu carnavalero y lo aprovechan para salir a las calles en busca de dinero. 

(Lea también: La Gran Parada: Alegría y creatividad por la Vía 40 de Barranquilla).

Se trata de personas que, durante los cuatro días de fiesta, se dedican a detener vehículos y las técnicas les sobran: andar por la mitad de la calle con la mano alzada, estirar una cabuya desde un andén hasta el otro para que funcione como barrera antimovimiento, aproximarse a las ventanas cuando los carros pasan por baches que los ralentizan. Luego fruncen el ceño con la cabeza levemente inclinada y abren la palma de la mano; ponen en escena la expresión 'plata fácil'.


Los taxistas nunca antes estuvieron más felices de la existencia del vidrio polarizado y los seguros en las puertas. Sí, les temen, sí, son prejuiciosos. Sus preconcepciones nacen de experiencias amargas sucedidas en los barrios 7 de Abril, La Sierrita, Continente, Kennedy, Santuario; lugares en que grupos con nombres curiosos, como los Toma Sopa, llevan a cabo sus fechorías.

Fueron ocho peajes clandestinos durante una carrera que costó $12.000. Iban a ser $15.000, pero el quejido de una señora consiguió reducir el precio. Es fácil intuir la razón que motivó al taxista a intentar cobrar más de lo necesario y cuál sería el paradero potencial de los $3000 restantes.

Read more!

(Le puede interesar: “Cuatro días de fiesta requieren un año de preparación”).

Por Jesús Álvarez - Alianza Uninorte/ El Espectador

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.